«Los hombres que no aman a las mujeres»

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Análisis de nuestra “cultura de la violación” a partir del caso de «La manada».

Desde hace días hay un tema que ocupa y preocupa muchas de nuestras noticias y conversaciones. Se trata del juicio que se desarrolla por la presunta violación de una chica de 18 años en los Sanfermines de 2016 por parte de cinco adultos (superan los 28 años) que se autodenominan “La manada”, a la que además quitaron el móvil para que no pudiera pedir auxilio.

En la medida en que aún no se ha dictado sentencia solo puedo hablar de “presuntos” delitos. Los acusados grabaron al menos siete vídeos de lo que hicieron, donde –dicen los expertos que los han visionado- se les oye jalearse unos a otros para los turnos, etc., se les ve cómo tiran del pelo a la chica o cogen sus caderas para moverla, mientras ella está en actitud pasiva y con los ojos cerrados.

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La víctima fue atendida por una pareja que la encontró llorando y llamó a SOS Navarra. Gracias a ello fue atendida por agentes de la Policía que han declarado que la encontraron en estado de shock, con llanto desconsolado que le dificultaba contar lo ocurrido, y rogando que no la dejaran sola.

Los informes de los forenses que la atendieron indican que tenía un eritema compatible con lesión sexual y una actitud de confusión y silencio acorde con una situación de violación. Igualmente encontraron restos de semen de los encausados.

Tres horas después de los hechos la chica tenía un índice de alcohol en sangre de 0.9 gr, casi dobla el máximo permitido para conducir. Ellos se declaran absolutamente inocentes y mantienen que fue una relación consentida (mientras hago este artículo están en proceso de testificación, aunque cuando fueron detenidos se negaron a declarar). La víctima ha testificado que entró con los chicos cogida del brazo, «pensando que fumarían un porro», que no sospechaba lo que iba a suceder y que cuando se vio rodeada y sometida optó por no resistirse como indican los manuales para posibles víctimas de agresiones sexuales.

Previamente a estos hechos en varios chats grupales de WhatsApp, uno denominado “The manada” y otro “Veranito” los encausados habían hecho alusión a la utilización de diferentes sustancias sedantes para “violar” al tiempo que lo relacionaban con su condición de lobos”. Algunas de estas conversaciones han sido filtradas a la prensa: “Estas vacaciones son la prueba de fuego para ser un lobo”, le decía antes del viaje el guardia civil Antonio Manuel G.E. a Ángel B.F. en el grupo ‘Veranito’, formado exclusivamente por los procesados (los dos citados, más el militar Alfonso Jesús C.E., José Ángel P.M., Jesús E.D.). “Jaja, no que aún no he hecho méritos para ser un lobo”, le responde el aludido. En este mismo chat, el propio Ángel B.F. dice el 24 de junio: “Llevamos burundanga? (…) Tengo reinoles tiraditas de precio. Para las violaciones”. Reinoles, en argot, es el nombre con el que se conoce el Flunitrazepam, un fármaco hipnótico. En otro momento, uno de los procesados apremia a sus compañeros: “Hay que empezar a buscar el cloroformo, los reinoles, las cuerdas… para no cogernos los dedos porque después queremos violar todos”.

Por otro lado, y también en relación a actos previos a esta supuesta violación, sabemos que cuatro de los miembros de «La manada –el ausente es Ángel B., precisamente el que dice que ha de hacer méritos en las vacaciones para “ser un lobo”- están acusados por abusos sexuales y agresión a una chica de 21 años que fue sedada el 1 de mayo de 2016 en un coche en Pozoblanco. Grabaron dos vídeos en los que se observa, así como las mofas que hacen de ella (uno fue compartido en un chat). Ese vídeo se envió al chat «Peligro« (21 miembros) donde varios amigos de «La manada» hablaban de ello con las siguientes palabras: «Madre mía que le echasteis burundanga. K bueno», celebra el quinto miembro de los detenidos en San Fermín, Ángel B., que esa noche no estuvo en Pozoblanco. «Está muerta o qué?», pregunta otro. «Estaría en coma«, le responden. «Madre mía os van a meter preso chavales jajaja Carman (Prenda) ve un cuerpo humano inconsciente y ahí está el tío ya sea para robarle o para meterle mano jajaja», tercia otro de los 21 miembros del chat… “Y qué han hecho con la chavala, la han tirao al río?». » La frase final del vídeo pronunciada por el guardia civil es: Esto es Pozoblanco y esto es ‘La manada. Se da la circunstancia que ha sido el conocimiento de ese vídeo el que ha llevado a la víctima a denunciar, pues en su momento no fue creída por un amigo y ello la desanimó.

