Los niños palestinos ‘A tiro de piedra de la cárcel’, una vida de constante miedo y violencia

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Rami Ismael Abu Haniyeh junto a su madre en la presentación del documental 'A tiro de piedra'

Hay niños que se hacen mayores a la edad de cinco o seis años, incluso más pequeños aún. Viven en constante miedo pasando por situaciones extremadamente violentas que dejan en ellos unas secuelas eternas. Rami Ismael Abu Haniyeh tiene 16 años, es un niño palestino que llega a Madrid para alzar la voz de muchos como él, niños que se encuentran constantemente ‘A tiro de piedra de la cárcel’.

Este es el título del documental, la ópera prima de la directora bilbaína, Raquel Castells, que fue rodada en la primavera de 2012 en Territorio Ocupado y que acerca su objetivo a la realidad de los más de 7.000 niños palestinos encarcelados por Israel. Por desgracia, entre los protagonistas de esta triste y cruda realidad, está Rami, que fue condenado a seis meses de prisión por lanzar piedras.

“La piedra no hace nada contra un tanque, ni tampoco daña a soldados armados hasta los dientes. Es una respuesta natural cuando vemos los jeeps entrar en nuestro territorio. Rechazamos su presencia tirando las piedras. Para entendernos hay que vivirlo, no es lo mismo verlo aquí sentado en una butaca. Sólo pedimos paz y seguridad”, asegura Rami a los asistentes, entre los que se encuentra Villaviciosadigital, después de la presentación de la cinta en la Cineteca de Madrid. Es la primera vez que se sienta a ver su propia vida en pantalla grande.

Su madre, que le ha acompañado a Madrid, se limpia las lágrimas emocionada. Visionar su día a día es muy duro para ellos. Entre los muchos testimonios de familiares con los que cuenta este trabajo, también están las voces de niños como Mohammed y Ahmed. Sólo son niños, les gusta los ordenadores y jugar a la Playstation. Si la ocupación sospecha de alguno de ellos, los atrapa. Sus madres nunca están tranquilas. Viven bajo mucha presión.

Vivir va en contra de la ley

Mohammed, tiene 14 años y ha sido detenido seis veces. Después de haber pasado por la cárcel está siempre tenso, incluso con amigos y familia. “Todo lo que permite a la gente vivir va en contra de la ley, si un soldado viene a pegarte y te defiendes, va en contra de la ley”, asegura en el documental. Como niños que son, también dibujan, pero sus lápices añaden en el papel cámaras de seguridad que les están continuamente vigilando. Todos son conscientes de que la familia no puede protegerlos y eso les atormenta y al mismo tiempo les choca. A muchos niños se los llevan de madrugada, entran en las casas a golpes y llegan hasta las habitaciones donde les detienen bajo el llanto de la madre y la impotencia del padre.

Rami y su prima muestran el grafiti de bienvenida que los amigos de Rami le hicieron cuando fue liberado de la cárcel  “No voy a la escuela, la mayoría del barrio está en la cárcel”, cuenta otro de los niños. Cuando regresan a sus casas, mucho son violentos, sienten ira y tensión porque al regresar ven como nada ha cambiado, todo sigue igual. Israel no respeta las obligaciones de las leyes internacionales.

Rami, que vive junto a su familia en el campo de refugiados cerca de Hebrón, Cisjordania, y que fue encarcelado con sólo 14 años tuvo muy claro la importancia de participar en este documental. “Quería contar lo que había vivido en la cárcel, y que se conociera qué está pasando allí. Me tuvieron 3 días en A’tzion (un centro de interrogatorio) para interrogarme, sin comida ni agua, nada. Todo lo contrario, si pedía agua el soldado me la echaba por encima. Después de haber vivido encarcelado durante 3 meses con sólo 14 años, en ocasiones en régimen de aislamiento, estar en este documental, es una forma de luchar por los derechos de todos los niños palestinos”, explica.

En el silencio de muchas noches se escuchan los gritos de “¡mamá, mamá!”, los atan, les tapan los ojos, los meten en los jeeps y algunos son golpeados por los soldados. Les cogen antes de los exámenes de la escuela y les hacen perder así, un curso más. Es una forma de presionar a las familias. En el documental una de las madres explica que estuvo sin poder ver a su hijo durante cinco meses. “No pude ni llamarle. Cada minuto sufro, no cada día, cada minuto”.

En los interrogatorios, a los niños se les hace firmar las confesiones en hebreo, una lengua que no leen ni escriben. No entienden lo que firman pero lo firman para salir del infierno. Los jóvenes que van creciendo sufren por los hermanos que tienen más pequeños. “No confío en nadie, he dejado de salir con mis amigos”, explica otro de los jóvenes.

Por todo este horror, muchos de ellos sueñan con convertirse en abogados para defender a los niños. En el documental sus voces no son las únicas, a ellos se unen y sin precedentes, Amira Hass, corresponsal del diario israelí ‘Haaretz’ en los Territorios Ocupados, premio Reporteros Sin Fronteras o el UNESCO a la libertad de prensa; Ana Carbajosa, ex corresponsal de El País en Jerusalén; Avihai Stollar, miembro de ‘Breaking the Silence’, la ONG de ex solados israelíes; Nader Abu Amsha, responsable del programa de rehabilitación de ex prisioneros del YMCA de Jerusalén, y Shawan Jabarin, director de la Organización Palestina de Derechos Humanos AL-HAQ, que ha sido encarcelado en varias ocasiones por su activismo.

Desaparecer en mitad de la noche

Raquel Castells, directora del documental explica que era una historia que tenía que contar: “He vivido 4 años en Jordania, y he conocido de cerca la realidad que viven los niños palestinos, y también cómo muchos israelíes y palestinos de distintas organizaciones trabajan por detener los abusos y resolver el conflicto. Y quería que fueran los niños palestinos, Rami, Mohammed y Ahmed, los que contaran en primera persona su vivencia pero también quise incluir testimonios de testigos oculares de esta realidad”.

A esto, añade: “Desde lo personal, soy madre, y tengo un hijo con la misma edad con la que encarcelaron a Rami, y toda madre quiere que respeten los derechos fundamentales de sus hijos”.

Crecer en los territorios Palestinos ocupados no es fácil. Cuando sales de casa para ir al colegio, tu madre no está segura de cuando volverás. Quizás esa noche, quizás un año más tarde. Un paseo con tus amigos puede acabar en interrogatorio en comisaría. En cualquier momento, un grupo de soldados puede despertarte y llevarte a ti, a tu hermano o a tu padre a la cárcel y esposarte delante de todos los tuyos. Cada día se detiene a dos niños.

“El fin de la ocupación es la única salida”, subraya Avihai Stollar, un combatiente veterano que ha servido en el ejército israelí, al igual que los demás miembros de ‘Breaking the Silence’, organización que recoge y publica testimonios de soldados que han servido en Cisjordania, Gaza y Jerusalén Este.

Texto e imagen de portada: Natalia Pulido. @npulidojimenez

Fotografía: Carlos Gil Santa Eugenia

 

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