Una buena razón para dejar de fumar: vivir

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Dia Mundial sin tabaco

En forma de relato Pincelada Cyan quiere que busquéis las motivaciones para dejar de fumar. Un buen día es hoy 31 de mayo, Día Mundial sin Tabaco. Este relato es sólo un ejemplo.

Son las tres de la madrugada. Mis ojos se han abierto espontáneos y han clavado la mirada en el techo blanco de mi habitación. Después de un segundo vuelven la mirada hacia Sandra. Está dormida. Me levanto discretamente para no despertarla y echo los pies al suelo buscando las zapatillas. Los dedos van buscando a tientas y topan con una de ellas. Sandra se revuelve un poco en la cama. Me giro para saber si se ha despertado, pero no, sigue dormida. El otro pie, descalzo aún, también encuentra su zapatilla y ambos me conducen a oscuras al salón. Abro la puerta de la terraza y salgo sin pensarlo. Hace buena temperatura, es la madrugada del 31 de mayo y huele a primavera. Me deleito entre olores y perfumes de flores, la brisa suave me hace recordar que debo darme prisa.

Entro en el salón. Busco entre la enciclopedia olvidada el tomo de la “t” de tabaco. Allí hace unos años, hice un sacrilegio con las páginas del volumen: recorté un hueco para guardar un paquete de cigarros y un mechero. Ya va para cinco años y varias cajetillas han pasado por allí.

Sandra cree que lo dejé. Y en cierto modo así es. No fumo en actos sociales, ni después del desayuno, ni de la comida. Ni me obsesiono con fumar a todas horas. Sé que tengo una cita esporádica y prohibida con el tabaco y me alienta. Lo anhelo. Fumo a escondidas.

Saco la cajetilla de la “t” y cojo un cigarro. Cierro los ojos y lo huelo. Mi otra mano ya tiene el encendedor preparado. Salgo de nuevo a la terraza; con esta temperatura da gusto salir… y en verano también. El invierno se hace duro, aunque igualmente salgo a la terraza a fumar. Cojo el abrigo y me echo una manta encima, que no sé yo qué es peor si fumar o coger una pulmonía por el exceso de frío.

Otras veces me preparo una copa. En ocasiones, esa copa me ha salvado de que Sandra me pillara fumando; pero hoy sólo me apetece saborear el humo que inhalo por mi nariz y raspa mi boca y mi garganta.

¡Chas! El mechero está impaciente y yo también. Me siento en una de las sillas de la terraza. Pongo el cigarro entre mis labios y arrimo el fuego. La primera calada me marea, como siempre, porque es larga y profunda.  Cierro los ojos. El éxtasis me invade. Es un placer que no debo reconocer que tengo.

Pienso en Sandra y en mí. No sé qué le pasa conmigo. Me regaña. Parece mi madre. Y he de decir que ya no la veo como objeto de deseo. Me gusta más fumar. Tal vez sea porque se ha hecho muy refunfuñona y me ha quitado casi todas las delicias de este mundo. Y yo me he dejado, claro.

Me estoy dando cuenta, a decir verdad llevo unos años que soy consciente de ello,  que Sandra y yo cada vez tenemos menos en común. Me da pena, pero no aguanto su carácter. Supongo que también es la monotonía que nos mata. Y fumar a escondidas me produce ese riesgo que no tengo en mi vida cotidiana.

Abro los ojos. No sé cuánto tiempo lleva Sandra de pie, observándome con los brazos cruzados. Tal vez desde la primera calada.

Cuando nuestras miradas se cruzan, en la mía hay tensión y en la suya reproche. Me levanto sin decirle nada y ella entra detrás de mí en el salón. Voy a la habitación y preparo un pequeño macuto con unas cuantas cosas para el día siguiente.

Regreso al salón y allí está todavía, cuando me ve aparecer me dice en tono tranquilo pero sancionador:

«¿No te das cuenta que fumar mata?»

Cojo el volumen de la “t” y saco la cajetilla. Mi primera intención es encenderme otro cigarro. Pero me lo pienso. Le miro a los ojos y sin darme cuenta que las palabras salen de mi boca y ya están en el aire.

«Fumar mata… y vivir también… Y no vivir es la peor de las muertes. Elijo vivir. Me voy.

Mis ojos se han clavado como puñales en su cara y con un gesto de muñeca dejo caer la cajetilla de tabaco encima de la mesa. ¡Y dejo de fumar!

 

M. Yolanda R. Herranz  @MyolRh

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10 Comentarios

  1. Yo probé de todo para poder dejar de fumar, chicles, parches de nicotina… incluso hipnosis por lo desesperada que estaba! A cada uno le funcionan remedios distintos, y yo tuve suerte de encontrar el que funcionó para mí. Dejé el tabaco definitivamente y ya hace aproximadamente 6 meses desde que no lo pruebo y no tengo ninguna gana… quien tenga el mismo problema puede enviarme un correo a secretosdelara@gmail.com y con gusto le responderé contándole lo que me funcionó. Ojalá alguien me hubiera ayudado a encontrar una solución… sé lo mal que se siente, así que quiero ayudar a quien padezca el mismo problema 🙂

  2. Yo dejé de fumar hace ya 13 años.Me dí cuenta q el fumar un cigarrillo no te relaja cuando estas nerviosa ni tranquiliza cuando tienes algún problema,pero no fumar te dá una vida mas saludable.

  3. En ello ando, Yolanda. Ya varias veces dejé el tabaco, pero como el maestro «Antoñete», otras tantas reaparecí. Muy real tu relato, muy para adentro. A ver si su realidad nos influye a todos los que nos vemos abocados a coger el cigarro instintivamente.

  4. Me ha gustado mucho tu relato Yoli SI hay que dejar de fumar y no buscar excusas, y como siempre nunca sabes como acabaran tus relatos, en este caso hay hasta separación. Me gusta

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