«La encrucijada política en España tras las elecciones del 23-J»

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España

Comenzamos nuevo curso, no solo los estudiantes, muchas personas, empresas, instituciones, asociaciones sin ánimo de lucro… tomamos septiembre como punto de partida de nuevos proyectos, objetivos y andaduras.

En España, a nivel político y gubernamental, este proceso va a dilatarse más de lo que todos quisiéramos. El puzle político en el que nos hallamos inmersos es harto complejo y diletante. Tras las últimas elecciones generales aún no sabemos si tendremos Gobierno o se convocarán de nuevo elecciones el 14 de enero. Están en juego circunstancias que no son baladíes.

El primero en jugar la baza es Feijóo, candidato del Partido Popular, que presentará su candidatura a la investidura como presidente el inmin 26 de septiembre, y que, salvo cataclismo político de última hora, no saldrá investido. No tiene votos suficientes. Es el presidente del partido más votado, el Partido Popular que tiene 137 diputados, pero necesita contar con otros partidos para conseguir los 176 votos que requiere su investidura. Ya cuenta con los 33 de VOX, 1 de Coalición Canaria, y 1 de UPN (Unión del Pueblo Navarro). Total 172.

Por su lado, Pedro Sánchez, candidato del PSOE, cuenta con sus 121 diputados, junto con los 31 de Sumar, los 7 de ERC, los 6 de EH Bildu, 5 del PNV, 1 del BNG (Bloque Nacionalista Gallego), y ya veremos si con los 6 de Junts (Junts per Catalunya). Totales asegurados por ahora 171, que pueden convertirse en 177 si llegan al acuerdo con Junts.

La suma aritmética requerida es perversa porque, tal como va la cosa, conseguirla va a llevar a uno y otro candidato a traicionar algunos de sus principios políticos básicos.

El PP está en gran medida preso de VOX, un partido que niega la violencia machista, como tal, a pesar de que casi todas las semanas hay una o varias víctimas asesinadas o gravemente heridas a manos de sus parejas o exparejas varones, amén de otros feminicidios. Los de VOX no asisten a los minutos de silencio por las víctimas y juegan al equívoco al incluir a estas mujeres asesinadas en el gran apartado de la violencia intrafamiliar. Hacen caso omiso a estadísticas, estudios sociológicos y antropológicos sobre la cultura machista que normaliza desde hace muchos siglos el ejercicio de la violencia de los varones sobre las mujeres de su entorno, sobre todo las de su entorno sexoafectivo, y que, por su idiosincrasia, cifras y gravedad obliga a una política específica. Hacerlo no supone olvidar cualquier otra violencia intrafamiliar. Juegan al equívoco porque no están preparados por la cultura de la igualdad de género, por la que lleva tanto tiempo luchando el feminismo. Son visceralmente antifeministas.

La suma aritmética requerida es perversa porque, tal como va la cosa, conseguirla va a llevar a uno y otro candidato a traicionar algunos de sus principios políticos básicos.

En VOX además la homofobia, el racismo antiinmigración y aporofóbico, la devaluación de las lenguas españolas no castellanas, la exaltación de símbolos franquistas… están a la orden del día. A día de hoy, en ciertas comunidades autónomas donde PP y Vox cogobiernan se están dando problemáticas relacionadas con ello, y más. En todo caso, hoy por hoy, las personas que conocemos bien el peligro de que la extrema derecha toque poder, podemos respirar tranquilos sabiendo que a Feijoo no le dan las cuentas para gobernar con VOX o atado a ellos.

El PSOE, por su lado, que quiere conseguir la investidura de Sánchez, está preso de Junts, partido que exige a toda costa la amnistía de Puigdemont, un prófugo de la justicia, y principal artífice del ilegal referéndum de independencia de Cataluña el 1 de octubre de 2017, así como de las leyes de desconexión que previamente aprobaron de forma antidemocrática en el parlamento catalán, que suponían la vía unilateral hacia la independencia catalana, la negación del estado de derecho vigente y de la Constitución Española, y que llevó a los catalanes a su máximo nivel de enfrentamiento en la historia contemporánea. Amén del  anticatalanismo que favoreció entre bastantes españoles y el antiespañolismo entre muchos catalanes.

