«Maternidad subrogada y abolicionismo, dos miradas feministas en torno a la tutela moral de la mujer»

2

En primer lugar he de advertir que soy consciente de que el tema de esta columna, la maternidad subrogada, es un tema difícil, controvertido, con causas y consecuencias no siempre fáciles de digerir ya sea en un sentido o en el contrario, y por ello opto por explicitar aspectos que pueden no resultar cómodos pero que considero necesarios para evaluar una situación que es bastante poliédrica, y en la que no siempre se explicitan la doble moral o los tabús que pueden subyacer de forma consciente o no.

Además, he de reconocer que me resulta doblemente doloroso, primero porque me aleja de un feminismo en el que suelo sentirme representada, por tanto, del que me duele discrepar, y segundo porque las discrepancias no siempre son bien llevadas por algunos de los que enarbolan ciertas banderas. Yo lo he vivido en lo que respecta a la legalización de la prostitución, de la que también hablaré por sus concomitancias.

La maternidad subrogada gestacional sucede cuando una mujer se ofrece a gestar en su útero un bebé que genéticamente y legalmente es de otros padres, una vez que se considera que reúne ciertos requisitos que le hacen apta física y psicológicamente para ello. Estas mujeres suelen gestar bebés de mujeres con problemas uterinos, varones homosexuales, personas “trangénero”…, y lo pueden hacer de forma altruista (la minoría), o cobrando un dinero por ello (la mayoría). Debido a que suele mediar dinero, dicha práctica comenzó a denominarse “alquiler de vientres”, pero hay países donde solo se puede hacer de forma altruista como Canadá, Australia, Brasil, Reino Unido y algunos estados de USA.

Autoescuela Triumph

En España este tipo de maternidad no es legal, pero los españoles la practican en los países donde lo es. Hace unas semanas se creó la Red Estatal contra el Alquiler de Vientres[1] de la que actualmente forman parte en torno a 150 organizaciones, la mayoría feministas y colectivos de LGBTI (lesbianas, gais, bisexuales, transgénero e intersexuales) para impedir la legalización de lo que consideran una “explotación reproductiva”. Comenzaron por manifestarse a principios de mayo en Madrid frente al hotel donde se celebró la Feria Surrofair que promovieron ciertas agencias para informar de la gestación subrogada en otros países. Por otro lado, hace escasos días el Comité de Bioética de España, dependiente del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, se ha postulado en contra.

Ya hace tiempo que el tema de la maternidad subrogada está levantando importantes ampollas no solo en los sectores más conservadores de nuestra sociedad, sino también en ciertos sectores del feminismo y la izquierda. Sobre ello han escrito en nuestro país recientemente autores como Almudena Grandes[2], Luis García Montero[3], Lidya Falcón..

De tal manera que la maternidad subrogada es una forma de “comprar bebés” poniendo precio al cuerpo de la mujer gestante

Aprovechando lo que dice Irantzu Varela[4], podemos resumir que la justificación fundamental por la que dichos sectores están en contra de la maternidad subrogada es porque consideran que la paternidad o la maternidad no es un derecho y que en ella los padres materializan su deseo de ser padres “comprando” un hijo genético que pare una madre que pone su “vientre en alquiler”, lo que a su modo de ver fructifica en una nueva retroalimentación entre el sistema heteropatriarcal y el capitalismo. Pues se da por hecho que la mayoría de las mujeres que se ofrecen como madres gestantes lo hacen sobre todo por dinero, porque se encuentran en situación de pobreza, y en esa tesitura no se puede considerar que su decisión sea auténticamente libre. De tal manera que la maternidad subrogada es una forma de “comprar bebés” poniendo precio al cuerpo de la mujer gestante.

Todo ello reprobable, máxime si consideramos que hay un montón de niños en el mundo que no tienen una vida digna y que todo el esfuerzo de esas personas que no pueden ser madres/padres “debería” ir dedicado a conseguir un grado máximo de adopciones de dichos niños. En general comparto las preocupaciones que hay detrás de lo indica Irantzu, así como de lo que han escrito los autores citados, pero observo que la cuestión no es tan simple y que hay aspectos que no se explicitan que podrían llevarnos a relativizar objeciones tan radicales. Como también hace Rosa Montero en una reciente columna que era necesaria[5].

