«Más tierna que el Día de la Madre»

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Maribel Martínez comienza ‘En estas estamos’ su etapa como como columnista en Villaviciosadigital.es.

Cuando todo el mundo habla de Cataluña, debates, elecciones, fascismo y crisis. Yo quiero hablar de amistad, lealtad, respeto, tolerancia y amor, mucho amor.

Quiero continuar con mi fama de ser “más tierna que el Día del Madre”. Después de que una revista de Villaviciosa de Odón me calificara así para desprestigiarme como política y como persona, yo decidí que esa sería mi forma de  actuar.

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Que quede claro que estoy preocupada por el avance de la intolerancia y un fascismo galopante. Estoy cansada y desilusionada con la mayoría de los políticos pero nunca con la política, un ejercicio noble y absolutamente necesario.

Estoy triste por si viene otra crisis. Vendrá, no lo duden, y la pagaremos los mismos. Y la utilizarán como excusa para crear más xenofobia, porque siempre es más fácil culpar al pobre que luchar contra el poderoso.

Estoy desconsolada, muy desconsolada con la facilidad con que se pierde el respeto, se insulta (sobre todo en las redes). Si alguien no es de tu idea política puedes llamar  piojoso, puta, mal nacido etc, pensando que «no pasa nada, es un contrario y los míos me apoyaran».

Cuando todo el mundo habla de Cataluña, debates, elecciones, fascismo y crisis. Yo quiero hablar de amistad, lealtad, respeto, tolerancia y amor, mucho amor.

Estoy deshecha por las manadas que violan y por la justicia que las absuelve. Estoy amargada por el abandono de ancianos y niños. Estoy afligida por los que no respetan a los diferentes. Estoy abatida por los que consideran que amarse mejor en privado. Estoy  desolada cundo se crean odios entorno a una bandera. Estoy angustiada con los que no respetan a los animales ni el medioambiente. Estoy hastiada de los que consideran que por ser mujer tengo menos derechos y menos libertades. Estoy contenta por el cariño que me demuestran mis vecinas… Estoy encantada con mis amigas y amigos que son capaces de salir en pijama para consolarme. Estoy alegre por que los niños me regalan pulseras de realización propia con arcoíris. Estoy satisfecha de mantener lealtades e ideales. Estoy radiante cuando un grupo de personas sin conocerse se lanzan a salvar animales y plantar árboles o recoger plásticos. Estoy jubilosa de compartir mi vida con personas diversa de países, color de piel, religión.

En definitiva, yo que soy de frases cortas y puntos suspensivos y más tierna que el Día de la Madre, he decidido ir a votar el día 10 de noviembre. Por lo que me entristece pero, sobre todo, por lo que hace que la vida merezca la pena.

Maribel Martínez García

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5 Comentarios

  1. Estimada Maribel, no suelo hacer comentarios en redes sociales y medios de comunicación. Tampoco soy de Villaviciosa. Pero en este caso me aventuro a escribir una líneas porque pretendo seguir tu contribución en este medio.

    Comienzas con una verdadera declaración de intenciones con el fin de llamar a la participación en las próximas elecciones. El planteamiento y el objetivo están claros, pero todo lo que escribes de por medio, chirría. Y lo hace porque a pesar de afirmar que quieres ser positiva y tierna, dedicas más de la mitad de tu entrada a palabras negativas que, desde luego, se encaminan hacia todo lo contrario: triste, deshecha, amargada, afligida, abatida, angustiada, hastiada…He de decir que estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, el mundo es un lugar que nosotros mismos nos encargamos de hacer más complicado. Y desde luego tu entrada da para muchos comentarios, sin duda. Pero me gustaría detenerme en una de esas palabras negativas en particular. Desconsolada. Te provoca desconsuelo, afirmas, la facilidad con la que se pierde el respeto y se insulta. Pues bien, Maribel –y lectores de esta columna–, me gustaría decir que llamar fascista a alguien es también un insulto. O al menos es lo que siempre que empleáis ese término pretendéis. NO soy una persona de derechas, tampoco de izquierdas. Lo que sí soy es conocedor de la Historia, la que se escribe con mayúsculas, la que se divulga con mejor o peor suerte por los verdaderos profesionales, y que tanto los políticos como los medios se empeñan en prostituir con fines económicos o electorales, alejados de método científico alguno, siempre partidistas, sesgados y adaptados a la medida de los intereses del momento. Y el momento, con la salida de los restos del dictador y la polémica (y rescoldos reavivados artificialmente, no lo olvidemos) generada en torno a ello es lo que motiva este comentario.

