Manolo, no te interesa trabajar

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Parado

Se me cae el alma a los pies cuando veo a mi alrededor como se desperdicia el talento, como personas válidas, en la cima de su carrera profesional quedan aparcadas en un área de descanso indefinido por la falta de oportunidades que genera el dichoso paro.

Manolo es un tipo activo, de los que no le asusta el trabajo por temprano que haya que levantarse, por eso, cuando llegó la carta de despido, se enfrentó a ella con cien planes para buscarse un nuevo empleo y no permanecer parado ni un solo instante. Desde el primer día estructuró sus días como si de una jornada laboral se tratara, sondeos del mercado de trabajo por Internet, citas a través de su red de contactos, visitas, entrevistas, en definitiva, un no parar con el claro objetivo de recolocarse.

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Pronto fue encontrándose con los primeros escollos, que si la edad, que si el sector de la consultoría informática está muy tocado, que si exigen la necesidad de cambiar de ciudad de residencia y el dichoso inglés que no termina de dominarlo.

El tiempo pasaba y poco a poco las fuerzas fueron flaqueando hasta que llegó al convencimiento de que esta situación iba para largo. Por otro lado, los ingresos familiares se habían resentido, pues ahora cobraba los 1.150 € de la prestación por desempleo que junto al sueldo de su mujer, les daba para vivir, aunque sin muchas alegrías. Entre unas cosas y otras, decidió dar un giro, prescindir de los servicios de la asistenta, sacar a los niños del comedor del cole y convertirse así en un moderno amo de casa.

Los días pasaban entre el súper y el aspirador llegando a verse en una situación en la que nunca se había imaginado, hasta el punto de que cada vez le dedicaba menos tiempo a la tarea de buscar empleo. Y lo que son las cosas, cuando menos se lo esperaba, una oferta se cruzó en su vida hogareña. Un proceso de selección de los que le dijeron “ya le llamaremos”, resulta que pasado el tiempo, realmente le llaman.

El proyecto tiene buena pinta, desarrollo informático de nuevas aplicaciones para móviles, mantenimiento de plataformas de servicio on-line y 1.400 € a casa cada mes, nada que ver con lo que ganaba antes pero, así está el mercado ahora. Lo malo, ir todos los días desde Villaviciosa a un polígono industrial de San Fernando de Henares, total hora y media de ida y otro tanto de vuelta en transporte público, o bien 300 euros mensuales de gasolina y mantenimiento de coche.

GraficoPero, su alegría inicial por el fruto de los ocho meses de búsqueda se difumina cuando abre una página de excel y compara la situación económica que le trae el nuevo empleo con su actual vida de encargado de hogar. Faltar de casa tantísimas horas supone tener que contratar a una persona a media jornada para hacer las labores domésticas y pagar su Seguridad Social, 100 kilómetros diarios conlleva un coste importante en tiempo y en dinero, la jornada partida le obliga a comer fuera de casa y a que los niños se queden en el comedor colegio, y por último, tendrá que ir renovando su vestuario para adecuarse al puesto que ha de desempeñar. En definitiva, todo sumado implica que su salario se va a limitar a 100 euros al mes.

“Manolo, no te interesa trabajar” se dice a sí mismo no pudiendo creer lo que ve en la pantalla de su ordenador. Y lo peor de todo es, ¡que tiene razón!

Maldita sea la falta de oportunidades en el mercado de trabajo que lleva a los profesionales a no tener elección, maldita sea la falta de flexibilidad del empleo que obliga a las personas a adaptarse al trabajo en lugar del trabajo a las personas, y maldita sea la cultura empresarial de nuestro país que todavía piensa que echar muchas horas es síntoma de productividad.

El resultado, como tener en propiedad un edificio de viviendas en la Castellana vacío, sin ocuparlo, ni alquilarlo, viendo como se deteriora.

¿Podemos permitirnos en España perder nuestro principal activo, el talento de nuestros profesionales?

 

 

Joaquín Puerta  @joaquinpuerta

Asesor de empresas en taimar.com

Autor del libro “El secreto para interpretar balances de un vistazo”. Libros de Cabecera. 2ª edición.

Foto: Luc De Leewn

 

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