Ni los mensajes de WhatsApp, ni el citado vídeo de Pozoblanco, van a ser tenidos en cuenta por el juez para el caso de Pamplona. Por su parte, uno de los abogados de la defensa presentó un informe sobre la vida posterior a la denuncia de la víctima para demostrar que sale con amigos, viaja… y que, por tanto, no había trauma postraumático como afirman los psicólogos. Finalmente, seguramente ante la queja social que ello levantó, retiró dicho informe y solo mantuvo el relacionado con la actividad en las redes sociales de la víctima. Ello ha indignado a gran parte de la población y grupos feministas que alentaron una manifestación reciente en Madrid para quejarse del tratamiento procesal del juez, que permite a los acusados testificar después de la víctima (no es lo usual según ciertos juristas), que desestima los chats previos al viaje donde queda patente la premeditación de violar, así como el vídeo de la víctima de abusos en Pozoblanco y el chat donde se expone, al tiempo que acepta ejemplos de la actividad en redes de la víctima con posterioridad al supuesto delito.

Al margen de lo que termine decidiendo el juez al respecto de la condena, quisiera analizar algunos componentes de este caso que reflejan de forma paradigmática lo que algunos damos en llamar normalización de la “cultura de la violación de las mujeres”. Y los aderezaré con otros casos contemporáneos.

Lo primero que hay que saber es que detrás del “uso y abuso del cuerpo de las mujeres” hay una ideología machista, que no solo justifica la supremacía de lo masculino sobre lo femenino, si no que nos expone a unos estereotipos de comportamiento sexual aberrantes e injustos por los que se puede llegar a justificar el ejercicio de la violencia de ellos hacia ellas de forma cotidiana y normalizada (cuando se da en sus expresiones menos violentas).

Es evidente que el abuso y la agresión sexual se da también en los ámbitos homosexuales, entre supuestos iguales, y en las relaciones pederastas. Siempre que hay abuso de poder la violencia está presente, pero en este caso hablamos de la violencia sexual que se ejerce contra las mujeres por ser mujeres. La ideología machista está presente en todo el mundo con mayor o menor intensidad, pero sobre todo hablaré de que atañe a nuestro imaginario colectivo, a nuestra cultura. En este imaginario machista se considera que los hombres cuentan con una potencia sexual que necesita ser “desfogada”, inherente a su identidad masculina y esencia de su virilidad (aspecto muy valorado). Por el contrario, se suele considerar que la mujer tienes menos pulsión sexual, pero que sobre todo debe controlarla mejor.

En la tradición cristiana tenemos un modelo en el que mirarnos, la Virgen, ejemplo de castidad máxima (fue madre sin sexo), y un antimodelo, Eva, que sedujo a Adán hacia el mal aconsejada por el demonio. En la tradición judaica y mesopotámica además tenían a Lilith (primera mujer de Adán) que era súcubo o demonio femenino de gran belleza que “yacía” con los hombres, y que tiene sus análogos en las lamias y xanas del norte ibérico, en  la serrana de la vera…También contamos con una tradición brujeril que vincula a las brujas con el sexo desenfrenado. En base a estos estereotipos se ha considerado durante siglos que las mujeres que son más libres en cuestión de experimentar su sexualidad son mentirosas y putas =“malas” (véase breve vídeo de Jon Sistiaga), y que los hombres solo quieren a esas mujeres para poner en práctica sus fantasías sexuales, incluidas las más crueles, y ejercer su dominio.

