«Mente sana»

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M. Yolanda R. Herranz.

Quien lo hubiera imaginado hace un año que, a día de hoy, siga intacta la promesa que me hice al inicio de 2020, aquella de afrontar las circunstancias según vinieran y no dar vueltas innecesarias a nocivos pensamientos, ¡con el año tan difícil que hemos pasado!, y cuyos que sus coletazos nos seguirán perturbando por algún tiempo.

Estamos inmersos en continuas olas de contagios, por el Covid que nos azotó durante el pasado año, que nos dejan sin fuerza y sin ganas. Sin ilusión. Sanitarios maltrechos que siguen en su empeño de salvarnos la vida a pesar de que nosotros vivimos la vida loca.

La salud no nos acompaña, ni la economía, ni la solidaridad… En cuanto a esto último hay discretos visos que fortalecen su continuidad, aunque muchas veces queden velados por el egoísmo innato del ser humano. Estoy en la creencia de que aún hay esperanza y que podremos afrontar lo que nos venga, juntos, aunando las fuerzas que nos queden, rechazando lo que nos desconcierta y avanzar.

En el transcurso de este año, a nivel personal, me he mantenido en mi calma; no he cedido ante bulos ignominiosos, ni calumnias premeditadas. Al principio lo dejaba pasar sin entrar en razonamientos, pero si la insistencia se hacía insufrible, lo borraba de mi círculo personal y continuaba con mi vida. Me ha ido bien y he mantenido mi serenidad.

Estoy en la creencia de que aún hay esperanza y que podremos afrontar lo que nos venga, juntos, aunando las fuerzas que nos queden

A veces pienso que conservamos a nuestro lado personas, cosas o situaciones que nos lastran, por el simple hecho de la costumbre o la necesidad de no sentirnos solos, o por cualquier excusa que se nos acomode en nuestra cabeza. En cambio, cuando te liberas, te das cuenta de que vas más ligero, que no precisas de relaciones tóxicas, ni objetos materiales para sentirte bien e incluso mejoras. Que perseguir al mundo no te hace más feliz, sino que sientes que te fallan las fuerzas y caes.

Por eso este pasado año ha sido, también para mí, un año de limpieza profunda a nivel personal. Me he desecho de cargas innecesarias y de amigos imaginarios que no aportaban nada a mi vida. Por otro lado, ha sido un año de reencuentros y de revalorización con lo que realmente importa y con quienes realmente merece la pena compartir tu camino.

Tengo menos ansiedad y tensión a la hora de afrontar situaciones que me ponen en alerta cuando sé que estoy siendo juzgada. Me pregunto, ¿hay buenos jueces? Mi respuesta es no. Ni siquiera los profesionales, ya sabéis, aquellos que estudian una carrera de Derecho y se pasan media vida intentando aprobar una Judicatura.

gracias 2020, por cómo me has enseñado a gestionar mis emociones

Nosotros mismos somos nuestros jueces, los que nos permitimos o no hacer o dejar de hacerlo y los que valoran esa decisión. Esos somos nosotros, sin necesidad de que nadie venga a mostrarnos el camino recto (¡y correcto!), cuando ellos mismos están recorriendo los tortuosos caminos de sus vidas.

Insisto en agradecer, ya que la gratitud nos conecta con la naturaleza y con la humanidad. Y nos sana. Por ello, gracias 2020, por cómo me has enseñado a gestionar mis emociones y gracias 2021, por tener la esperanza de que tus días me preparen para seguir viviendo.

Y gracias también por aprender a valorar, más que nunca, lo que significa perdonar y los efectos positivos que conlleva hacerlo desde el corazón.

Yolanda Rodríguez Herranz @MyolRh

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