«Gracias, María Corina»

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María Corina MachadoHe de reconocer que no presto mucha atención a los premios Nobel, si acaso al de literatura por mi afición a la escritura y, por si algún año se lo conceden al eterno candidato; me estoy refiriendo al gran escritor japonés Haruki Murakami, sin duda y bajo mi punto de vista, uno de los mejores escritores vivos.

Ejecuto las mismas pautas que, me da la impresión, la mayoría de las personas, al menos las que yo conozco. Escuchamos o vemos quién fue el ganador de una de las disciplinas en algún informativo o periódico, y rápido vamos al buscador de Internet de turno para saber algo más de su trayectoria y el mérito que le ha hecho ser merecedor del galardón.

Este año ha sido diferente. Uno de estos premios, el de la paz, nos ha tenido enfrascados en preocupaciones y conjeturas por si el ganador resultaba ser nuestro archiconocido presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump. Desde hace algún tiempo se venía barruntando esa posibilidad y yo no salía de mi asombro. El alzarse con este galardón nos daría un retroceso importante como sociedad y un golpe certero a la condición humana. La idea de paz y los fines para conseguirla transmutarían de los que hoy conocemos.

El alzarse con este galardón nos daría un retroceso importante como sociedad y un golpe certero a la condición humana.

El Premio Nobel de la Paz se otorga con base en criterios establecidos por el testamento de Alfred Nobel (el fundador de los galardones). El principal de ellos es que la persona o entidad elegida como ganadora haya hecho el mayor o mejor trabajo en favor de la fraternidad entre las naciones, la abolición o reducción de los ejércitos existentes y la celebración y promoción de congresos de paz.

Amenazar con invadir un estado o desatar un conflicto no es un propósito para alcanzarla; escenificar de manera ruin tu enorme poder para recordar a todos quién manda en el cuadrilátero terráqueo no son métodos dignos de ser venerados por su enorme carga pacificadora; las bravuconadas de abusón de colegio no son maneras de dialogar en pos de una concordia venidera. Y lo peor de esta elección hubiera sido el calado internacional que supondría difundir un mensaje equivocado en las generaciones más bisoñas.

Todas estas afrentas venideras, por no decir ya presentes, vienen fomentadas por unos cuantos presidentes ególatras y desmedidos.

Me consta que ha habido presiones para que el jurado del premio dictase un veredicto en favor del susodicho. Cuando se conoció que el premio había recaído en María Corina Machado por ser el azote de Nicolás Maduro y su régimen autoritario, una parte de la sociedad respiró aliviada. Yo, sin embargo, sigo preocupado. El año que viene, sin duda, volverá a la carga para que por fin se lo concedan.

Se avecinan tiempos de convivencia austera, de odios teledirigidos desde megáfonos sin freno ni censura, de diplomacias enterradas por exhibiciones de aparato bélico y de vulnerabilidades disfrazadas para no ser depredadas. Todas estas afrentas venideras, por no decir ya presentes, vienen fomentadas por unos cuantos presidentes ególatras y desmedidos.

Después de dar mi opinión sobre este hecho, me hago la siguiente pregunta: ¿qué pasaría si cambiasen las bases de este premio y no se lo pudieran conceder a personas que ejercen la política en activo?

Sé lo que están pensando, pero soy un pobre iluso que cree todavía en una convivencia sana a pesar de los posicionamientos.

 

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