Por ejemplo, en relación a lo referido en torno a la problemática de la adopción se me ocurren algunos interrogantes: ¿De verdad creemos que si no hubiera maternidad subrogada con el esfuerzo de estas personas que quieren tener hijos por subrogación se resolverían los problemas por los que no se realizan miles de adopciones necesarias en el mundo? ¿Por qué no consideramos que todos estamos llamados a colaborar en que se realicen esas adopciones, incluyendo como posibles adoptantes a convencer a aquellos padres y madres que tienen hijos biológicos y que desean y pueden económicamente tener más? ¿Somos conscientes de que en muchos países las personas sin pareja o las parejas homosexuales no pueden adoptar o lo tienen muy complicado? ¿Podemos exigir a los que quieren adoptar que esperen muchos años, como es usual, cuando pueden tener hijos mucho antes con la maternidad subrogada?.

Otro de los aspectos problemáticos, el más mencionado, es el de la falta de libertad de la gestante puesto que lo hace por dinero, lo que se considera una forma de “vender su cuerpo”. Esta justificación aparte de olvidar países donde la maternidad subrogada se hace sin que medie dinero como pago, parece olvidar que en todo el mundo la gente, y en concreto muchas mujeres, aceptan trabajos o funciones que consideran humillantes o bastante duros para su salud física y/o mental solo por asegurar la economía que garantice su supervivencia y la de su familia, si fuera el caso. Visto en profundidad, ello no deja de ser una forma de “venderse”, pero parece que nadie de los que habla de la venta del cuerpo femenino en la maternidad subrogada repara en ello. Es algo que igualmente sucede cuando se aboga por la abolición de la prostitución.

De hecho, como remarca el autor Pablo Pérez Navarro (este autor nos hace ver lo paradójico de que en estos temas se unan grupos de presión de moral conservadora con lobbies feministas  de izquierdas), es común que los colectivos contrarios a la maternidad subrogada previamente ya fueran abolicionistas en materia de prostitución, y los manifiestos de ambas luchas se parecen en los conceptos que utilizan.

Desde hace años considero que si reivindicamos que somos dueñas de nuestro cuerpo no se comprenda que también lo somos para gestar niños ajenos o para ser “trabajadoras del sexo”

Es evidente que la “trata” ha de ser duramente perseguida, y lo cierto es que no lo debe estar mucho ya que prolifera incluso en países democráticos. Pero no toda la prostitución parte de las mafias de trata, ni tiene detrás a proxenetas, hay mujeres que optan por ello para mejorar sus circunstancias laborales o vitales.

Igualmente hacen ciertos hombres y “trans”. Se reivindican como trabajadoras/es del sexo y quieren que dicha actividad esté regulada, con sus derechos laborales y sus deberes. En España existe una asociación de mujeres pionera en esta reivindicación, el colectivo Hetaira[7], o una fundación como la Fundación Triángulo que se preocupa por ello (especialmente en lo respectivo al colectivo transgénero). Recomiendo la lectura de Paula Sánchez[8], “¿Es neoliberal el trabajo sexual?” para profundizar en ello y preguntarnos por la validez de ciertas reflexiones que son usuales en la izquierda y que consiguen estigmatizar aún más el trabajo sexual.

Desde hace años considero, como Rosa Montero, que si reivindicamos que somos dueñas de nuestro cuerpo, y ello supone que somos libres para parir o no (no juzgando a quien considere que necesita abortar; he de reconocer que el aborto se me hace muy duro, pero más duro se me hace que haya madres que se vean obligadas a parir hijos que no quieren, a veces por causas terribles), no se comprenda que también lo somos para gestar niños ajenos o para ser “trabajadoras del sexo”. Es cierto, que en la mayoría de los casos no será por altruismo si no por interés pecuniario, pero es que para vivir no son pocas las personas que trabajan por dinero, les gusten más o menos sus condiciones laborales.

No comprendo que no se respete que una mujer pueda decidir por interés gestar un niño que no será suyo (ello no supone que descuide su gestación o no sienta empatía por los progenitores), o ser trabajadora del sexo, como opción laboral/económica en una fase de su vida. No deja de ser clasista, como indica Paula Sánchez negar la agencia a las mujeres que se encuentran en estas situaciones, es decir, su capacidad de decidir, que como la de todos está condicionada por sus circunstancias económicas y vitales (no todo es dinero), pero no determinada. Lo importante es que puedan dejar de hacerlo si quieren y además no se encuentren estigmatizadas por ello.