Actualmente, tras la anulación del delito de sedición en el Código Penal, se le acusa de desobediencia y malversación agravada, y se le puede reclamar en Europa pues el Parlamento Europeo ha levantado la inmunidad de la que gozaba por ser diputado europeo. Esta probable amnistía ha despertado las alarmas de gran parte del espectro político español, incluyendo algunos barones del PSOE de gran relevancia como Gonzales, Guerra, García Page…  A ello hay que añadir la suspicacia que ha levantado en este partido el hecho de que Yolanda Díaz, vicepresidenta en funciones del Gobierno actual y líder de la coalición de izquierdas llamada Sumar, con la que el PSOE tendrá que gobernar, se haya reunido a finales de agosto con Puigdemont, y haya mostrado ciertos gestos de complicidad o simpatía.

Como vemos el nuevo curso político se presenta enrevesado y plagado de minas. Después del casi seguro fracaso de la investidura de Feijoo, Sánchez tendrá dos meses para reunir los apoyos necesarios para su investidura, y tendrá que negociar flecos con el resto de los partidos que a priori le apoyan, y profundizar en el avance de la negociación con Junts, que seguramente no se conformará con algún tipo de amnistía para su líder y pedirá más. Si Sánchez no consigue los apoyos necesarios estamos abocados a unas nuevas elecciones generales.

Personalmente la política de Junts y su líder Puigdemont, así como la de las coaliciones predecesoras, en lo que tiene que ver con su manera de abordar su propuesta independentista en Cataluña me ha parecido nefasta. Como ya lo anticipé en un artículo de septiembre de 2017, tras los vergonzosos episodios vividos en el Parlamento de Cataluña, donde además de las imposturas citadas arriba, conculcaron los derechos de los diputados de la oposición, con el apoyo de las CUP. Joan Coscubiela, entonces portavoz de Catalunya sí que es Pot, hizo un discurso memorable, del que quiero recordar algunas frases: “estoy aquí porque mis padres me enseñaron a luchar por mis derechos. No quiero que mi hijo Daniel viva en un país donde la mayoría puede pueda tapar los derechos de los que no piensan como ella… Estoy dispuesto a partirme la cara para que ustedes voten sobre la independencia de Cataluña, pero no si pisan los derechos de los diputados”.

la política de Junts y su líder Puigdemont, así como la de las coaliciones predecesoras, en lo que tiene que ver con su manera de abordar su propuesta independentista en Cataluña me ha parecido nefasta

Tampoco me ha gustado la forma de manejarse a nivel internacional de Puigdemont, ni su forma de eludir a la justicia. Ni me gusta el supremacismo que a veces han destilado variados políticos independentistas.

En resumidas cuentas, el papelón que tiene la izquierda con posibilidades de gobernar si pactan con Junts, ERC… es difícil. No quisiera estar en el pellejo de Sánchez, ni de Yolanda Díaz, pero hay que asumir que hoy por hoy la convivencia en Cataluña entre independentistas y no independentistas ha mejorado, que los partidarios del independentismo ahora son menos, aún muchos menos los partidarios de una independencia unilateral, que muchos soberanistas catalanes no son independentistas, y que España, lo queramos o no, desde un punto de vista cultural es un estado plurinacional.

Esperemos que los pasos que se den, si son necesarios, –Javier Cercas argumenta de forma diligente contra la amnistía– sean comprendidos por una mayoría suficiente de españoles y catalanes que queremos vivir y convivir en paz.

Yolanda Guío (@Guiocerezo

(Educadora y antropóloga)

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