Muchos han sido los medios que el hombre ha utilizado para poder comunicarse con los demás, manifestar sus inquietudes y divulgar noticias presentes o aún por acontecer. Lejos quedaron los dibujos prehistóricos, jeroglíficos egipcios, señales de humo o fuego, emisión de sonidos y palomas mensajeras. Paciencia y perspectiva eran asiduas en las tan esperadas noticias y respuestas.
Aún así, no dejó de idear medios de comunicación más ágiles que nos procuraran una información más rápida y con respuestas en tiempo real.
Código Morse, telégrafo, imprenta, radio, fax,etc. Tecnologías que facilitaron las relaciones humanas a larga distancia, creando en su momento expectación sin límites. ¡Y no digamos con la aparición del teléfono! Eso fue una auténtica revolución social. Solucionar problemas en el momento, percibir el sonido de las voces de otras personas, oír su risa, escuchar sus palabras, sentir sus emociones. Estar sin estar.
Quisimos acercarnos más; ya no teníamos que ir a las oficinas donde la telefonista movía, enchufaba y desenchufaba clavijas. Las cabinas telefónicas se hicieron dueñas de las calles, primero con las fichas y luego con monedas y en los años sesenta rara era la casa donde no existía un teléfono modelo Heraldo, que junto con la televisión eran los reyes del salón de nuestras casas y símbolos de posición social.
Más tarde a la par que comunicación demandábamos independencia. Nuestras habitaciones fueron refugio de las Góndolas, modelo de teléfono de último grito del momento, testigos de largas e innumerables conversaciones con amigos, interrumpidas de vez en cuando con la voz de mamá que nos decía: “Niña deja ya el teléfono que tenemos que hablar los demás”, sembrando la duda de si había escuchado algo inconveniente.
Comunicación e independencia, ¿qué más se podía pedir? Al parecer queríamos estar comunicados en cualquier momento y lugar, no sólo en nuestras casas, oficinas o recintos cerrados. Queríamos estar en contacto siempre. Así es como aparecieron los teléfonos móviles, aún recuerdo el primer móvil que entró en mi casa, el Motorola Brick, que era justo eso: ¡un ladrillo! Tener un móvil era lo más moderno. En las casas se compartía ese único móvil, según las necesidades de las familias.
Los modelos cambiaron, se hicieron más pequeños, con pantallas más grandes, teclados luminosos, aparatos más ligeros, con tapa, sin tapa, y un sin fin de cambios que no nos dejaban saborear el último teléfono que nos habíamos comprado. Un móvil, dos, tres, cada miembro de la familia ya tenía comunicación e independencia siempre que la cobertura se lo permitiera.
El móvil sólo nos servía para hablar, poner y recibir mensajes y, en el mejor de los casos, mandar imágenes vía infrarrojos o bluetooth, desde nuestros terminales personalizados con carcasas de colorines. Pero poco más, no nos dejaban abrir horizontes.
Por otro lado, Internet estaba cerca, muy cerca también. Los ordenadores nos abrían un mundo exterior dentro de las casas. Volvimos a nuestras habitaciones. Las redes sociales invadieron nuestro mundo para proponernos otro universo, otro más allá. Y las compañías telefónicas decidieron que también ese universo cibernético debía estar en la calle. Y lo hicieron. Smartphone. ¿Os suena? Seguro que sí, porque mientras miráis este artículo, vuestro WhatsApp no ha dejado de emitir sonidos que han hecho que dejéis de leer y os pongáis a ver quién “guasapea” ahora. ¿Me equivoco? Pues entonces, seguramente, forméis parte del 80% de la población con nomofobia. Nomo ¿qué?
¡Uy! Os dejo, en otro rato os lo cuento. Voy a atender a mis contactos de WhatsApp, que estarán intranquilos porque llevo como diez minutos sin estar en línea.
M. Yolanda R. Herranz @MyolRh
Así, así. Así fue todo, que casi ni nos dimos cuenta. Pero Yolanda nos pone en el sitio, en el punto de partida y, en su artículo, nos narra, nos describe, paso a paso, cada hecho, cada situación, cada avance, pormenorizado, detallado, tal cual, para que no se nos olvide, para que interioricemos lo vivido, que si no, se va la vida y parece que no hemos avanzado. Pero ahí está lo logrado y la distancia recorrida. No se si nos complicamos la vida con el móvil o la vida se nos complica si no hay móvil. Pero las distancias se han acortado, el mundo es más ciudad y la ciudad en más pueblo con el móvil. Si Yolanda no entra a saco, pareciera que no ha pasado nada.
