Visitadores de enfermos de Villaviciosa de Odón, testimonio del “amor de Dios en medio del mundo”

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Desde hace más de 20 años varias decenas de voluntarios villaodonenses han formado parte de la Pastoral de la Salud en el municipio, mediante la que acompañan a personas enfermas en los años finales de su vida. Reportaje sobre la labor que realizan en la actualidad.

Este lunes 11 de febrero se celebra la Jornada Mundial del Enfermo, una fecha que fue instituida por el papa San Juan Pablo II el 13 de mayo de 1992. Algunos de los objetivos de esta conmemoración son sensibilizar a la sociedad civil y a las instituciones ante la necesidad de asegurar la mejor asistencia posible a los enfermos, o que estos valoren en el plano humano y, sobre todo en el sobrenatural, el sufrimiento.

Esas metas las cumplen desde hace más de 20 años en Villaviciosa de Odón varias decenas de personas, incluidas sacerdotes y voluntarias, que dedican cientos de momento de sus vidas a visitar enfermos del municipio y de otras localidades cercanas como Alcorcón. Una labor desinteresada que comenzaron en Cáritas y en las hermanas de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paul, tal y como ha contado a Villaviciosadigital.es el padre Eladio López Yaben.“Los domingos por la tarde siempre fuimos a Alcorcón a visitar enfermos al Hospital Hermanos Laguna”, apunta el expárroco villaodonense que se jubiló en 2009, en alusión a ese centro que lleva cerrado desde 1998, año en que se abrió el de la Fundación de Alcorcón.

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Hoy, varias décadas después, continúa esta encomiable acción que impulsan desde la Iglesia y en la que colaboran actualmente 15 personas voluntarias, todas mujeres salvo un hombre. A ellos se suman los dos sacerdotes; el párroco Álvaro Ojeda y Eliert Jerez, un pinteño que se ordenó el pasado mes de octubre y desde entonces está destinado a Villaviciosa de Odón. “Es el signo del amor de Dios en medio del mundo”, afirma este último sobre la denominada Pastoral de la Salud que también está presente en 119 localidades de la Diócesis de Getafe (con un total de 540 personas) y en otras de toda España.

“esta experiencia la debería tener todo cristiano porque te acercas a la realidad de lo que eres tú”

Llama la atención que sólo un varón integre este equipo de personas que reparten su voluntariado visitando en las residencias de Campodón y El Castillo (celebran con ellos la eucaristía) y a 15 enfermos villaodonenses en sus domicilios, tal y como han contado a este periódico tres de sus voluntarias y el propio Jerez: María del Carmen de San Juan, Ana María González y Villi Rincón. Las dos primeras están jubiladas y realizan voluntariado desde hace décadas, mientras que la última está en activo y está como voluntaria en esta tarea desde hace un año. Todas muestran el mismo entusiasmo y amor por la acción que realizan. Su labor principal es el acompañamiento, la oración y llevar la comunión a los enfermos que no pueden ir a la iglesia a comulgar.

De San Juan apunta a que la Pastoral de la Salud “es la joya de la Iglesia”, y “los enfermos son la joya de la parroquia”. Tiene claro que “no sabría que hacer sin ellos”. Además, afirma con sentido del humor que es consciente que ella será enferma; “no me podré mover y espero que siga la parroquia así y me puedan llevar la comunión”. Es una bendición de Dios”. En esto último se muestra de acuerdo Ana María González: “Es un regalo del Señor poder llevar la comunión a personas que han comulgado toda la vida y ya no pueden”.

Por su parte, Villi Rincón, señala que “esta experiencia la debería tener todo cristiano porque te acercas a la realidad de lo que eres tú”.

El joven sacerdote, Eliert Jerez ya formaba parte de un grupo de visitadores de enfermos cuando comenzó a estudiar en el seminario, algo que le ayudo “muchísimo” en su vocación. “El Señor me ha concedido tener muchos enfermos que visitar”, afirma.

Perfil de enfermos

La mayoría de las personas a las que visitan son ancianos de unos 90 años, que tienen alzhéimer, están ciegos o con falta de movilidad, entre otras situaciones, pero también a veces hay casos puntuales de personas jóvenes afectados por algunas patologías como el ictus.

Según estos voluntarios, algo que tienen en común los enfermos es su “soledad”, ya que “la familia acompaña físicamente pero no tanto espiritualmente”, apunta De San Juan. Y es que necesitan “comprensión”, “ser escuchados”, aún en historias que han repetido miles de veces.

Normalmente, los que sufren enfermedad son quienes hablan con los sacerdotes y piden que les visiten, aunque también lo hacen algunas familias. Otras, pese a no ser creyentes, respetan el deseo de su familiar y agradecen la labor de los voluntarios y sacerdotes. Son conscientes de que les reconfortan y les llevan paz.

