«Todos mienten, pero no todas las mentiras incitan al odio o a la apropiación de valores comunes»

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Los resultados de nuestras cuartas elecciones generales en 4 años indican, entre otras cosas, que el electorado español está dividido casi en su mitad entre los que votan a los partidos nacionales mayoritarios de izquierda (PSOE, Unidas Podemos y Más País suman el 43,24% de los votos) y los que votan a los partidos nacionales mayoritarios de derecha (PP, Vox y Ciudadanos han obtenido el 42,69%).

Ciudadanos surgió con vocación de centro socialdemócrata pero su continuo escoramiento a la derecha ha dejado al centro desierto y han perdido gran parte de su electorado. En los partidos de ámbito no nacional también hay derecha e izquierda, pero no es el tema. Tan solo decir que el rédito electoral del miedo al independentismo de muchos votantes suele recalar en partidos nacionales de derechas, y ello explica gran parte del espectacular auge de VOX en estas elecciones.

Con frecuencia me ocurre que cuando intento hablar de las mentiras o medias verdades que esconden las afirmaciones del discurso de partidos o líderes que rezuman xenofobia/racismo, machismo, homofobia, etc., se me contesta que todos los políticos y partidos mienten. Para mí es evidente que los nacionalismos sectarios, de izquierdas o derechas, generan mentiras y odios etnocéntricos infundados. En España, por poner los casos más candentes, el catalanismo independentista está plagado de mentiras y medias verdades; también lo está el “españolismo” (concepto excluyente y tardofranquista de lo español). Sobre ello escribí un artículo al tiempo que advertía que el desencuentro iría a más y la violencia podría venir aparejada, como lamentablemente ha ocurrido.

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Es cierto, en todos los partidos se miente. Pero no todas las mentiras son equiparables, porque no todas hacen el mismo daño a la paz social, no todas instigan al odio o exclusión del otro, no todas nos deshumanizan hasta justificar acciones criminales (por acción u omisión); no todas pueden llevar a una guerra. Y una guerra queridos lectores es lo peor que le puede pasar a una sociedad. Las guerras las suelen comenzar los malos gobernantes una vez que ellos y sus secuaces han destilado odio en sus proclamas y han hecho creer a la población que estos o los otros son culpables de todo lo que va mal, convirtiéndolos en el “chivo expiatorio”. Por ello cada vez más países demócratas cuentan con legislación contra los discursos del odio.

Tras las recientes elecciones y vista la tremenda ascensión de VOX (15% de votos, 52 diputados), un partido que incita al odio al otro a nivel nacional (incluso mundial) creo pertinente recordar algunas de sus perniciosas mentiras y reivindicar ese constitucionalismo, civilización cristiana y europea que dicen defender.

Los DDHH tienen su primera enunciación en la Ilustración y son el pilar de la civilización europea, propugnan la dignidad de todos los seres humanos, y su derecho a no ser discriminados por razón de raza, sexo, orientación sexual, religión… El tratado de la Unión Europea y la Constitución española van en la misma línea. Formamos parte de un mundo global que tiene en la ONU la máxima institución que intenta que los DDHH se extiendan para hacer un mundo mejor. Para conseguirlo España, como muchos países, han firmado convenciones, declaraciones, protocolos… que nos obligan a tratar de frenar los feminicidios y la desigualdad de género, la salvaguarda de los derechos del menor, el desamparo de los refugiados, el cuidado de nuestro planeta

Y quien haga del odio y la exclusión del otro su razón de ser que no nos venga con la defensa del catolicismo como bandera

Los retos son importantes y los problemas económicos, institucionales e identitarios de nuestro país pueden llevarnos a considerar estos retos papel mojado lleno de buenas intenciones, pero no es así: si de verdad creemos en los pilares de nuestra civilización hemos de tener dichos acuerdos como guías para hacer posible un mundo más libre, más justo, menos violento dentro y fuera de nuestras fronteras. La historia demuestra que la violencia engendra violencia, que las guerras no derivan en mayor paz y justicia, que este es un camino lento y complejo, pero el único que nos puede salvar. Porque “donde no hay justicia no puede haber paz”, así lo pensamos desde hace mucho tiempo en la civilización occidental (atea, agnóstica o cristiana).