En este contexto, las buenas mujeres deben tener miedo a los hombres en tanto que posibles depredadores sexuales, y si no atenerse a las consecuencias. Si eres capaz de ir sola por la calle, no te has de extrañar que te agredan. Si eres capaz de reírte o conversar con desconocidos, coquetear o besarte con alguno, es porque vas a terminar aceptando que se te use sexualmente. Entre otras cosas porque “si eres libre, si no tienes miedo, eres puta, y si eres puta te va a gustar, y si no te gusta no te hubieras arriesgado. Esta es la perversa lógica que hay detrás de la estrategia de la defensa del caso de los Sanfermines y de las personas que les exculpan, entre las que están las mujeres de su familia (para la hermana de uno lo que ocurrió es que a la chica se le fueron las cosas de las manos).

Según esta lógica machista, la chica no fue violada porque se fue con unos desconocidos y no opuso resistencia a la violación múltiple. ¿Pero en qué cabeza sana cabe que una chica que tiene voluntariamente sexo con cinco chicos termine abandonada medio desnuda, llorando desconsolada, en estado de shock, sola y sin móvil porque se lo han quitado? ¿Nos hemos vuelto locos? Parece que además de ser vírgenes, tenemos que ser mártires, es decir, resistirnos con uñas y dientes, no abrir las piernas (como decía otro juez a una violada)… aunque sean cinco hombres como cinco armarios. Y por supuesto tontas ¿cómo si no supiéramos que la violencia suele aumentar con la resistencia y en ello podemos perder la vida?

Por otro lado, ahora resulta que los hombres violan y no saben que violanNo es el primer caso, y se da incluso en parejas de jóvenes y en las de muchos años. Parece ser que la chica violada no llegó a decir que no, pero qué sabemos de su estado de shock (al que se suma los efectos de la embriaguez). Si la chica no hace nada, si nunca abre los ojos…  si la mueven tirándole del pelo, de la cadera…está más que claro que no disfruta. ¿Y qué hacen cinco tíos más que adultos pasándosela de unos a otros como si fuera una muñeca hinchable? ¿Como si fuera una cosa? Ellos son los que demuestran no tener humanidad y que les gusta humillar a las mujeres (misoginia).

Los chat ya lo revelan con sus risotadas y en sus mofas del vídeo de la chica de Pozoblanco a la que narcotizaron. Ellos las prefieren sumisas, ajenas, por eso ya tenían previsto llevar narcóticos, incluso cuerdas,para no cogernos los dedos porque después queremos violar todos. Así que señor juez, desestimar los chats ha supuesto desestimar el auténtico discurso de los acusados, un discurso donde queda claro que les gusta violar y mofarse de sus víctimas, que lo han hecho más veces y que saben lo que hacen. Si a eso añadimos la comparación que se hace en el otro chat del caso de Pozoblanco con el caso de Marta del Castillo (un caso terrible de asesinato no totalmente resuelto) en el que también aparecen escritas risotadas e inclusión la expresión “depredador sexual”; si no olvidamos que el final de este vídeo se corona con la frase sentenciera deEsto es Pozoblanco y esto es ‘La manada, que deja patente que lo hecho refleja la razón de su existencia y el nombre del grupo.

En resumen, si no pasamos por alto la mentalidad que en las conversaciones e imágenes subyace no será difícil concluir que estos chicos normalizan la agresión sexual, porque eso es una relación sexual en la que drogan a la víctima, o en la que aprovechan su superioridad numérica y de fuerza para usar su cuerpo a su antojo sexual en el cubículo de un portal sin que puedan ver ningún atisbo de real consentimiento en su actitud pasiva. Y es esa normalización, lo que releva una cultura de la violación. Una cultura que disculpa al agresor, que normaliza el deseo sexual de los hombres como un deseo animal irrefrenable, que no requiere un consentimiento indudable ajeno, ni siguiera intimidad, que gusta incluso de ser practicado en grupo, de forma cruel o no, pero siempre humillando a la víctima.