    Verás, Maribel, el fascismo es una ideología política como el anarquismo o el comunismo. Y como el nacionalsocialismo (nazismo). Pero existen grandes diferencias que en nuestro caso, el de España, se confunden con demasiada alegría. Que Franco fue un dictador poca gente cabal lo duda. ¡Subrayo cabal! Pero, desde luego no era fascista. O al menos no totalmente. Franco, como individuo, no era de ideología fascista, pues bebía más de aquellos ideales políticos decimonónicos que encarnan políticos tradicionalistas como Cánovas del Castillo; es decir, ideales muy anteriores a la creación del fascismo. Esta ideología fue la base a la que Franco y sus asesores añadieron prendas hasta crear el traje final: el franquismo.
    Durante los años de dictadura se creó, como creo que se sabe, un único partido: FET de las JONS, o lo que es lo mismo, Falange Española y Tradicionalista de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista. Es decir, que por un lado tenemos a los falangistas, un grupo político inspirado (repito, inspirado) en el fascismo italiano; por otro a las JONS, un batiburrillo «a la española» con ideas del fascismo italiano y del nacionalsocialismo alemán; por otro, los tradicionalistas que comentaba antes, es decir, todos aquellos grupos monárquicos y conservadores del Estado. Junto a esto, un nacionalismo español de raíz católica, que se venía desarrollando en los sectores conservadores desde las últimas décadas del siglo XVIII, en consonancia con otros nacionalismos como el francés o el portugués.

    Después de esto, espero que se pueda entender que fascismo, nazismo y franquismo son cosas diferentes, de la misma manera que lo son socialismo, anarquismo y comunismo, con todas sus divisiones internas. Por ello, llamar fascista a alguien por tener una ideología de derechas más o menos radical, por llevar la bandera del estado –la constitucional que preside o debería presidir todos aquellos lugares de carácter público–, es caer en el insulto fácil y provocar, al menos el quien les escribe y el quienes conocen estas diferencias que comentaba, una risa interna y un sentimiento de lástima por la incultura intrínseca en quien emplea esa palabra como insulto.

    El hecho de insultar es del todo reprobable, pero si alguien siente la necesidad de hacerlo hacia alguna persona de derechas, que al menos emplee el término correcto: franquista. O mejor aún, dictatorial, que eso engloba también a otros dictadores que parecen menos conocidas como Mao Zedong, Josef Stalin, Ismail Enver Pasha o Kim Sung. Llamar fascista a alguien por no ser afín a tu ideología política también se incluye en tu frase «no pasa nada, es un contrario y los míos me apoyarán».

    Leamos más Historia, de esa que investigan y contrastan los historiadores (no los periodistas que juegan a ser historiador, por favor, esos no!). Los historiadores son aquellos que tienen formación específica, conocimientos amplios y capacidad para desarrollar un trabajo totalmente desconocido pero que, como decía Heródoto, ayudan a saber del pasado para entender el presente y no repetir errores en el futuro.