Gracias, Luciano. Por lo que ves, y por lo que lees, ya somos muy antiguos. El recorrido es para poner en situación a los más jóvenes. Ellos que ya han nacido con un móvil!
Saludos!
Pues si, estoy totalmente de acuerdo contigo. Y aunque parezca un poquito del jurásico,casi me gustaba más le época cuando cogiamos el teléfono, tirabamos del cable y nos poniamos a hablar detras de la puerta para que nadie nos pudiera oir. Hoy, vas en el autobus y te vas enterando de 4 conversaciones distintas al mismo tiemp
A eso se le llama comunicación a cuatro bandas! Muy bueno, Loli. Saludos!
Bueniiiisimo prima… Ma encantao. Ya te echaba de menos. Besos y gracias x estos articuolos.
Gracias a todos por vuestra participación. Un saludo
El agradecimiento es mútuo. Si no fuera por que los leeis, que yo escribiera no tendría sentido. Y aunque lo escribiera y Villaviciosa Digital no contribuyera con la publicación, tampoco.
Gracias!
Yo recuerdo y con nostalgia que para llamar al extranjero, estando yo trabajando , la operadora de telefonica te daba hora para contactar con la empresa o persona que para negociar. Y Ahora lo tenemos todo a mano y con facilidad, pero eso conlleva el riesgo de esas hondas, al parecer cancerigenas, que las asumen el cuerpo y de las que estamos todos inversos.Las asumimos, las respetamos, pero al final todo se paga. Los adelantos son muy buenos,y sobre todo lo de las investgciones en enfrmedades, que algunas son producidas por todas las ondas que nos rodean en nuestra propia casa, ya que no hay marcha atras.
¡Vivir es morir un poco cada dia! ¡Con o sin ondas! Gracias, Marisa.
Yolanda, me parece fantástico el viaje que nos has hecho vivir a través del tiempo!!!! Enhorabuena sigue así!
… El viaje no ha acabado… Comienza!! Gracias, Pilar!
Así es como lo recuerdo.
El primer teléfono de mi casa estaba situado en la entrada, su cable recorria la pared para perderse detrás de la puerta donde mi hermano lo monopolizaba hablando, otra vez, con la chica de turno.
¡Muy bien Yolanda¡ lo has llevado de maravilla, te felicito
Muy bueno tu articulo Yolanda, según leía recordaba mi niñez, me acuerdo de la telefónica en la calle Carretas donde te metías en unas cabinas y las telefonistas te ponían con el número que pedias. Mi primer teléfono en una mesita del salón y cuando sonaba todos queríamos cogerlo, cuando llamábamos nosotros, como tu bien dices, se oía a nuestras madres «Quieres dejar ya el teléfono»
Ahora no podemos vivir sin el móvil
Hola a todos,
¡excelente Yolanda!
Has motivado y entusiasmado a los lectores con tu artículo. Creo que todos en el fondo sentimos añoranzas del pasado “el tam tam y las señales de humo” ¡donde va a parar! si hasta apagamos la tele con el móvil, en fin, que todo sea para bien y por la buena comunicación entre las personas.
Un abrazo mi Yoly
Muy bueno Yolanda !! Hemos ido ganando en comunicación, pero también hemos perdido en privacidad. El jefe nos localiza a cualquier hora y en cualquier sitio !!! Y no puedes escaparte de la invitación de tu suegra a comer el domingo ….
Gracias por vuestros comentarios M. Jesús, Sole, Carmen y Carlos!
Besos!
Veo muy bien vuestros comentarios del avance de la tecnología. Es fenomenal., pero hay una cosa que hemos perdido y de mucho valor. LAS RELACIONES PERSONALES EN FAMILIA Y ENTRE AMIGOS.
Hoy en reuniones, comidas, etc. A penas si se habla, pues casi todos están con sus teléfonos hablando o enviando mensajes. Por esperiencia he visto y me ha pasado estar comiendo en un restaurante y no poder tener una conversación. De cinco personas, tres estaban comiendo y con los teléfonos en la mano. La socializad ha desaparecido en gran parte, en principio con las televisiones y ahora con los móviles. Creo que en relaciones humanas y afectivas están desapareciendo y eso es más peligroso de lo que pensamos.
Tienes razón, Juy Jim, por ello hay una segunda parte de este articulo pendiente de publicar! Espero que lo leas también!
Gracias!