“la enfermedad te revela mucho. Es una experiencia humana que te pone entre la espada y la pared”

Todos los enfermos que visitan tienen una raíz común y es que son creyentes y “un ejemplo”. Jerez tiene claro que “la enfermedad te revela mucho. Es una experiencia humana que te pone entre la espada y la pared. Hay personas que tras una vida de salud, les llega una enfermedad y se dan cuenta de que en la vida no todo son ellos, sino que se dan cuenta de cuántas personas había detrás, del poder de Dios, de la presencia de Dios. Donde mejor se le ve a Dios es a Jesucristo crucificado y entonces cuando experimentan el dolor y el sufrimiento, te encuentras con tu Dios, cara a cara”.

También considera que los ancianos les enseñan cada día. “Yo he escuchado hablar mejor de Dios a muchos enfermos, que a muchos teólogos, porque la verdadera teología es la que se vive. Ellos son capaces de revelarte el rostro de Dios y de enseñarte cómo es una vida de fe sencilla”.

Agradecidos en el dolor

Estos voluntarios han vivido momentos duros con personas a los que esta vida se les apaga, pero son testigos de la fortaleza que tienen en esos instantes finales gracias a la esperanza de saber que les espera otra. Ana María González recalca que “ellos no se quejan mucho, pese a que tienen muchos problemas de salud. Tienen tanto amor a Dios que da mucha alegría poderles llevar la comunión y agradecen mucho que les alientes, que les digas algo”.

Rincón señala en este sentido que lo que nota siempre es que cuando se va después de darles la comunión, “ellos están mejor que cuando he llegado”. En su opinión “lo esperan, agradecen que les lleve a Jesús; no que hable con ellos, sino que esperan al Señor”.

Para Eliert, con la visita les damos “esperanza y cercanía de la familia de la parroquia, en ella Dios cuida de nosotros”. En este aspecto Villi apunta a que les damos “un poco más de fuerza” porque, por lo menos en los casos que ella lleva, “todos coinciden en querer que Dios se los lleve ya”.

Cara a cara con la muerte

En esos momentos finales de esta vida es cuando los hombres y mujeres sienten la presencia de cercana a la muerte, un tema muchas veces “tabú” en la sociedad actual, y que se ve lejana en el horizonte del día a día pero la gente que vive una enfermedad la sienten. No obstante, “vencen el miedo, se dan cuenta que la vida caduca y que hay algo más. Tienen muy claro que tienen un Dios que les espera. Incluso, lo viven con ilusión y muchísima paz y tranquilidad”, subraya Jerez.

“vencen el miedo, se dan cuenta que la vida caduca y que hay algo más

En su larga experiencia profesional y como voluntaria, de San Juan reconoce que ha vivido muchos momentos de muerte entre personas que incluso han fallecido en sus brazos. “Lo que quieren es que les acompañes, sentir tu calor, que reces un Padrenuestro, y estar ahí porque en muchos casos no da tiempo a que llegue un sacerdote”, de aquí la importancia del sacramento de la unción de enfermos, tal y como recalca Eliert, quien apunta a que “a la gente le da miedo llamarnos para que demos la unción. Se esperan al último momento, y la unción de enfermos es para acompañarles en la enfermedad y en el dolor; para antes de un quirófano, para cuando empieza la enfermedad. Se piensa que hay que darla en el instante antes de morir y no, hay que darla antes, cuando la enfermedad comienza a ser decisiva”.

Amor en la visita

Desde la iglesia de Santa María, salen estos integrantes de la Pastoral de la Salud. Eliert, Ana María y María del Carmen acuden a una de las residencias, mientras que Villi se traslada a la vivienda de Juana, una anciana de 92 años que lleva 12 paralizada como consecuencia de un ictus. Sentada en un sillón, con una manta encima de las piernas y viendo en la televisión las noticias sobre el viaje del papa Francisco a Abu Dhabi, esta vecina de Villaviciosa de Odón sonríe ante la presencia de la voluntaria.

Juana es muy devota de la fundadora de las Hermanitas de los Pobres, Juana Jugan, y cuenta a Villaviciosadigital.es cómo sus rezos y una estampa de esta beata le ha ayudado a curarse de varios problemas de salud. También narró cómo fue su llegada a Villaviciosa de Odón y contó que “espera” la llamada del Señor cada día, aunque cuando se despierta, ve “otro amanecer”, afirma con tristeza.

Mientras, Rincón se prepara para darle la comunión y rezar, algo que se traduce en un amor palpable en ese instante. Tras ello, la anciana agradece con ternura esa visita, ese amor, esa labor desinteresada que como Villi, realizan cada día miles de personas, creyentes, pero también no creyentes, en todo el mundo. “Un regalo del Señor”, “la más bella oración”, la presencia y cercanía del amor de Dios en medio del sufrimiento del mundo, tal y como afirman estas voluntarias y el padre Eliert Jerez.

 

Texto y fotos: IARC 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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