Acabo de ver la película Her dirigida por Spike Jonze, -excelente filme- y su visión me lleva a intentar hacer algunas reflexiones acerca de este interesante e ingenioso guión cinematográfico. Se trata de un escritor solitario que acaba de romper una relación de amor, está a punto de divorciarse y adquiere un nuevo sistema operativo basado en el modelo de inteligencia artificial. Modelo que se adapta a los gustos y necesidades del usuario.
Transcurre la película en un futuro cercano –y ya no tanto, cuando en algunas sociedades asiáticas el despliegue de este tipo de artilugios está absolutamente en boga- donde el protagonista subsumido en una tristeza y soledad enorme, termina enamorándose de esa voz seductora, amable y comprensible, encarnada por la actriz Scarlett Johansson.
Vivimos en una época marcada por un desarrollo tecnológico exponencial, a la vez por una marcada y creciente alienación social.
El predominio de la imagen tiene una presencia inigualable comparada con épocas anteriores. No sé si habrán pensado en algún momento, la importancia que tiene la imagen en la sociedad contemporánea. Estamos pendientes de diferentes pantallas, las tablets, la pantalla del ordenador, los móviles, los GPS, los videojuegos, los iPod, los iPhone, la televisión, etc, etc.
Esta proliferación de objetos tecnológicos ha producido una serie de modificaciones en el comportamiento de nuestra sociedad. Hace 30 años atrás, el mundo era muy distinto a cómo es ahora. Es decir, el avance del discurso capitalista y tecnológico modifican el mundo en que habitamos. Estos objetos transforman profundamente nuestra relación con nuestros semejantes, en el espacio y en el tiempo.
Es muy difícil prescindir de ellos y es cada vez más fácil prescindir de la relación con los otros. Hay mucha gente sola, que no tiene amigos, no habla con sus semejantes, con los lógicos efectos negativos que repercuten en nuestra vida cotidiana y en nuestra subjetividad, en nuestra manera de estar en el mundo y de relacionarnos con los otros.
Ejemplo de ello es observar a nuestros semejantes en los transportes públicos, la mayoría van pendientes de su objeto, ensimismados, como por fuera del mundo en que transitan. Observen también a los comensales en los restaurantes, muchos de ellos a pesar de estar juntos, a la vez están distantes, cada vez más ajenos a las personas con las que comparten espacio y más pendientes de sus móviles y pantallas táctiles.
Hablar de la cultura es, entre otras cosas, partir de la subjetividad de una época, y ésta, la nuestra, la actual, promueve un goce autista, sujetos que se dedican a la satisfacción propia en cualquier campo, ya sea profesional, amoroso, sexual, lúdico. La satisfacción no pasa por la palabra, ni por el deseo, ni por el cuerpo del otro. El miedo y la insatisfacción en nuestras relaciones nos empuja al cobijo virtual.
El mundo va aceleradamente en detrimento de los vínculos y lazos sociales. La paradoja es que hoy en día tenemos mayor cantidad de medios para comunicarnos, estamos más conectados que nunca, sin embargo, el hombre moderno se queja de la falta de comunicación.
Se me ocurren algunas preguntas para invitar a la reflexión: ¿la era de la información nos divide tanto como nos querría unir? ¿Las redes sociales son en realidad algo anti-social? ¿Somos actualmente esclavos de las máquinas tecnológicas?
El objeto tecnológico es igual para todos, pero depende del papel que juega para cada sujeto y está supeditado al uso que hacemos de ellos para no ser nosotros mismos consumidos por los objetos.
Mirta García Iglesias
Excelente artículo. Una radiografía perfecta de la deshumanización que mueve a nuestro mundo.
Un saludo.
Comparto plenamente. Se suele decir que con las nuevas tecnologías disponibles el mundo se ha achicado. Sin embargo, es probable que nunca hayamos estado más distantes los unos de los otros.
Es interesante comprobar cómo de algún modo hemos caído en la fascinación por la herramienta, que de «medio» pasó a ocupar el sitio del «fin»..
Excelente artículo, que (cosa rara y bienvenida) nos lleva a pensar, planteando más preguntas que respuestas.