Un parabrisas helado es el típico problema de invierno que parece menor… hasta que lo arreglas mal y te sale caro. La clave no es “quitarlo como sea”, sino derretir y retirar el hielo sin someter el vidrio a cambios bruscos de temperatura ni a esfuerzos innecesarios.
El parabrisas es un vidrio laminado y uno de los elementos clave del vehículo en invierno que también hay que cuidar para evitar quedarte tirado. Es resistente, pero no indestructible. Cuando está a bajo cero, un choque térmico o una mala práctica pueden agravar microfisuras, impactos antiguos o tensiones del propio cristal.
Nunca eches agua muy caliente, puede enfriarse y recongelarse en segundos, dejándote peor que al principio.
Por eso, estas cinco formas de actuar son las más eficaces y, a la vez, las más respetuosas con la luna y con las escobillas, teniendo en cuenta que la normativa de tráfico en España obliga a que el parabrisas y demás cristales permitan una visibilidad clara; si no es así puede conllevar multa de hasta 200 € y la inmovilización del vehículo si supone un peligro para la segurida vial, tal y como establece el artículo 19 del Reglamento General de Circulación.
La prevención que evita el 90 % del problema
Si el coche duerme en la calle, cubrir el parabrisas con una funda específica (o un cartón grande bien fijado) es lo más inteligente: el hielo se forma encima de la barrera, no sobre el cristal. Por la mañana, retiras la funda y, en muchos casos, tienes el parabrisas listo sin rascar ni un milímetro.
Calor desde dentro, pero gradual: así evitas tensiones
Arranca el motor y activa el desempañado hacia el parabrisas. Sube la temperatura de manera progresiva: no buscas una “explosión de calor”, sino ir templando el vidrio para que el hielo se despegue. Si tu coche lleva parabrisas térmico o resistencias, es el sistema ideal: reparte calor de forma uniforme y controlada.
Spray deshielante: derrite sin golpes y facilita el trabajo
Un deshielante de lunas no es magia, pero funciona muy bien: ablanda la capa de hielo de forma uniforme y reduce la necesidad de apretar con la rasqueta. Además, te evita el clásico error de insistir y acabar arrastrando partículas que pueden marcar el cristal.
Rasqueta de plástico: la fuerza justa, con la herramienta correcta
Si hay que retirar hielo, que sea con una rasqueta de plástico. Haz pasadas largas y controladas, sin clavar esquinas ni usar objetos metálicos. Si la capa es gruesa, espera unos segundos a que el calor interior o el deshielante la “despegue” y entonces rasca: trabajar sobre hielo duro, a lo bruto, es lo que más castiga.
Remata con lavaparabrisas de invierno y escobillas libres
Cuando el grueso del hielo ya ha salido, remata con el lavaparabrisas y el barrido, pero solo si llevas líquido de invierno (con anticongelante). Y, antes de accionar los limpiaparabrisas, asegúrate de que las escobillas están despegadas del cristal: si están adheridas, puedes dañar la goma o forzar el mecanismo.







