Mirta García: “Nadie está a salvo”

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Abdelhamid AbaaoudLa violencia más aterradora ataca de nuevo. Desolación, conmoción, miedo, espanto, dolor, ante unas imágenes que recorrieron el mundo entero.

Un antes y un después. Recordamos el cuadro de Goya, Las Parcas, donde visualizamos a Átropos, diosa de la mitología griega portadora de unas tijeras, simbolizando la fragilidad de la vida humana.

De pronto, el terror se adueña de nuestra rutina, rutina trastocada por el zarpazo atroz del sin sentido, y siembra de muerte y tragedia nuestro entorno más próximo.

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Vidas desgarradas, familias destruidas, todo es invadido por el dolor y la angustia. Y de pronto, el miedo se apodera de nosotros.

El miedo que paraliza, el miedo que se torna nuestro peor enemigo, el miedo que no nos deja vivir.

Aunque es un miedo que toma dos direcciones, miedo a los terroristas que siembran el caos y el terror, pero miedo también a gobernantes que nuevamente cometen errores y toman decisiones ruinosas para toda la humanidad.

Ante este sentimiento lo mejor que podemos hacer es actuar. Además este miedo nos atenaza más porque nos provoca impotencia; no está de nuestra mano actual contra él. Por eso tenemos que ser capaces de continuar con nuestra vida rutinaria. Precisamente haciendo, actuando, trabajando, produciendo, es la mejor arma con la que contamos para no quedar paralizados.

Por desgracia, en otros sentidos no ha habido un aprendizaje de los anteriores errores estratégicos y nuevamente se vuelven a producir. Golpe por golpe manifestó el ministro francés Manuel Valls, nos recuerda la Ley del Talión.

Somos nosotros, los ciudadanos de a pie, los que constituimos ese frente donde la violencia desatada y sin límites ataca una y otra vez.

El tema es sumamente complejo. Damos por supuesto que hay que acabar con el Estado Islámico, hay que debilitarlo militarmente, pero pienso que son los propios países árabes quienes tendrían que hacerlo.

Sin embargo son los propios países árabes, los que no llegarán a acuerdos, son numerosos los actores tanto de la zona en cuestión como de las potencias europeas y Estados Unidos los primeros interesados en no acabar con esta tragedia.

No olvidemos que son los propios musulmanes los que sufren en primera línea los ataques de la violencia yihadista. Sólo democratizando estos países, lograremos seguridad.

El miedo que paraliza, el miedo que se torna nuestro peor enemigo, el miedo que no nos deja vivir

Pero paradójicamente la Unión Europea y Estados Unidos apoyan incondicionalmente a algunos países de la zona, que a la vez apoyan al terrorismo.

Porque indudablemente surgen una serie de interrogantes, ¿cómo se financia el Estado Islámico? ¿A quiénes venden sus productos?  ¿Quiénes crean esos ejércitos de mercenarios?

¿Quién se beneficia de la venta de armas? Es muy difícil de creer que los servicios de inteligencia no conocen a la perfección las respuestas a estas series de interrogantes.

Lucha encarnizada entre Eros, representante de las pulsiones de vida, en esta ocasión, jóvenes que disfrutaban de un viernes cualquiera escuchando a su grupo favorito, amigos, parejas, familias, visualizando un partido de fútbol, tomando unas copas; frente a Thanatos, representante de la pulsión de muerte, que portaban estos jóvenes fanáticos, que en nombre de Alá, justifican su sacrificio.

Pulsión de muerte llevada a sus últimas consecuencias, capaces de morir para matar a sus supuestos enemigos.

Hay que parar la guerra en Siria. Como consecuencia de ella, han muerto centenares de miles de civiles, ha generado millones de refugiados y desplazados. Los políticos perdidos en una retórica inoperante, sin ninguna voluntad política en encontrar soluciones.

Y también nos preguntamos el porqué del fracaso de las políticas de integración, es difícil acabar con un enemigo tan poderoso, cuando ese enemigo comparte tu mismo hábitat.

Ante este sentimiento lo mejor que podemos hacer es actuar

Un especialista francés del islam y de las redes yihadistas, Gilles Kepel , argumenta que “el Estado islámico busca desencadenar una guerra civil en Francia” y “que los líderes del Daesh están convencidos de que la multiplicación de atentados ciegos organizará el linchamiento de musulmanes, ataques contra las mezquitas, agresiones a las mujeres con velo…..”

Y precisamente las políticas esgrimidas por los grupos más ultraderechistas son caldo de cultivo para estos fanáticos.

Es preciso que aunemos fuerzas para acabar con esta lacra que tiene en jaque al resto del mundo. No creo que sean suficientes políticas cada vez más restrictivas que en aras de la seguridad, vulneran nuestros derechos básicos. Es necesario un plan global y una política común, pero desgraciadamente son muchos los intereses en juego y una vez más como ya lo hemos visto a lo largo de la historia, puede más la codicia y la sin razón.

 

Mirta García Iglesias

Psicóloga Clínica-Psicoanalista (Socia Fundadora de la Asociación Vínculo)

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