Este grupo se hacía llamar ‘La manada’, y uno de ellos tiene en la pierna tatuado: «El poder del lobo reside en la manada« (=poder de un grupo “salvaje”). Este grupo de “lobos” nos pone ante una de las peores caras del ejercicio más descarnado del poder masculino. Parece ser que en los 96 segundos grabados de los siete vídeos en los que están los acusados con la víctima en el portal, lo que queda más patente es que es un vídeo grabado para exhibir su “proeza”, su “machada”, es decir, son imágenes con un gran componente de exhibicionismo, donde interactúan con quien graba. Según la criminóloga Beatriz de Vicente las agresiones sexuales en grupo sobre todo buscan la “aserción de poder”, “demostrar las cualidades sexuales”, “el control” de la víctima, a la que humillan y convierten en mero objeto. El sexo es solo un instrumento, no buscan el placer sexual, por ello no requieren intimidad.

En este caso además no podemos olvidar que en un chat previo el guardia civil llegó a decir que si asistiera a la Eurocopa en Francia: violaría a una rusa que vea despistada y [le daría] un palizón a un niño de 12 años inglés. 2-0 y pa’ casa”. Y también comentó que prefería visitar un centro de personas enfermas mentales junto a sus amigos de «La manada que ir a “un puticlub” (les decía: “¿Tú sabes el lote de reír que te puedes dar?”). Como podemos observar tantas veces en los chats, la violencia está normalizada (algunos eran de una peña sevillista y estaban encausados en peleas tumultuarias), incluso cuando se pretende ejercer de forma cruel, en clave de obscena superioridad, les hace gracia, y les da subidón. Tras los Sanfermines uno de los encausados dice que han sido “las mejores vacaciones de su vida”. Pero tampoco olvidemos los muchos cómplices que hay en cada uno de los chats (21 en uno de ellos).

Por otro lado, la violencia sexual, en grupo o no, suele ser usual en guerras, en entornos militares, en el quehacer de ciertos cascos azules de la ONU en áreas en guerra o campos de refugiados… En el caso de «La manada» dos de cinco (40%) pertenecen a cuerpos de seguridad (un militar y un guardia civil que antes fue militar). La fiscal ha indicado que se creían impunes. No es mi intención desacreditar a las fuerzas de seguridad, solo llamar la atención sobre la violencia caracterial que puede haber detrás de ciertas personas que buscan estas profesiones, algo que debe ser muy vigilado y castigado por las instituciones pertinentes, porque tarde o temprano se manifiesta y no puede quedar impune. Sería interesante hacer una estadística de las mujeres maltratadas, incluso asesinadas, en España por parejas que eran o habían sido miembros de cuerpos de seguridad, sumando los casos de acoso sexual a compañeras, creo que nos sorprenderíamos.

Recientemente han detenido por violencia de género al líder del sindicato Unión Federal de Policía. Por poner un contrapunto quiero dejar constancia de que en la Policía hay ejemplos de una gran profesionalidad y formación en el tema, como es el caso de la inspectora jefe Elena Palacios (UCFAM).

Como decía, esa cultura de la violación es una de las caras más crueles de la cultura machista, donde se otorga poder al hombre sobre la mujer, donde la mujer es subordinada, subalterna, existe por y para el hombre (como dice el Génesis de la Biblia). En esta cultura, en su máximo abuso de poder la mujer es cosificada, es un objeto al que utilizar, o, en grado menor de abuso, alguien que debe procurar placer a su pareja. Por ello hay tantas mujeres que son violentadas sexualmente por sus parejas cotidianamente. En nuestra cultura tradicionalmente se ha considerado que la mujer tiene como débito conyugal yacer sexualmente con su marido y muchas mujeres han aceptado o siguen aceptando este mandato accediendo a tener relaciones cuando no quieren, o como no quieren (felaciones obligadas, etc.). Entre las parejas de jóvenes suele haber un imperativo similar, y hay chicas que se ven impelidas a mantener relaciones o prácticas sexuales que no quieren, para satisfacer, o no perder, a su novio (véase este ilustrador vídeo). Sobre ello hay un artículo estupendo de Puck en el Blog “El feminismo de la reconciliación” que acabo de conocer.

