Mayte Minaya asegura que apuntarse al Grupo de Montaña de la ONCE “fue como volver a la vida”

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La montañera de Villaviciosa de Odón, que comenzó a perder la vista hace 22 años, fue una de los integrantes de la primera expedición de la historia con personas ciegas que se realiza a nivel mundial a los Alpes Escandinavos que tuvo lugar el primer fin de semana de junio.

Es un ejemplo de superación ante las adversidades, un ejemplo de que querer es poder, un ejemplo de que muchas veces somos nosotros mismos los que nos ponemos nuestros propios límites, en ocasiones atenazados por el miedo. Ella ha vencido esas barreras y ha superado el temor.

Llegó a la localidad villaodonense en el año 2000, un municipio que le enamoró por su calidad de vida, y por ser un lugar donde “se puede pasear, te despiertan los pajarillos por la mañana y es tranquilo”.

Villaviciosadigital conversó con esta ingeniera de montes, que tuvo que dejar su trabajo hace cuatro años y que llegó acompañada por su fiel perro guía.

¿Cómo surgió la posibilidad de ascender los Alpes Escandinavos?

Desde que me afilié a la ONCE estoy en el Grupo de Montaña, siempre me había gustado, y me apunté. Empecé a salir con ellos una vez al mes, y para mí fue como volver a la vida. Hice alguna expedición previa y cuando se planteó este curso de formación de guías, me llamaron para preguntarme si me apuntaba y me uní. Para mí es un honor, y me emociona que cuenten conmigo. Le dije que sí, que me iba a Noruega y al fin del mundo.

¿Ha necesitado algún tipo de preparación especial?

Es muy importante la preparación física. Tienes detrás mucha responsabilidad, porque vas enganchado a una barra con dos personas más, y si tienes un problema, eso supone que los compañeros no llegan a hacer cumbre. Yo voy mucho al gimnasio y a la montaña a practicar.

También hemos tenido una preparación técnica para aprender a usar las herramientas en esas condiciones. Durante el invierno hemos estado practicando en la sierra de Madrid.

¿Cómo valora esta experiencia?

Magnífica. Éramos 22 y ha salido todo muy bien. La montaña une mucho y con la gente que haces cumbre, se te queda algo especial. Me llevo mucho de la parte humana.

¿Recuerda alguna situación en especial? ¿Algún momento duro, gracioso o tenso?

Ha habido de todo. Tuvimos muchísimo frío, luego niebla, muchísimo calor, ventisca, de todo. El momento en el que nos dio un ataque de risa, fue en el más complicado. Estábamos por una zona de piedra con aristas, y la caída era muy grande, entonces vino un guía y me dijo que se agarraba a mí para evitar posibles caídas. En ese momento le di las gracias pero le dije que el de atrás tampoco veía, y ahí yo creo que tuvo que poner una cara de pánico alucinante. (Ríe)

¿Cuáles son sus próximas metas en este sentido?

Hemos pensado alguna cosa, pero acabo de llegar y me tengo que centrar. Supongo que en verano haremos alguna cumbre por España y ya veremos más adelante.

“No somos un ejemplo de superación, somos personas normales”.

¿Qué opina de que España haya sido el primer país en organizar una expedición docente adaptada?

Creo que hace falta formación y que se sepa. Fuera de nuestro mundo, y fuera de España ni se sabe, ni se hace. Cuando fui a por el perro guía a Estados Unidos, no se creían que hiciese montañismo, no tenían ni idea. En una expedición, cuando nos cruzábamos con la gente, al vernos unidos con una barra, se pensaban que eran apuestas o promesas a la Virgen. Por eso creo que se necesita más formación y visibilización.

Mayte en los Alpes Escandinavos.

¿A qué se dedica?

Soy ingeniera de montes, aunque ahora ya no trabajo. En su día lo hice en el Instituto Nacional de Investigación y Tecnología Agraria y Alimentaria, y estuve allí durante casi todo mi desarrollo profesional.

¿Cuándo comenzó a perder visión?

Hace 22 años empecé a perder la vista en un ojo, y hace 10 en el otro. Además estoy afiliada a la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) desde el año 2012.

¿De qué manera le afectó esto a su vida profesional? ¿Y en lo personal?

Es algo que te afecta en todos los aspectos. En lo profesional te cambia totalmente, empiezas por no poder usar el coche para ir, luego no poder ir al monte donde yo trabajaba en ocasiones, y poco a poco surgen más problemas hasta que al final tuve que dejarlo hace cuatro años.

Es algo progresivo. Vas renunciando y asumiendo que no lo puedes hacer. Es complicado reunir discapacidad con vida laboral.

“Cuando ocurre algo que te cambia la vida, tienes que organizarte, luchar y buscar salidas”.

¿Qué le diría a las personas que están pasando ahora por su misma situación?

Cada situación es un mundo. Cuando ocurre algo que te cambia la vida, tienes que organizarte y buscar salidas. Es muy complicado dar consejos a alguien sobre qué debe hacer, pero luchar y buscar salidas es clave. Depende mucho del problema, no puedo ayudar a una persona que tenga una enfermedad de otro tipo, es complicado.

¿Cree que usted, como sus compañeros, pueden ser un ejemplo de superación?

No, no lo creo. Hay que meterse en los zapatos de otro para entender qué y por qué lo hace. Hemos tenido la oportunidad de hacerlo y de meternos en este mundo porque vivimos en Madrid. No somos un ejemplo de superación, somos personas normales. Hay que destacar el trabajo de los guías, que se ponen las botas y el abrigo, y haga frio o calor, salen con nosotros. Hay que valorar eso y darles las gracias.

Ha mencionado la importancia de vivir en Madrid para poder practicar montañismo. ¿Fuera de la región es más difícil?

Sí, fuera hay muy poco. Sólo hay guías en Valencia, o en País Vasco. Sin en vez de vivir aquí, viviese en otra provincia, no tendría la oportunidad. Esa es la pena y por eso es necesario que esto se difunda y se conozca, para que otra gente tenga la posibilidad de hacerlo.

¿Cree que en Villaviciosa de Odón hay muchas barreras arquitectónicas?

Muchísimas. El casco antiguo tiene calles pequeñas y estrechas, con árboles y papeleras, y la acera deja de existir. Más que por mí, yo lo veo para las personas con movilidad reducida, porque es horroroso. Por lo menos, que la parte nueva sí mantenga un grado de accesibilidad, pero la antigua en ocasiones se convierte en una yincana.

 

Ignacio Tuda.

Vídeo: ONCE

 

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