Siempre hablo de su base en los DDHH (laicos), pero este lema es un pilar básico del cristianismo también. El papa Francisco, representante máximo del catolicismo, lo coreó junto con 7.000 niños en 2015, y tal premisa ha estado presente en importantes líderes cristianos, pues el amor al otro es la base del mensaje de Jesús en los Evangelios. Y quien haga del odio y la exclusión del otro su razón de ser que no nos venga con la defensa del catolicismo como bandera.

Hay quien me dice que hablo de ideales poco prácticos, otra falacia. Sin paz no se puede garantizar nuestra supervivencia. A los amantes de las cruzadas ideológicas les diría que esta es la única cruzada que garantiza el porvenir. Señor Abascal y seguidores, no podemos blindar España, ni poner puertas al Mediterráneo. Para que vengan menos inmigrantes mal llamados “ilegales” y refugiados (si no han muerto en el intento) habrá que aumentar la cooperación de los países demócratas con los países que les expulsan porque tienen guerras, injusticia y pobreza, pero mientras tanto practiquemos humanidad/caridad con los que llegan.

También viene bien cambiar nuestra visión del tema: recientemente han salido 10.000 puestos de trabajo en la campaña de la fresa andaluza y solo 200 españoles se han apuntado, otro tanto pasa con trabajos de servicio doméstico, atención a ancianos, discapacitados… ¿Quiénes son las personas, sobre todo mujeres, que realizan mayoritariamente estos trabajos? ¿De verdad, los extranjeros son la causa de nuestro paro estructural? La emigración de pueblos es universal, los españoles hemos salido por pobreza, persecución, o ansias de conquista, en momentos diversos, no solo “con contratos” a Europa a partir de los 60. La salida de republicanos fue constante desde el 36, para huir de la guerra primero y después de la represión, las cárceles y los campos de concentración franquistas. También salieron muchos “niños de la guerra” sin padres.

Tampoco son ni remotamente ciertas las cifras que lanzan asociando delincuencia e inmigración, las estadísticas y los estudios sociales las desmienten. No les interesa el conocimiento científico social de las cosas porque se les cae el chiringuito, pero lanzan bulos para infectar el aire en un momento de crisis tal que la mecha prende fácil: se inventan porcentajes de menores no acompañados delincuentes, o de denuncias falsas de mujeres (confundiendo denuncias archivadas por falta de pruebas con denuncias falsas) mientras nos desayunamos casi todos los días con el asesinato de una mujer por causas machistas… Son capaces de faltar a los minutos de silencio por las víctimas o boicotearlos, ir a sembrar el odio contra los menores en los Centros de menores extranjeros no acompañados… Cuando un@ es machista hasta la médula no ve machismo en ningún lado, cuando es racista tampoco ve racismo, lo minimiza o se queda en el “ellos más”.

Señores/as de VOX a todos nos interesan las familias, el bienestar de España, si tienen sentido de estado democrático no sean excluyentes

Señores/as de VOX la violencia intrafamiliar existe (trabajen en ello), y la machista (dentro y fuera de la familia) también y a ésta se le combate identificándola y apoyando a las víctimas para que no terminen en la lista de asesinadas (52 este año, sin contabilizar violadas matadas por desconocidos, no entran en cómputo de la ley, un error). Hagan propuestas de mejora a la Ley de Violencia de Género, es mejorable, pero sepan que otros países europeos se miran en nuestro modelo, como en el caso francés donde hay más víctimas aún. Negarse a firmar declaraciones institucionales para combatir dicha violencia en el Día internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, como han hecho en municipios y comunidades, es negar lo evidente, y lo niegan porque tienen una “ideología de género” que normaliza el feminicidio. Mírense cuál es.