Como hemos visto, en esta cultura cuando se viola, si no hay daños físicos relevantes, se justifica o disculpa al agresor al tiempo que se culpabiliza a la víctima, máxime si no hace una vida recatada y temerosa. Por ello se denuncian tan pocas violaciones, porque las víctimas no son creídas y su relato es difícil de probar con esta mentalidad. Muchas de ellas denuncian cuando la policía o ciudadanos las encuentran llorando tiradas, desorientadas, sin su móvil, etc., pero eso no garantiza que no se archive el caso.  Son muchas las mujeres violentadas sexualmente y solo vemos la punta del iceberg.

Recientemente han sido denunciados en el mundo del cine, teatro, tv americano, inglés…, productores, actores, presentadores… por acoso sexual y violación durante años, algunos casos archiconocidos y no por ello cuestionados (incluyendo la violación en plató de la actriz de ‘Último tango en París’). Sin embargo sí ha habido represalias instantáneas para Kevin Spacy por violencia homosexual (un hombre no hombre= homofobia). Igualmente algo se ha movido en nuestro panorama nacional del espectáculo. Y ahora lo está siendo en el ámbito de la política americana. En Californiana 147 mujeres legisladoras, lobistas, asesoras, directoras de campañas… del mundo de la política han publicado una carta en la que se lamentan que el ambiente de los círculos políticos de la capital californiana deje mucho que desear en su trato a las mujeres. En Washington circula una “lista de babosos”.

Estos últimos casos ponen de manifiesto que mujeres con cierta relevancia social están levantado la voz acusadora sobre unas prácticas usuales en su entorno que no se han atrevido a denunciar previamente por las consecuencias laborales, sociales, etc. que ello conlleva, pero han decidido que mejor hacerlo juntas.

Si algo queda claro en este tema es la victimización secundaria que suele sufrir la víctima, cuando no es creída, cuando su moralidad es puesta en duda, cuando es tratada como una casquivana (=puta), o una revanchista. No es de extrañar que la víctima de violación de Roman Polanski declarara años después que “honestamente, la publicidad que rodeó el caso fue tan traumática que lo que él me hizo palidece en comparación”. Algo semejante ha ocurrido cuando la víctima de los Sanfermines ha sido cuestionada por sus agresores al querer demostrar que, como lleva una vida normal, no puede ser verdad que le causaran ningún trauma, o, lo que es peor, que es una casquivana. Y su vida se ha querido hacer pública. ¡Qué falta de humanidad!

Tampoco quiero olvidarme de las mujeres que son objeto de trata sexual, quienes trabajan en la prostitución como esclavas de sus proxenetas, y todas tienen clientes que si lo saben lo aceptan, y si no lo quieren saber es porque tampoco les importa.

La sociedad machista, en la que nos educan madres y padres, mujeres y hombres adultos en general, ha puesto siempre más el foco en la posible culpabilidad, connivencia o escasa prevención de la víctima que en el agresor. La última campaña del Ministerio de Sanidad para prevenir el consumo de alcohol en los menores de edad diferencia los mensajes si van dirigidos a chicos o a chicas, y a ellas les dice que si beben están expuestas a tener relaciones sexuales no consentidas, o sin protección. ¿Lo vemos normal? ¿Cómo nos puede extrañar que las víctimas se sientan de alguna manera culpables? Es algo que suelen relatar la mayoría. Estamos acostumbrándonos a una frase sobre el tema que dice “No es no” pero yo quisiera cambiarla por otra: “Solo el sí es sí”, y un sí continuado durante todo el acto sexual, da igual si ha comenzado libremente, en cuanto ella no quiera seguir tiene todo su derecho a pararlo sin sentirse culpable y el varón tiene toda la obligación a respetarlo. Solo el sí es sí. Y el sí supone no solo un sí verbal sino un sí corporal. El lenguaje del cuerpo lo conocemos todos y una mujer que tiene una actitud pasiva no está dando ningún sí a esa relación; está escenificando un NO indudable.