  2. Sí Maribel, yo también estoy harta de la falta de respeto, la intolerancia, el individualismo, el egoísmo y la deshumanización que está imperando cada vez más en nuestra sociedad, de que no seamos capaces de ponernos en la piel del otro, lo que hace que nos enfrentemos unos a otros, perdiendo razones y libertades, y que ciertos políticos inciten a ello y a cosas peores, sin importarles las consecuencias, sólo por conseguir su cota de poder. Por eso, también voy a votar el 10 de Noviembre, y espero que con mi pequeño voto, y muchos otros pequeños votos como el mío, seamos capaces de cambiar esta tendencia.

  3. Sustituyo el comentario de antes por este: Sí Maribel, estoy contigo, yo también estoy harta de la falta de respeto, la intolerancia, el individualismo, el egoísmo y la deshumanización que está imperando cada vez más en nuestra sociedad, de que no seamos capaces de ponernos en la piel del otro, lo que hace que nos enfrentemos unos a otros, perdiendo razones y libertades, y que ciertos políticos inciten a ello y a cosas peores, sin importarles las consecuencias, sólo por conseguir su cota de poder. Por eso, también voy a votar el 10 de Noviembre, y espero que con mi pequeño voto, y muchos otros pequeños votos como el tuyo y el mío, seamos capaces de cambiar esta tendencia. Ojalá hubiese más politic@s buenos como tú, que transmitiesen este tipo de mensajes y no otros. Un besazo.

  4. Efectivamente, leamos más historia Sr Rubens (noble seudónimo, digno de mayor acervo cultural) Sólo leyendo historia se puede analizar con perspectiva los movimientos y pronunciamientos neofascistas ( si f-a-s-c-i-s-t-a-s ) que orlan nuestro momento político nacional. La retórica pseudocultural no puede ocultar el sesgo de la intolerancia rancia y zafia con la que se contesta a lo que es, simplemente, una reflexión de posicionamiento frente al inculto Revolutum que se está haciendo de las opiniones políticas frente a la nueva convocatoria electoral. El fascismo (ultranacionalista, populismo, autoritarismo…) lo sigue siendo en este país, ahora sin pudor y sin vergüenza, intentando ocultarlo con milimétricas afirmaciones «pseudohistóricas» . No voy a embadurnar con siglas esta jornada, por respeto a esa democracia que algunos parecen despreciar, pero el fascismo, con los afeites creados para maquillarlo, se presenta a estas elecciones, y merece que la ciudadanía se apreciaba de ello, y no tenga que lamentar después el uso que ha hecho de su voto democrático.

  5. Estimado Luis, a pesar de lo engolado de tus palabras, lo que se oculta tras ellas es una profunda falta de lectora. Lo que en su comentario califica de pseudocultural indica claramente que estamos ante una forma de insulto, enmascarada en palabrería pomposa, que se refuerza con el uso de palabras como “intolerante”, “rancio” y “zafio” con los que usted, desde su atalaya de izquierdista moralizante poseedor de la verdad absoluta, califica mi comentario. Insisto, como decía en mi primer comentario, que suscribo todo lo que se decía en la columna de opinión. Opinión, por cierto, que usted no respeta con sus adjetivos descalificafivos.

    Debo aclarar, dada su nula capacidad de entendimiento de un texto, que el objeto de mi comentario no era sino denunciar el mal uso que le damos a determinados conceptos, aunque con personas que no tienen capacidad de comprender conceptos, es norma que esto suceda.

    No seré yo quien saque a relucir formalismos académicos (los cuales, por cierto, no solo conozco de primera mano sino que los manejo en mi día a día como científico escrupuloso con la verdad histórica), pero me gustaría recordarle que no es lo mismo fascista que neofascista. Y menos aún, fascismo es sinónimo de populista o ultranacionalista, pero sí, fíjese por donde, lo son de dictatorial, como dije en su momento.

    Y haciendo gala de ese desconocimiento cultural del que se me acusa, le diré que me resistiré a responder a su seguro comentario, empleando el mismo estoicismo que influyó al pintor flamenco en su pincel y en su filosofía vital.

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