Señores/as de VOX, los menores no acompañados son niñ@s, y cómo se sientan acogidos les hará más o menos violentos, no les estigmaticen. Su vida ya ha sido difícil desde su tierna infancia seguro y cuando salen con 18 años necesitan hogar y acompañamiento para conseguir trabajo, no les hagan imposible encontrarlo considerándoles ladrones porque el efecto Pigmalión (=profecía autocumplida) funciona. “No podemos demonizar a los niños”, como dijo Rocío Ruíz, consejera de Igualdad y Políticas Sociales de Andalucía, quien constata que solo el 0,52% de menores no acompañados delinque en su comunidad. Igualmente preocupado se manifestó Alberto Reyero su homólogo en la Comunidad de Madrid: “…hay sobreocupación, y eso ha provocado problemas en el barrio (Hortaleza). Se les ha criminalizado, y estamos entrando en un terreno que ya son comportamientos de odio y delitos de odio, y hay que estar muy vigilantes porque eso no lo podemos permitir. Porque además no es cierto. Algunos tienen adicciones, pero la mayoría lo que quieren es buscar una nueva vida. —¿Se ve condicionado en el gobierno por Vox?Hasta ahora, en absoluto. Yo me veo condicionado por las leyes: la Ley de Infancia, la Constitución y la Convención de Derechos de la Infancia obligan a una serie de cosas que no encajan con determinados discursos”.

Señores/as de VOX si quieren mejorar la política al respecto vayan a la reunión para el pacto sobre menores no acompañados, cosa que no han querido hacer en la Comunidad de Madrid.  El mismo consejero manifiesta su preocupación: «Ellos han optado por decir que no estaban de acuerdo con la convención, el tratado más ratificado de la historia. Ahora son los menores no acompañados, en el futuro pueden ser otras cosas«.

Señores/as de VOX a todos nos interesan las familias, el bienestar de España, si tienen sentido de estado democrático no sean excluyentes. Si siguen sembrando el odio el camino que queda es hacer uso de nuestro Estado de Derecho para contrarrestarlo: Teresa Rodríguez ha denunciado por un delito de odio a la presidenta de VOX Madrid; los dos principales responsables de VOX Barcelona están imputados por delitos de incitación al odio por las mentiras que expandieron en la campaña electoral municipal 2011 que tenía como lema primer els de casa y “que incluía un cheque simulado de 4000 € a nombre de un supuesto musulmán, y acusaba a los inmigrantes de acaparar puestos de trabajo, acaparar subvenciones, no pagar impuestos…”; la fiscal de delitos de odio de Valencia lleva al juzgado a VOX por imputar un abuso sexual grupal a magrebíes cuando los cinco detenidos eran españoles, hay más investigados en curso. No es bueno judicializar la política, pero peor aún es dejar que campen a sus anchas los que siembran el miedo y el desprecio al otro. Nos va la paz en ello.

Yolanda Guío (@Guiocerezo

(Educadora y antropóloga)

 

 

 

 

2 Comentarios

  1. Los extremos, nunca han sido buenos.
    No me gusta el nacionalcatolicismo ni el comunismo. Los hechos historicos no tan lejanos nos demuestran sus fracasos.
    No quiero el «populismo» a la italiana, pero no quiero tampoco el «progresismo» podemita, que tiene a Venezuela como modelo, de ¿que?, de hambre, de represion, de odio. Yolanda no se olvide usted la perversidad que es la manipulacion del lenguaje y de la historia. Espero que en sus publicaciones, escriba sobre ello, porque estoy de acuerdo con usted en algunos planteamientos.
    Un saludo cordial.

  2. Felicitaciones Yolanda
    El panorama que se nos abre necesita descubrir las mentiras de esta gente de extrema derecha que, igual que en Alemania, emplean las mismas políticas y formas para culpar a gentes inocentes
    Gracias

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