Voluntarios del banco de alimentos: “Nuestra recompensa es ver que con nuestra labor sacamos de apuros a la gente”

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Voluntarios Banco de Alimentos de Villaviciosa

Antonio León y María Pilar González son dos de los voluntarios en esta iniciativa que organiza la Concejalía de Bienestar Social, Mayores, Violencia de Género, Familia y Cultura y que se encuentra en plena semana de la campaña de Navidad.

Acaban de concluir el primer reparto de alimentos para las familias que tienen más necesidades y su cara es de satisfacción. Antonio León y María Pilar González, integran un equipo formado por ocho personas fijas, con las que Villaviciosadigial compartió unas horas de la primera jornada de recogida de alimentos.

Son las 17.00 horas y las dependencias del banco de alimentos (situadas en la Calle Fernando III) acaban de abrir sus puertas. Varias decenas de personas de diferentes nacionalidades esperan su turno para conseguir leche, café, papel higiénico, etc. Al otro lado esperan los voluntarios, quienes se afanan por entregar los productos con la mayor rapidez posible.

Antonio León trabajaba en la Seguridad Social y cuando se jubiló hace seis años lo vio claro; se hizo voluntario para ayudar a los demás. “Lo que me animó fue ver a algunos vecinos que se dedicaban a esto y yo quise poner mi granito de arena”, cuenta. Ahora, además de en el banco de alimentos, colabora con la  Cruz Roja visitando ancianos con un grado de dependencia alto y acompañando  a las personas de la Residencia de Ancianos de la Comunidad de Madrid en Villaviciosa de Odón.

Junto a Antonio está María Pilar González, una veterana con más de 20 años de labor desinteresada en diferentes lugares. En el banco comenzó también en el 2006 y lo compagina echando una mano a Cruz Roja y con la residencia de ancianos. Además, recoge juguetes para el Baratillo Benéfico, con quien también colabora.

Entrega del donativo de las hermandades al banco de alimentos.
Entrega del donativo de las hermandades al banco de alimentos.
61 familias

El banco de alimentos atiende las necesidades de 61 familias, con un reparto de dos días al mes. Esta iniciativa funciona como tal desde hace seis años, aunque desde Servicios Sociales siempre ha existido una línea de ayuda a los más desfavorecidos.

Su principal apoyo es la Cruz Roja, quien le nutre regularmente de productos. Este año se han unido las hermandades de Villaviciosa, quienes hicieron un donativo recientemente. “Lo hemos aprovechado para dar un impulso a la iniciativa y tener más remanente porque no se llega a lo que se necesita”, cuentan desde los Servicios Sociales.

Desde esta área han comprobado como muchos vecinos se ofrecían a colaborar de alguna manera, porque son conscientes de que la mala situación está llegando a personas de su entorno y que «ya no es algo aislado», señalan.

De esta manera el número de necesitados ha ido en aumento. María Pilar ha vivido en estos 20 años etapas complicadas pero “como esta nunca”. También ha cambiado el perfil de los vecinos que necesitan ayuda, aunque «en Villaviciosa el 90 por ciento son inmigrantes», indica Antonio. Sin embargo, esta vecina de aspecto entrañable señala que hay gente que por vergüenza no viene a pedir comida, a pesar de que lo está pasando mal.

Pocos agradecimientos

La mayoría de vecinos que piden ayuda a esta iniciativa realmente la necesitan, aunque también hay otros que, por algunos detalles, no tanto. “Sí, nos damos cuenta de esa realidad, por ejemplo, gente que viene y se lleva los productos en un taxi que le espera en la puerta, o que están fumando tabaco caro, con teléfonos modernos, etc. Pero ¿eso cómo lo evitas?”, se pregunta León.

Las circunstancias de las personas que acuden al banco de alimentos hacen que, en la mayoría de ocasiones, no miren a la cara del voluntario que les entrega la comida. Simplemente, la guardan y se van. “Solo dos personas nos ha dicho `feliz Navidad´”, afirma María Pilar. “Con los que vienen habitualmente sí te saludas cuando les ves por la calle pero sino no. Hay una barrera invisible que impide un trato más cercano, no sólo por parte de ellos sino también por nuestra parte, porque estamos cogiendo las cosas de las cajas, de un lado para otro sin parar y eso también influye”, reconoce Antonio.

A pesar de todo, sus caras se iluminan cuando se les pregunta por su mayor satisfacción. “La recompensa es el ayudar a los demás, el ver que con tu labor les sacas de un apuro o, sobre todo, cuando vamos a la residencia y te demuestran el cariño”, coinciden ambos.

Antonio y María Pilar animan a otros jubilados a hacerse voluntarios, “pero tiene que salir de ellos y tener el gusanillo de ayudar a los demás”, matiza León. “No hay límites ni obligaciones, uno hace lo que buenamente pueda”, dice ella. Y es que nunca sobran manos para ayudar a las familias que pasan por dificultades, no sólo en estas fechas, sino durante todo el largo año.

 

Texto: Israel Revilla Canora.

Imágenes: IRC y Prensa Ayto.

 

 

 

 

 

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