“¿Qué hay de nuevo en el bullying?”

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acoso escolarBullying es un vocablo de origen anglosajón. Bully significa matón, intimidar, tiranizar. El bullying o acoso escolar ha existido siempre. Las agresiones, injurias, humillaciones, en definitiva maltrato entre los jóvenes no es nada nuevo.

Pero tenemos que analizar el fenómeno contextualizado en nuestra época. ¿Y qué hay de nuevo en nuestra época? En primer lugar, situaciones que antes formaban parte de la escena privada, tradicionalmente acaecidas en el ámbito familiar; ahora son públicas y objeto de debate tanto en los medios como en las instituciones. Forman parte de lo social. En segundo lugar, asistimos a una declinación de la autoridad, (padres, maestros, gobernantes, etc.) Existen normas aunque no hay una clara transmisión de ellas por parte de los adultos. Hay mucha desorientación.

A medida que escribo estas líneas, recuerdo la carta de un padre aparecida en la prensa en el apartado de Cartas al director, donde contaba, no sin consternación, la política educativa aplicada a su hijo de corta edad. Comentaba una práctica que se venía desarrollando en el colegio. Consistía en que los propios niños, niños de quinto y sexto de primaria, turnándose, debían vigilar los recreos. Su hijo estaba muy apesadumbrado y regresó muy triste del colegio, porque había denunciado a su íntimo amigo. Se quejaba  de que, encima de ser un esbirro obligatorio, se había perdido el recreo. Terminaba el artículo del citado padre diciendo no sin ironía, que convertir a cada ciudadano en un delator en potencia es una auténtica enseñanza ciudadana, esto sí que es ciudadanía.

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Y recordaba este artículo, cuando hablaba de la desorientación generalizada tanto del mundo adulto como de los jóvenes, porque indudablemente si tan preocupados están por la proliferación de actos violentos en las aulas, no tienen en cuenta que con este tipo de políticas están precisamente y paradójicamente propiciando y creando un caldo de cultivo para que se reproduzcan actos violentos, impulsando a los sujetos a posibles actuaciones que tratan de erradicar.

En tercer lugar, el avance tecnológico ha hecho que la imagen ocupe un lugar privilegiado. Hemos visto que se graban escenas violentas, existe una necesidad imperiosa de hacerse visible y de este modo asegurarse un lugar dentro de la comunidad.

por la injerencia de la televisión y el uso de Internet, asistimos cada vez más a una prematura sexualización de la infancia

En cuarto lugar, estos niños/as están haciendo su tránsito adolescente entre la pubertad y la juventud. Estos jóvenes están construyendo su identidad sexual. Y por la injerencia de la televisión y el uso de Internet, asistimos cada vez más a una prematura sexualización de la infancia. Sabemos que la adolescencia es una etapa difícil, donde los niños/as que hasta hace muy poco jugaban con sus juguetes, ahora  se encuentran con un cuerpo erotizado, con preguntas para las que no hay respuesta, con ausencia de significaciones.

Porque hacerse con el cuerpo no es tarea fácil. Cada uno a su manera, encuentra cómo hacerlo. A través de piercings, tatuajes, incisiones, marcas estéticas como ropa, peinado, colgantes, cirugías y  un largo etcétera.

Lo que no cambia respecto al bullying, lo que permanece fijo es la voluntad de dominio y satisfacción cruel que algunos sujetos experimentan al someter a otros a su voluntad y capricho.

Para que exista acoso deben concurrir tres factores:

  • Debe extenderse en el tiempo, no debe ser una agresión puntual, debe tener continuidad.
  • Debe haber una clara intención por parte del agresor.
  • Existir un desequilibrio entre el agresor y la víctima, que haga que ésta no pueda defenderse.

Los adultos deben dejar de mirar hacia otro lado, deben estar atentos y acompañar prioritariamente con palabras a estos jóvenes

Este fenómeno se circunscribe a un tiempo preciso, el tránsito pubertad-juventud, y a un espacio que es el ámbito educativo. Los primeros signos de acoso comienzan en quinto y sexto de primaria y se extienden a primero y segundo de la Enseñanza Secundaria Obligatoria.

El objeto del acoso es atentar contra lo propio y singular de la víctima. Elegir signos “extraños”, “raros”, tales como una manera de hablar, creencias, una marcada desinhibición o lo contrario, signos físicos (uso de gafas, sobrepeso, etc.), en definitiva, rechazar la diferencia.

No podemos hablar de perfiles específicos que reflejen al agresor, al acosado y a los testigos.

Sin embargo, el agresor con sus actos contra la víctima refuerza su narcisismo, a la vez que compensa otras situaciones donde no tiene un lugar privilegiado porque los otros le temen. En la mayoría de los casos, son chicos/as que han sufrido humillación o maltrato por parte de su familia o por parte de sus compañeros. Al depositar su angustia en la persona acosada, se libera de la suya propia.

Transferir la angustia al otro es un mecanismo psíquico básico. Es el caso del sadismo o del masoquismo. Un sádico disfruta y le excita ver sufrir a la víctima, y cuánto menos ésta se defienda, más dura y cruel será su actuación. No siente culpa.

En cuanto al acosado/a no denuncia al agresor, ya sea por miedo, por debilidad. No cuenta lo que le está ocurriendo por temor a no ser creído, porque piensa que los adultos no podrán solucionar nada. A medida que avanza el acoso, se encuentra más aislado, se autosegrega, se encierra cada vez más en sí mismo, se produce una ruptura del lazo social. En algunos casos, en sujetos con una estructura psíquica muy débil, estas situaciones lo pueden conducir al suicidio.

Por tanto el aislamiento es uno de los índices más fiables de estar sufriendo acoso.

En cuanto a los testigos, éstos son cómplices en algunos casos mudos y en otros ensalzando al maltratador, aunque luego y de forma anónima envíen wasaps a la víctima compadeciéndose de la situación que están viviendo. Se explica esta conducta, por el pánico a ser ellos mismos los segregados, los excluidos.

Sabemos que los vínculos tempranos que los niños establecen con los padres son determinantes para que éstos desarrollen sentimientos de confianza, pertenencia y protección.

el aislamiento es uno de los índices más fiables de estar sufriendo acoso

El segundo lugar de socialización del niño es la escuela. Allí es donde el sujeto se enfrenta de manera inaugural y con el bagaje adquirido en su seno familiar a relacionarse con otros, sus iguales y también con otras figuras como el maestro, y distintas personas que componen el centro educativo. Es necesario una comunicación e intercambio entre las familias y los colegios, para prevenir posibles situaciones de acoso.

En muchas comunidades se están implementando programas de prevención del acoso, tales como el TEI, (tutoría entre iguales) que es una estrategia diseñada para la convivencia escolar.

Es fundamental un trabajo en red donde colaboren profesionales, maestros y familiares para poder abordar las posibles situaciones de acoso.

Los adultos deben dejar de mirar hacia otro lado, deben estar atentos y acompañar prioritariamente con palabras a estos jóvenes, rompiendo así el silencio que impera en esta fenomenología del acoso.

 

Mirta García Iglesias

(Psicóloga Clínica-Psicoanalista. Miembro de la Asociación Cultural Vínculo)

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