«Sin refugio»

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Arti-relato de ‘Pincelada Cyan’, con motivo del Día Internacional del Refugiado que se conmemora el 20 de junio.

Innumerables pies no pisarán nunca la tierra prometida, ni siquiera podrán acercarse a una tierra en calma; sólo caminarán para sentir que la vida no es tan cruel y no se termina todavía. Muchos quedarán atrapados detrás de una alambrada, viendo que la energía fluye frente a ellos con la esperanza de una existencia mejor y a su espalda, notan el frío de la muerte, del hambre  y del terror. De la guerra.

Pies descalzos y tristes. Pies mutilados que aguardan pacientes a que los países, que prometieron darles refugio, cumplan con el pacto de acogida y protección. El amparo no llega, la ayuda es escasa y la comprensión de los países de acogida mengua. Las naciones tienen miedo de que esos pies doloridos se conviertan en duras pezuñas y fuertes garras que infrinjan daño en sus tierras y se apropien de la identidad del país, de sus costumbres y transformen la sociedad mediante el terror.

No todos los pies son, ni serán, pezuñas, no son, ni serán, garras. Son la excusa, casi perfecta, que los gobiernos tienen para defenderse de sus propios miedos y ser indiferentes ante esos pies que sufren, porque los pies de los mandatarios de estos países, están resguardados en lustrosos zapatos y no les duele pisar. Esos mismos pies que un día estuvieron al otro lado de la alambrada, esperando.

Son la excusa, casi perfecta, que los gobiernos tienen para defenderse de sus propios miedos y ser indiferentes ante esos pies que sufren

Pequeños pies que no conocen otra situación mejor para ellos, que caminan sobre barro, piedras y tierra reseca que avanzan siguiendo las huellas de sus familias, buscando un sendero menos amargo. Son pequeños pies que, inevitablemente, sufren y a pesar de todo, caminan.

Hasta España han llegado sólo 1.212 pares pe pies, de los 17.387 que se comprometió a acoger con la UE en 2015. Nuestra responsabilidad es curar esos pies heridos, esperando que nunca sean garras ni pezuñas, y, algún día, poder invitarles a calzar unos cómodos zapatos.

 

Yolanda R. Herranz @MyolRh

Foto: Sandra Gonzalez

1 Comentario

  1. Que malas son las guerras, que pena que las personas tengan que salir de sus países y estén vagando por ahí esperando a que alguien les ayude.

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