Las mujeres que gestan (como las trabajadoras del sexo) son duramente juzgadas, estigmatizadas, incluso si manifiestan que es algo que quieren hacer, que se sienten bien ayudando a traer una vida al mundo de otros padres (ellas ya tienen los suyos, es una condición). Precisamente el hecho de regular estas actividades les dota de derechos, de visibilidad, de cuidados sanitarios, de reconocimiento y merma el estigma que suelen sufrir socialmente (que repercute en sus hijos). Recomiendo que vean el vídeo del caso de Angélica, una mexicana que ha sido madre subrogada y vuelve a ofrecerse.

Si ponemos el foco en la demanda de trabajo sexual, nos damos cuenta de que existe desde la antigüedad por razones sociales varias, no siempre morales, pero tampoco siempre inmorales, y dado que sigue existiendo será mejor que se haga en las mejores condiciones de salud para los implicados, y en las mejores condiciones laborales para los trabajadores del sexo. Es la mejor garantía de evitar la explotación y combatir la trata de seres humanos con fines sexuales.

El mundo es complejo y querer jugar a que todo es blanco o negro no solo es poco inteligente, sobre todo a veces puede ser muy injusto, y casi siempre será hipócrita

Por otro lado, conviene no olvidar que hay personas que por sus circunstancias vitales (personas con diversidad funcional, problemas psicológicos, etc.) no tienen fácil acceso a las relaciones sexuales y que solo pueden acceder a ellas previo pago. Para estas personas también es importante que su necesidad no sea considerada indigna, no esté rodeada de tabús hipócritas, de juicios rápidos o perversos. El mundo es complejo y querer jugar a que todo es blanco o negro no solo es poco inteligente, sobre todo a veces puede ser muy injusto, y casi siempre será hipócrita.

Donde de verdad radica la violencia contra las mujeres, contra su cuerpo y su vida, es en el maltrato y el asesinato machista que llevan a cabo tantos hombres a las que son o han sido sus parejas en cualquier país del mundo, en las violaciones que sufren las mujeres en zonas de guerra, de narcos, de terroristas…, en el feminicidio al que asistimos en estas zonas todos los días, en la mutilación de sus órganos sexuales en culturas tradicionales, en la trata de mujeres y niñas con fines sexuales… Si a los estados les interesara más nuestra vida no habría tanto crimen impune.

Precisamente el reciente 25 de mayo ha habido en Madrid una manifestación para pedir que la violencia contra la mujer sea una cuestión de estado. Por dar solo un dato diré que en los últimos 14 años hay más víctimas de violencia machista que en 50 de terrorismo etarra. Sobre este fracaso de los estados ha escrito certeramente la antropóloga Rita Laura Segato[11].

Lo digo sin filtros, a mi parecer, detrás de la crítica de ciertos colectivos feministas que juzgan a las madres gestantes y a las mujeres trabajadoras del sexo que reivindican su trabajo veo subyaciendo, seguramente inconsciente, un poso importante de “ideología machista”, esa ideología que nos hace tutelables, menores de edad para decidir sobre el uso que damos a nuestro cuerpo, una paternalismo insano que tiene un interés mayúsculo en controlar nuestra forma de vivir el sexo y la reproducción, y que considera simbólicamente nuestro cuerpo como el receptáculo sacrosanto de no se sabe que recta y rancia “virtud” (Sobre ello he profundizado en el capítulo 2 de mi ensayo Ideologías ExcluyentesEd. Catarata).

Perdónenme si repito: no obvio que muchas mujeres se ven impelidas por sus circunstancias, seguramente fruto de la pobreza que ronda más a las mujeres, y a sus hijos, pero también es la pobreza, no la libertad, la que lleva a muchas mujeres en el mundo a trabajar duramente en las minas, en los basureros, en tareas agrarias o pesqueras, en duras tareas de limpieza… durante años, con extenuantes horarios, por escaso salario y con brutal castigo de su cuerpo, al tiempo, si es el caso, que van pariendo y amamantando hijos. ¿Ese maltrato de su cuerpo no nos duele? ¿No es suficientemente indignante? ¿Qué hacemos para que se prohíba internacionalmente? ¿Qué distingue sobre todo a estos trabajos explotadores de los otros que nos ocupan?: el estigma moral. (Por otro lado, ¿las condiciones de maltrato psicológico en las que muchas personas trabajan por dinero, no son también una forma de “prostitución del alma”?, ¿y las personas, tradicionalmente mujeres, que se han casado por interés no han prostituido al tiempo su cuerpo y su alma en grado máximo?,  ¿qué medidas tomamos para que no suceda?)

