No sin mi móvil (parte dos)

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nomofobiaMuchos de vosotros ya sabréis qué es la nomofobia. La curiosidad os pudo e Internet os lo facilitó mediante vuestro Smartphone.

El término se acuñó por primera vez en 2011 en Reino Unido y la definición no es otra que el miedo irracional a salir de casa sin el teléfono móvil (no-mobile-phone phobia), patología asociada al desarrollo de las nuevas tecnologías.

Nuestro teléfono inteligente forma parte de la vida diaria, es la prolongación de nosotros mismos y se ha convertido en un elemento social y cultural. La posibilidad de estar conectados continuamente, las redes sociales y los juegos interactivos, han hecho que la sola idea de olvidarnos del móvil, perderlo, quedarnos sin batería o que no llegue buena señal de Internet, nos cree una sensación de angustia, comparable a la de pensar en dejar de fumar. Es decir, tenemos adicción a un aparato que nos facilita la comunicación. Por no señalar que con su ausencia perderíamos parte de nuestra vida enlatada, fotos, agendas y mensajes.

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Pincelada Cyan quiere daros otra palabra: incomunicación.

Parece una paradoja. Sí, lo es. Y me explico. Estamos saturados de información, timbres, sonidos y sintonías que nos alejan, en parte, del momento presente. Atrapados en un mundo virtual ausente de realidad, sin olores, sin sonoras risas, sin gestos. Es aséptico. Detrás de nuestro aparato, podemos ser quienes no somos y reír cuando estamos tristes. Además, ejercemos un control sobre los demás de manera sutil, ya que podemos saber cuándo alguien utilizó su teléfono por última vez  o si están en línea. Y esto es recíproco, por lo tanto, nuestra intimidad está amenazada.

Los acontecimientos pasan a través del filtro de nuestro móvil, haciendo fotos y grabando vídeos que luego vemos y enseñamos orgullosos, sin pararnos a pensar en que nos hemos perdido la actualidad por verla a través del cristal.

Hay otra circunstancia que me hace reflexionar sobre esta  incomunicación tan especial y es el hecho en sí de que nuestro teléfono y sus timbres hagan que prestemos más atención a los avisos virtuales que a las personas que nos acompañan, rozando la mala educación. Como pistoleros del siglo XXI, echamos mano a nuestro costado para desenfundar airosos nuestra joya y comprobar a qué se ha debido el último sonido. Sin más.

Toda evolución conlleva riesgos asociados y cada uno se busca su propia esclavitud.

Sólo una advertencia positiva. Hagamos buen uso de las nuevas tecnologías y estaremos mejor comunicados con la realidad.

 

 M. Yolanda R. Herranz @MyolRh

 

 

8 Comentarios

  1. Todo adelanto bien utilizado es bueno.hay que saber la medida justa para que nos aporte lo que realmente vale la pena, gracias Yolanda , me gustan tus artículos, siempre me aportan algo que me hace sonreir. Elvira

    • ¡Hola Elvira! Es un placer contarte entre los lectores de la revista. Y si además te hago sonreir, ¡mejor que mejor!
      Un beso y gracias.

  2. Hola Yolanda, tienes mucha razón, todo en su justa medida, ahora no podemos estar sin él, ni siquiera los mayores que hemos crecido con las cabinas. Un besito

  3. Si, totalmente de acuerdo.

    Quedémonos con lo positivo de poder estar en contacto y al tanto de todos los que tenemos lejos y perder lo menos posible los detalles más actuales de nuestros seres queridos, consultar al instante cosas que necesitamos saber en todos los ámbitos a través de internet y todas sus aplicaciones, etc.

    Pero como dices, hay que reflexionar: hasta donde llegar, para no caer en la incomunicación y no rayar la mala educación, para vencer esa ansiedad de querer ver quien nos dice que, o que es lo que nos estamos perdiendo. Sobre todo cuando esto ocurre estando acompañados de «personas» que tenemos enfrente y que tb nos reclaman la atención y tienen derecho a sentirse atendidos, que necesitan de nuestro afecto así como de sentirse escuchados y no ignorados por unos pitidos, que bien pueden esperar un poco. Hay que intentar que no se sientan sustituidos o menospreciados por una herramienta llamada » comunicación digital» , que en definitivamente es lo que se han convertido nuestros teléfonos móviles!
    Porque es importante saber, que las personas y sus relaciones a nivel físico, esa comunicación cara a cara, no se pueden ni se deben sustituir!

    Enhorabuena Yolanda por tu segunda parte. En la primera nos hicisteis retroceder a la infancia y en esta segunda nos has hecho reflexionar sobre nuestro «acompañante electrónico» !

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