Manuel y Pipa, Soledad y Mike, un cuarteto perfecto

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Manuel y Soledad con Pipa y Mike en Villaviciosa de Odon

Nuestros vecinos Soledad y Manuel cuentan con una dilatada experiencia con mascotas; desde Rufo, un American Stanford, gatos, hasta Pipa y Mike, ambos rescatados, los últimos en incorporarse a su manada. Pipa es a Manuel, lo que Mike es a Soledad.

¿Cómo llegaron a vuestra casa?

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Soledad: Mike tiene ocho años y llegó a finales de 2010. Somos su quinto hogar. Le compró un médico, que fue su primer dueño y cuando falleció, pasó a una señora que tenía el síndrome de Noé, que consiste en meter en su casa a muchos perros y gatos sin control, con malas condiciones y maltratos, por eso perdió un ojo consecuencia de un impacto de una piedra. Esos animales pasaron a una perrera y una vecina de Carabanchel adoptó a Mike pero no le sacaba a pasear, se hacía sus necesidades en casa, le castigaban en el patio con el frío y sin comida. Su dueña pensaba que se meaba por venganza y le iba a sacrificar. Le salvamos por un cuarto de hora.

Manuel: Antes de llegar Pipa, teníamos al American Stanford que era macho y fue una demanda de nuestra hija que estaba mirando en Internet y buscamos una hembra de tamaño pequeño. La vimos en la asociación Anaa, tenía ocho meses; enseñé la foto en casa y fuimos a por ella. Pensamos que Pipa fue un regalo para una señora y cuando vio que requería una serie de cuidados, pues la quería sacrificar. La iba a “dormir” y una voluntaria de esta asociación se enteró y se la llevó.

¿Cómo es la vida con Mike y Pipa?

Soledad: Mike al principio tenía mucho miedo porque no estaba acostumbrado al paseo; se asustaba de las papeleras, los coches, las bolsas de basura a las que tenía pánico. Con otros perros no se lleva bien, les lanza avisos. Estuvimos en un centro de comportamiento canino para hacer un curso y luego nosotros hicimos otro de lenguaje, para entender más al animal, y de reeducación canina.

Pipa cuando llegó tenía mucho miedo a los hombres, se puso detrás de nosotras porque huía de Manuel. Sin embargo, comenzó a prepararla la comida, a bañarla, se ganó su confianza y ahora son inseparables. Están en el sofá y no deja que se acerque nadie.

Manuel: Sé que no debería ser así, pero cuando al dueño, que soy yo, no le importa que lo haga, pues ya está. Me sirve de despertador» (risas).

Manuel y Soledad con Pipa y Mike 1¿Cómo ha sido la evolución de Mike?

Soledad: Está mejor porque salimos con él y podemos pasear, ha perdido el miedo. En casa es un amor, sobre todo conmigo; me ha elegido a mí. No sabía jugar pero está aprendiendo. Está feliz.

¿Qué tal es la convivencia con perros con problemas?

Soledad: Al final, aunque sean perros problemáticos te compensa porque son muy agradecidos y eso es de por vida. Eso se nota respecto a otros perros. A Rufo lo cogimos de cachorro y lo crías tú, pero un animal de estos que tienen traumas, es más complejo. Los tienes que aceptar como son. Al final saben dónde hay cariño, dónde les dan la comida y dónde hay respeto.

Manuel: Sí, cuando llego a casa la única que me recibe es Pipa (risas). Estés como estés, tengas un mal día, siempre te reciben como lo mejor para ellos.

                                                                                                                                                                                                                         

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