el cuerpo de las mujeres siempre ha querido ser controlado por el sistema patriarcal

Según Silvia Federichi, y las feministas que la citan, “el cuerpo de las mujeres es la última frontera del capitalismo”, pero no es cierto, el cuerpo de las mujeres siempre ha querido ser controlado por el sistema patriarcal, la cosa viene de antiguo, tiene que ver con el biopoder (que diría Foucault), se ha impuesto desde la moral tradicional y huele a machismo rancio y “puritano”. En consonancia con ello, también viene de antiguo considerar a las mujeres menores de edad, personas necesitadas de tutela por su debilidad emocional.

Sobre este poso se ha solapado el capitalismo. Las mujeres han sido educadas y han educado en ello durante milenios y es una pena que cierto feminismo (¿“puritano”?) no sea consciente de que este poso puede seguir contaminando nuestros juicios de valor, hasta hacerlos infantilmente maniqueístas al condenar o anular el raciocinio a otras mujeres, que no son víctimas de trata, por la toma de decisiones sobre lo que hacen con su cuerpo (Salvando las distancias este tutelaje recuerda cuando Victoria Kent justificaba que se negara el voto femenino durante la República porque las mujeres se dejaban influir por la iglesia. Clara Campoamor, luchó por lo contrario y cierta izquierda no se lo perdonó).

en general veo que, si se regula bien, esta paternidad estará más supervisada que cualquier otra

En lo que respecta a los derechos de los niños, quizá no está demás reconocer que en este mundo, nos guste o no, nacen cientos de miles de hijos que no siempre van a nacer en la familia que necesitan. Como dice Rosa Montero, la paternidad y la maternidad están mitificadas, cualquier pareja puede tener hijos aunque no estén formados moralmente para ello, por eso hay tantos abusos, tanta violencia familiar, tanta dejación de funciones. Ante ello concluye “no es que la idea me encante, pero lo que veo en los vientres de alquiler son embarazos buscados voluntariamente, gestaciones cuidadas y protegidas, padres investigados y niños intensamente deseados que les harán felices. O sea, veo mucho más bien que el mal supuesto”. A mí tampoco me encanta la idea, tampoco oculto que probablemente hay y habrá casos mal llevados, siempre puede haber intenciones perversas o negligencia en cualquiera de los que interviene en el proceso, como en cualquier actividad humana, pero en general veo que, si se regula bien, esta paternidad estará más supervisada que cualquier otra.

Por último, dado que la maternidad subrogada es una realidad en bastantes países y a nuestro país llegan todos los años cientos de niños fruto de la misma traídos desde el extranjero por sus padres genéticos españoles, considero que estigmatizar a esos niños y a sus padres no puede ser bueno para nadie, pero especialmente repercutirá en el desarrollo social de esos hijos y en su autoestima. Si queremos un mundo mejor también todos debemos hacernos corresponsables de ello. Como decía, el mundo es complejo y querer jugar a que todo es blanco o negro puede encerrar perversas consecuencias.

 

Yolanda Guío @Guiocerezo 

(Educadora y antropóloga)

Foto: Isan 

2 Comentarios

  1. Me gusta el tema presentado. Sin duda tiene muchos lados desde donde verlo y, en todos los casos, sus intereses particulares.
    Es complicado ya que hay razones éticas, religiosas, legislativas, por no poner más, para entender, legislar y admitir la maternidad/paternidad subrogada.
    En este caso la autora, acomete el tema, como dice desde una visión poliedrica ya que son los razonamientos que se ponen en liza para su comprensión. Incluso se posiciona, con lo que ello conlleva, valientemente dejando su opinión al respecto, defendiendo su reflexión.
    Mis felicitaciones.

  2. Veo una diferencia clara entre los dos problemas:
    – La subrogación atañe, y de qué manera, a los derechos del niño o niña. No estamos hablando de embriones aquí, sino de individuos hechos y derechos que un día pueden sentirse mal por haber sido objeto de mercadeo.
    – En el caso de la prostitución, sin embargo, es perfectamente concebible que, dentro siempre de los restringidos límites de la capacidad de agencia que tenemos las personas, dos sujetos lleguen a un acuerdo para la práctica sexual a cambio de dinero sin que un tercero sea objeto de trueque.

Dejar respuesta

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, escribe tu nombre aquí