«Reduflación o el arte de recibir menos y pagar lo mismo»

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No sé si vosotros lo notáis, pero últimamente estoy detectando que los productos que habitualmente consumo, me duran menos tiempo en la despensa.

Mi primer pensamiento fue que comíamos más, por esto de la ansiedad de los últimos años y nuestra relación sentimental con la comida, y que por eso se acababan antes. En realidad no es así. Comemos lo mismo o, con este sistema de merma, comemos incluso menos (o más, si repetimos porque la cantidad no nos ha satisfecho…)

M. Yolanda R. Herranz.

No sólo lo he detectado en la comida, también lo he hecho con el detergente, con el suavizante, con los ambientadores y con la colonia, entre otros muchos. El precio es el mismo, la cantidad de producto, no.

Casualmente me di cuenta de esto porque, como recicladora concienciada, hay botes que reutilizo para otras cosas. Uno de ellos fue de un cacao (popularmente conocido: bote amarillo, tapa roja…:) Comparativa del bote reciclado con el actual: igual de tamaño, mismo color, misma etiqueta, misma tapa, misma altura, mismo grosor de bote… Aparentemente todo parecía igual, incluido el precio. Yendo más allá, empecé a investigar en la etiqueta y, mi perspicacia, me llevó a observar el peso. ¡En el peso está el quid! El bote reciclado 400 gr de producto, el actual 390 gr. Diréis, bueno son 10 gr., eso es una cucharada menos, no va a ningún sitio… Claro que va a algún sitio, al bolsillo de las empresas y una cucharada que tenemos de menos para prepararnos un delicioso vaso de leche con cacao. (mi madre decía: un grano no hace granero, pero ayuda al compañero…)

¿Os habéis parado a pensar cuántas cucharadas de menos en cada bote vendido en todo el mundo? Pues eso… no nos suben el precio.

La curiosidad, que todo lo puede, me llevó a seguir con mis pesquisas y en prácticamente todos los productos había mermas: una rebanada menos en el pan de molde (en prácticamente todas las marcas), las palmeritas de hojaldre que antes me ocupaban la palma de la mano, ahora me sobra mano (o me caben dos), los yogures y el café molido, mismo envase un dedo menos de producto…, pasta, productos congelados, refrescos, mantequilla, fiambre envasado (y suma y sigue, por no aburriros con la lista de la compra), en el detergente y en el suavizante… A esto le voy a dedicar un párrafo completo.

Es una práctica habitual de las grandes empresas en épocas de crisis, cuando la inflación no les permite mantener sus ganancias… y, al parecer, es del todo legal

Detergente y suavizante: nos vendieron la versión del concentrado. Y en esas seguimos… concentrándonos en seguir concentrando y esto no es reciente. ¿Quién se explica que a menos cantidad de producto, de una y otra cosa, tenemos para más lavados? Inexplicable, ¿verdad? A mí no me dura una maleta de detergente treinta lavados ni de coña y menos para ochenta lavados el suavizante. Si uso la cantidad “recomendada”, ni se lava la ropa, ni huele a suavizante. Con lo cual, uso más de ambos y compro más veces el mismo producto, lo que se traduce en más ventas para las compañías y más gasto para mí, ¡ojo!, sin subir el precio. Ahí radica una parte importante de las ganancias de estas empresas.

Si nos subieran el precio de los productos, seguramente nos daríamos cuenta con bastante facilidad. En cambio, si la estrategia es mantener el precio pero rebajando el peso, reduciendo el número de rebanadas o el tamaño, etc., y manteniendo el envase original (nada de reducir envase, que también sería evidente), es bastante más difícil que nos demos cuenta de inmediato. Es decir, al cogerlo o al pasar por caja no lo notamos, lo notamos después, en la duración.

Es una práctica habitual de las grandes empresas en épocas de crisis, cuando la inflación no les permite mantener sus ganancias… y, al parecer, es del todo legal (aunque, a mi modo de ver poco ético), porque la información de peso y calidad, va especificada en la etiqueta, si alguien no se percata de esto, ese eres tú (nosotros), ya que ellos lo indican en sus envases. Estas grandes empresas practican una especie de “cleptomanía episódica”, que tendrá su momento de remisión (cuando la economía fluya y sus ganancias sean iguales o superiores a sus objetivos) Y tiene un nombre: reduflación.

Nos dejamos seducir, no podemos hacer otra cosa que o seguirles el juego o dejar de comprar sus productos y probar con otros.

Déjennos elegir. Igual que sus ganancias son suyas, nuestro dinero es nuestro y decidimos qué hacer con él

¿Tienen alternativas estas empresas? Honestamente, creo que sí. Esta práctica de reducción y merma, nos lleva a consumir más de alguna manera. Mientras que si subieran el precio, justo, para mantener peso, calidad (ganancias, impuestos, puestos de trabajo…etc.), nosotros seríamos quienes decidieran si queremos comprar ese producto, si es absolutamente necesario, si queremos prescindir porque es del todo accesorio o si nos dejamos arrastrar de su política y luego quejarnos… Serían opciones que nosotros mismos podríamos elegir y que no nos diera todo hecho, sin subir el precio; nos encauzan en un consumismo innecesario porque creemos que el producto es el mismo que el que comprábamos hace un año (o dos, o más) y aumentamos nuestras compras para complementar la carencia de producto que traen los paquetes.

Déjennos elegir. Igual que sus ganancias son suyas, nuestro dinero es nuestro y decidimos qué hacer con él y en dónde y en qué gastarlo, si podemos. O ahorrarlo, si es que nos llega.

Observad, no sea que la suspicaz en esto sea yo y eche barro donde sólo hay buena praxis.

Observad.

Yolanda R. Herranz @MyolRh

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