Peña Volapie, una tarde de capea

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Clarines y timbales tocaron a Fiesta en los cerros de Villaviciosa. A las 11.30 horas del sábado, día 20 de junio, se abrieron de par en par los portones de la ilusión en la Dehesa del Guadarrama. Poco a poco la inmensa mañana fue poblando los encinares de socios y simpatizantes de la peña “Volapie”.

A nuestra llegada tomamos tiempo y espacio; pero especialmente tomamos unas exquisitas migas con huevos fritos, sabiamente aderezadas por la señora Hilaria, experta cocinera en comidas camperas, tantos años ejerciendo sus habilidades culinarias en las ganaderías bravas de Francisco Peña, en Alcañizo, y en El Boyeril de Casatejada. Migas con huevo y con vino, blanco y tinto –“Don Luciano”- ¡qué honor!; y con apetito; y con risas y alegría, saludos, abrazos y bienvenidas; y un gran ambiente, excelente, por lo festivo y por lo familiar.

Con las migas bien asentadas en el estómago y el vino aupando y apurando las voluntades más resistentes, la gente se echó al ruedo, probándose de valor y de miedo, de estilo, de arte y de afición, ante unas vacas muy bravas, pero muy nobles que hacían y dejaban hacer. Tal fue, que se dejaron torear, aceptando la peculiaridad de los estilos toreros que les eran propuestos por cada apostante. Y apostaron todos: Hombres y mujeres, niños y mayores; jóvenes y adultos; solteros y casados; padres e hijos; abuelos y nietos.

Todos se armaron de capa o muleta, y de mucho arrojo, y de mucho entusiasmo; y lo lograron; lograron estar, vivirlo, sentirlo y poderlo; que esto de burlar las acometidas de una fiera con un minúsculo trapito, confiere poder, más que poder, poderío. Algún revolcón suelto –amigo Pepe- para bautizar la insolencia, la emoción y la afición, y para recordar que esto no es cualquier cosa; que esto es distinto ¿verdad?; distinto a todo; ver venir el tren acometiendo, y esperarlo a pie, forzando la mente y la voluntad para no tomar las de villadiego, aguantando estoicamente bufidos y resoplidos que te suben reptando por el estómago, haciéndote sentir lo que nunca has sentido; tan fuerte, pero tan satisfactorio; esa gloria efímera de lo imposible, de lo milagroso; desde luego, de lo heroico.

Después la señora Hilaria tomó de nuevo los mandos y nos puso a todos frente a una suculenta caldereta de choto, de esas de chuparse los dedos; y lo remató con postres y helados, y cafés, copas, vinos, cervezas y refrescos. Luego nos dimos al cante; unos cantaban coplas, otros, las cuarenta, y otros,  órdagos y apretones; alguno, incluso, se aferró a la siestecita reparadora bajo las frondosidad de las centenarias encinas.

Al doblar la tarde y sus tonalidades, de nuevo las huestes de la señora Hilaria acometieron su plan culinario, atiborrando las mesas de cuantiosas y variopintas tortillas, y una típica barbacoa campera con panceta y choricitos, tan crujiente y tan oliente, tan apetitosa y tan sabrosa, que no pudimos resistirnos a tanto placer y a tanta gula.

Finalmente, cubata en mano -y en boca- nos entregamos a la tertulia, los chistes y la risa; esa risa tan contagiosa que aparece siempre, cuenten lo que cuenten, cuando las voluntades y las consciencias están tan a favor. Y allí, a esa hora del anochecer, ¡qué “agustito”!, aposentados en la explanada del cortijo, recibiendo en el rostro una brizna de brisa serrana, que venía a endulzarnos el final de la jornada. Completo el día; muy, muy completo; el día, la fiesta, el encuentro, la unión, la unidad, la armonía, la alegría. Todos, pues, contentos. Y todos, pues, obligados a reconocer y felicitar a esta nueva Junta Directiva de la peña “Volapie” por su saber hacer, por su sacrificio y, sin duda, por su acierto. Nos dieron lo que queríamos….Un gran día. ¡Enhorabuena, Araceli!, a ti y a toda la Junta Directiva; y gracias, muchas gracias por todo.

 

Luciano Nuevo

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