«Sin miedo, las gaviotas vuelan por encima de nuestras cabezas»

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Las gaviotas vuelan por encima de las cabezas; son los últimos días de calor, antes de que, oficialmente, llegue el otoño.

El mar susurra nostalgia y las toallas duermen en la arena de la playa una siesta en calma. Pocas sombrillas durante la mañana y poca luz, ya por la tarde. El sol no calienta y la brisa es más fría.

Pensamos que ya ha vuelto la rutina a nuestra vida, aunque si miramos el paseo de la feria, vemos que muchos de los puestos han cerrado antes de que caiga definitivamente el sol y el bullicioso paseo, se ha convertido en un inoportuno silencio. Puede ser porque ha llegado septiembre o también por la constante presencia de bolardos y robustas formas de cemento que flanquean los accesos al paseo para proteger nuestra vida. Tremendas metralletas, negras y vigilantes, en manos expertas, nos vinculan a un estado de alerta. El paseo rezuma tristeza. Aunque hemos decidido vivir septiembre, como decidimos vivir el verano: sin miedo.

Sin miedo. Porque desde nuestro nacimiento luchamos, inconscientemente, para no tenerlo. Echamos de menos la calidez del vientre de nuestra madre, pero la vida, esa vida llena de fuerza, nos empuja a habitar un espacio desconocido y hostil, en el que tendremos que compartir nuestras vivencias durante mucho tiempo.

Sin miedo, porque vivir con miedo no es vivir. Expectantes sí. Y vigilantes. Pero sin miedo.

Sin miedo de sentir el aire en el rostro. Sin miedo de que tiemble la tierra y nos engulla. Sin miedo de mirar alrededor y ver belleza; sin miedo de pararnos y respirar.

La tierra se sacude, revuelve el mar y la vida. Las gaviotas ajenas a nuestro sin miedo, buscan la tierra seca en medio del agua; nosotros esperamos a que otro verano caldee los cuerpos y los espíritus. Esperamos que la piel se vuelva sensible a una caricia y a que los ojos vean en la profundidad del alma.

Deseamos que la sangre fluya en abundancia por dentro, que no  haya violencia, que no haya miedo ni alerta, que vengan los días sin noches y se haga la luz.

La luz. La que aportará claridad a nuestros pensamiento y sentir y abrirá la puerta de la esperanza.

Yolanda R. Herranz @MyolRh

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