«¿Qué puedo aportar?»

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Encarnacion Dávila Bravo.

Me pongo por primera vez en mi vida a escribir una columna para una revista, y lo primero que pienso es ¿seré capaz? ¿Qué puedo aportar?

Me lo han puesto fácil, habla de lo que quieras, tema libre, pero ahí está precisamente el problema.

Lo primero que se me viene a la cabeza en la situación actual, es comentar los sentimientos que creo que la mayoría hemos vivido estos últimos meses. El primero de todos, impotencia ante algo sobrevenido que nos ha cambiado la vida, la forma de actuar y la forma de pensar.

Es muy fácil echar la culpa a alguien de la gestión de la pandemia, unos pensaremos que hemos llegado aquí por la ineficacia de unos gobernantes que no han tomado las medidas oportunas o las han tomado fuera de tiempo, pero seguro que si hablamos con otras personas lo verán de otra forma y curiosamente también tendrán razón.

No estábamos preparados para algo así y desde luego hay un antes y un después.

Todo esto nos tiene que servir para pensar en el modelo de sociedad que queremos tener y exigir a nuestros políticos y gobernantes que trabajen en ello

Lo más penoso para mí es ver todos aquellos que se han quedado en el camino, y todos aquellos que han visto cambiadas sus vidas hasta extremos insospechados, bien por las secuelas tanto físicas como mentales que les han quedado, bien por su pérdida económica, bien por los cambios que han tenido que realizar en sus vidas.

Me da igual que sean 30.000 ó 58.000 las personas fallecidas (aquí tampoco nos ponemos de acuerdo), con una sola persona ya hubiera sido dramático y si no, basta con acordarse cómo nos preocupamos en otra epidemia anterior en la que no hubo fallecidos, creo recordar que solo un perro.

Todo esto nos tiene que servir para pensar en el modelo de sociedad que queremos tener y exigir a nuestros políticos y gobernantes que trabajen en ello.

Pero como intento ser positiva, creo que hay que buscar la parte “buena”  (si es que la tiene) de todo este tiempo. En primer lugar creo que ha servido para hacer un parón forzado y reflexionar sobre las prioridades que tenemos establecidas. Muchas veces ni pensamos, nos dejamos arrastrar y el día a día nos lleva. En segundo lugar, hemos tenido ocasión de reencontrarnos (aunque fuera telemáticamente) con amigos y familia, a los cuales la dinámica diaria no nos dejaba dedicarles el tiempo necesario. Y en tercer lugar, pero no menos importante, a reencontrarnos con nosotros mismos y nuestros hobbies.

En definitiva, como en todos los momentos de nuestra vida, no todo es malo y hay que buscar en todo momento lo positivo que podemos sacar.

¡Ánimo! ¡Ya nos queda menos!

Encarnación Dávila Bravo

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