El domingo 6 de abril se conmemora el Día Mundial de la Actividad Física y expertos en salud mental y física destacan el impacto positivo que la práctica deportiva tiene en el bienestar emocional en personas de todas las edades.
La literatura científica ha demostrado que la actividad física estimula la liberación de neurotransmisores como las endorfinas, la dopamina y la serotonina, responsables de generar sensaciones de bienestar, reducir el estrés y mejorar el estado de ánimo. Además, favorece la creación de nuevas neuronas y fortalece la memoria; protege contra el deterioro cognitivo y disminuye el riesgo de demencia.
No obstante, el verdadero potencial del deporte y de la actividad física no sólo afecta a esta última y a la mental, sino también a los valores deportivos que se interiorizan en el proceso. «Lo que garantiza que el deporte sea un factor de protección es la formación en valores deportivos», explica Luis Alcolea, psicólogo deportivo y coordinador de la Clínica Recurra Ginso.
Formación en valores
Cuando el deporte se practica en un entorno que prioriza la educación en valores, los beneficios psicológicos se potencian y enseña habilidades sociales y emocionales necesarias para el desarrollo humano, apuntan los especialistas. Trabajo en equipo, la cooperación, la capacidad de esfuerzo y superación, la tolerancia a la frustración, el respeto al prójimo y a las normas, la disciplina, la responsabilidad, el compromiso, la autoevaluación, la automotivación y la competencia saludable contribuyen a formar una estructura personal y psicoemocional que convierte al deporte en un importante factor de protección.
Pese a estos beneficios, la obesidad en España es un problema de salud pública en aumento, que afecta tanto a adultos como a niños, con importantes implicaciones para la salud general de la población. En España, según los datos del Ministerio de Sanidad, alrededor del 18,7% de los mayores de 18 años la padecen, mientras que más del 55% tienen exceso de peso (sobrepeso u obesidad combinados). Esto posiciona a nuestro país entre los europeos con mayores tasas.
Entre los niños y adolescentes, un tercio de los menores entre 2 y 17 años tienen exceso de peso, y aproximadamente el 10% sufre obesidad. Este problema es más prevalente en entre 6 y 9 años.
Terapia psicológica
En el caso de adolescentes y jóvenes que reciben terapia para tratar la ansiedad o la depresión, por ejemplo, la práctica deportiva basada en estos valores potencia significativamente los efectos del tratamiento, señalan.
El trabajo en equipo y la cooperación fomentan la socialización y reducen la sensación de aislamiento, un factor clave en la mejora del estado emocional para quienes padecen una depresión, que, además, encontrarán apoyo y motivación por parte de sus compañeros.
Por otro lado, la disciplina y responsabilidad que exige el deporte son herramientas cruciales para la consolidación de hábitos saludables, ya que los jóvenes en terapia suelen enfrentar dificultades para establecer rutinas y comprometerse con objetivos a largo plazo.
Aspecto competitivo
Otro de los aspectos a tener en cuenta es cuando el énfasis en la práctica deportiva se pone exclusivamente en la competición y esto es «un problema», según los especialistas. «Cuando el deporte se convierte en una forma de presión en lugar de un espacio de aprendizaje y crecimiento, los efectos positivos que obtenemos al practicarlo se ven comprometidos. Lo importante, lo esencial, lo que garantiza que sea un factor de protección para la salud mental es la formación como deportistas, y esta responsabilidad recae en las organizaciones deportivas y en los equipos de psicólogos que se ocupan», concluye Alcolea.
La «receta», por tanto es un enfoque basado en valores y en el desarrollo personal que permite que los adolescentes y jóvenes en terapia encuentren en el deporte un espacio seguro y estimulante, combinado con el acompañamiento profesional adecuado.