«Septiembre»

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(Foto: Carlota Garcimartín).

Cuando llegue septiembre, todo será maravilloso, decía una canción de la cantante Gelu, en la primera mitad de los años sesenta.

M. Yolanda R. Herranz.

En ella hablaba del amor y de que este estallaría de emociones al abrigo de la luz más tenue de septiembre, sin el brillo ni el esplendor de la luz estival. Tal vez un amor de verano, idealizado por la sal, el sol y la arena. Tal vez.

También habla de que no vivirán las mismas rosas y eso no es tan maravilloso porque, para mí, habla del declive y de la falta de vitalidad. Del fin, aunque la canción hable de principios más sólidos y fuertes.

En realidad, septiembre es un mes de principios, de comienzos. De intentar comprometerse con nuevos retos, una vez más, antes de que acabe el año o de cumplir con los propuestos a principios de año.

septiembre es un mes de principios, de comienzos. De intentar comprometerse con nuevos retos

Ahora sí, ahora es el momento de aprender un nuevo idioma, de volver al gimnasio que estamos pagando desde enero y hemos ido solo tres veces. De respirar profundamente después de las vacaciones de verano y volver al trabajo con más ganas y más fuerzas. De aprender, otra vez este nuevo septiembre, que la vida es cíclica y que después de los veranos, llega el otoño, el invierno, la primavera… y van desapareciendo, paulatinamente, los compromisos que hemos adquirido.

Septiembre nos obliga a entrar en la rutina de manera sutil, ya que se conjugan varias esencias; la sociedad conspira para que entremos en razones y en horarios, nos muestra cursos para que nos impliquemos y aprendamos; el curso escolar da comienzo y hay que preparar los materiales, los libros; los horarios laborales de veranos desaparecen y vuelven los horarios estrictos de nuestra jornada y a todo esto se le añaden nuestras ganas de normalidad, por lo que, habitualmente, entramos sin reparos en este círculo de inercias sin fin. Y empezamos a añorar las vacaciones, casi en el mismo instante en el que nos damos cuenta de que quedan trescientos treinta y cinco días para echarnos a perder, otra vez, en la arena del mar, en el pico de la montaña o en el pueblo familiar.

entramos sin reparos en este círculo de inercias sin fin

Asimismo, la vida juega su baza y, es posible que, esas expectativas se apaguen porque la vida así lo ha decidido, pero el enfoque de futuro es una manera de mantener nuestra ilusión presente  y el sueño que está por venir. Creo que por eso nos resistimos a aclimatarnos a los nuevos aspectos de nuestra vestimenta de septiembre: nuestras chanclas combinan, perfectamente, con el jersey que nos ponemos para quitarnos el frescor de la mañana. O, nuestra manga corta convive feliz con los botines y vaqueros. Cosas de septiembre que me parecen extraordinarias.

Septiembre, también es renacer. Es mantener alerta las expectativas que nos hemos marcado e ir a por ellas. Es empezar de nuevo el año. Si no, cómo explicar que septiembre, cada año, comienza el mismo de  la semana que diciembre.

Comenzamos.

Yolanda R. Herranz @MyolRh

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