‘¿Qué es educar?’

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educar-colegio-reina-de-la-paz-brunetePuesto que lo prometido es deuda, continuamos con la publicación de artículos sobre educación desde el Colegio Reina de la Paz.

Desde una perspectiva cristiana, como ya anunciamos, este mes nos centraremos en aclarar en qué consiste la educación. ¿Qué pretendemos que se lleve consigo un alumno cuando termine su etapa de escolarización?

Según Santo Tomás, educar es llevar al hombre a la perfección, que es el estado de la virtud. Nos enseña el Catecismo que las virtudes humanas “son actitudes firmes, disposiciones estables, perfecciones habituales del entendimiento y de la voluntad que regulan nuestros actos, ordenan nuestras pasiones y guían nuestra conducta según la razón y la fe. Proporcionan facilidad, dominio y gozo para llevar una vida moralmente buena. El hombre virtuoso es el que practica libremente el bien”.

El ser humano por naturaleza tiende a la felicidad, y qué gran papel desempeñaría la escuela si muestra a los niños cómo alcanzarla. Solo podrá ser feliz el hombre bueno, el hombre virtuoso, el que es capaz de practicar libremente el bien.

Hablábamos de llevar al niño a la perfección. Esa “perfección” no es una idea general inalcanzable, sino que se concreta para cada uno de los alumnos, atendiendo a su singularidad. Un maestro no tiene “un grupo de alumnos”, sino que tiene a Samuel, Adrián, Ana, etc.… una serie de niños concretos, cada uno con sus características, talentos, defectos y personalidad propia, que el maestro debe conocer. La tarea del maestro, la educación de los niños, consiste en lograr que estos desarrollen al máximo sus talentos y capacidades, alcanzando así cada uno su perfección. Nada de igualitarismos, porque cada niño es único e irrepetible, y habrá que trabajar con cada uno aquello que necesite.

San Juan Bosco señala como objetivo de la educación hacer de los niños “buenos cristianos y honrados ciudadanos”. Un ciudadano honrado es aquel que es virtuoso, y ser virtuoso es tremendamente complicado si no se es también un buen cristiano.

La historia muestra que alcanzaron un alto grado de virtud filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles habiendo vivido cuatro siglos antes de Cristo –siendo por tanto paganos, no cristianos- y es Platón quien nombra las cuatro virtudes que hoy la Iglesia enseña como virtudes cardinales. Sin embargo, hay dos argumentos que llevan a señalar que la educación ideal es la que va acompañada de la fe cristiana.

hay dos argumentos que llevan a señalar que la educación ideal es la que va acompañada de la fe cristiana

En primer lugar, la gracia de Dios que se recibe a través de los sacramentos facilita enormemente la adquisición y práctica segura y perseverante de las de virtudes, mucho más costosa si se cuenta solo con las fuerzas humanas. Además, hay algunas virtudes que son incomprensibles desde cualquier otra perspectiva que no sea la de Cristo, como por ejemplo la humildad, base del resto de virtudes; o la caridad, incluso con los enemigos.

Y en segundo lugar, en Cristo -Camino, Verdad y Vida- tenemos la roca sólida sobre la que cimentar el edificio de la educación del niño. Se puede enseñar a ser un buen ciudadano, pero no servirá de nada si los niños no tienen motivos convincentes para elegir ese camino. ¿Qué les va a hacer decantarse por la honradez antes que por la corrupción, cuando es mucho más fácil y tentador lo segundo?

No hay razón más poderosa que la que nos da la fe, que nos muestra el principio y fundamento de nuestras vidas. Si nos sabemos amados por Dios, que nos ha creado para que sirviéndole seamos felices aquí en la tierra -en la medida en la que se puede- y después plenamente en el cielo, ¡he ahí la motivación para elegir el bien, con el esfuerzo que supone, antes que el mal!

Así se entiende pues la educación desde la óptica cristiana: consiste en sacar lo mejor del niño ayudándole a desarrollar plenamente sus talentos, y en posibilitar esa apertura a la trascendencia para que en la unión con Dios encuentre el motivo para elegir el bien, elección que podrá llevar a cabo solo si las virtudes y no los vicios priman en él.

La formación académica en las distintas materias será idónea siempre que asentemos bien esta base, porque no escatimaremos esfuerzo por ser lo más competentes posible en todo, para poder servir así mejor a Dios y a los demás.

 

Dámaris Mora Huerta

(Profesora de Infantil)

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  1. «Un ciudadano honrado es aquel que es virtuoso, y ser virtuoso es tremendamente complicado si no se es también un buen cristiano… Si nos sabemos amados por Dios, que nos ha creado para que sirviéndole seamos felices aquí en la tierra -en la medida en la que se puede- y después plenamente en el cielo, ¡he ahí la motivación para elegir el bien, con el esfuerzo que supone, antes que el mal!» DISCREPO dado que se condiciona a ser bueno o malo a cambio de una recompensa en la tierra o en el cielo, se niega por tanto que cualquier ciudadano pueda serlo en ausencia de ser un buen cristiano. Cristo no lo olvidemos era judío.

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