Ya vemos cómo puede operar el miedo: el miedo a perder su trabajo, su pareja, su integridad física, su vida, a ser cuestionadas por consentir o facilitar el comienzo… les puede bloquear y les puede llevar a acceder a relaciones o prácticas que no quieren. Después, el miedo a ser victimizadas secundariamente les hará tener miedo a denunciar posteriormente. No es un miedo infundado, como sabemos, el enjuiciamiento de su vida social y sexual por el que pasa la mayoría les puede destrozar aún más su vida.

Díganme si no es cultura del abuso sexual y la violación las frases que exhibían muchos jóvenes en una macrofiesta universitaria de Valencia este año: “Hoy follo, mañana a juicio», «Si quieres trabajo, cómeme lo de abajo». “Médico de buena fama, mejor aún en la cama». «En tu ojete, mi cohete». «Si te pillo te cepillo». «Dame una señal y te lo como todo». Si no es cultura de la violación contestar, a la pregunta de un periodista sobre ¿por qué se producen las violaciones?, como lo hace una chica en este vídeo tan reciente: “porque muchas mujeres se dejan… a veces que es así instantáneo, pero hay veces que va pasando y al final te violan”. Es decir, si has accedido a coquetear, besar, acariciar… no tienes más remedio que seguir o aceptar que te viole.

En fin no quiero abrumar con más ejemplos, pero está claro que detrás del machismo hay un anhelo por parte de los hombres de control, dominio y posesión de la mujer, un anhelo ancestral, que posiblemente está relacionado en su origen con el deseo que siempre han tenido de controlar su maternidad, por el temor a no tener asegurada y controlada su descendencia (incluso para ello en contextos tribales se hacía “intercambio de mujeres”).

Lo que unido a su mayor fuerza física y a las limitaciones de movimiento que tenían las mujeres embarazadas y madres de bebés y niños pequeños pudo facilitar que los hombres fueran adquiriendo mayor poder social y recreando mentalidades y religiones donde se sobrevalorara lo masculino sobre lo femenino, y se justificara un estado desigual en oportunidades, valoraciones y tutelaje que la mujer terminó interiorizando y reproduciendo en la educación de su prole, siendo uno de sus ejes fundamentales la represión de la sexualidad femenina fuera de la pareja y su acotación dentro de la misma (lo traté en mi libro Ideologías excluyentes, cap. 2).

Hoy en día hay en nuestro país y en otros democráticos, más aún en otros lares, un elevado número de mujeres asesinadas por sus parejas o exparejas, la mayoría de ellas lo han sido cuando han intentado o conseguido separarse de ellos, lo cual revela qué mal llevan muchos hombres perder a la que creen su propiedad. Lo mal que llevan que “su mujer” prefiera ser libre. Y lo dependientes emocionales que suelen ser de ellas, por ello la mayoría intenta suicidarse.

Nos queda mucho por hacer, pero la salida no es el silencio propio o el silencio cómplice, y menos aún la connivencia. Todos somos responsables y el foco ha de ponerse en el agresor. Por ello aún no se puede dejar de conmemorar “El día contra la violencia de género” como acabamos de hacer (25 de Noviembre), y por ello es tan importante que se haya firmado “El pacto de estado contra la violencia de género” y que sea eficaz. Sin olvidar que también están en juego la vida y la salud mental de nuestros hijos.

No creo que haya mayor broche para este artículo que recordar las lúcidas palabras del gran Eduardo Galeano sobre ello: «Hay criminales que proclaman tan campantes ‘la maté porque era mía’, así no más, como si fuera cosa de sentido común y justo de toda justicia y derecho de propiedad privada, que hace al hombre dueño de la mujer. Pero ninguno, ninguno, ni el más macho de los supermachos tiene la valentía de confesar ‘la maté por miedo’, porque al fin y al cabo el miedo de la mujer a la violencia del hombre es el espejo del miedo del hombre a la mujer sin miedo

 

Yolanda Guío (@Guiocerezo

(Educadora y antropóloga)

 

1 Comentario

  1. Opino que es un extraordinario documento que expone claramente en que lugar está nuestra sociedad en el tema de la violencia machista o de género. Sobre el caso de la violación de una mujer joven por cinco hombres, algunos de ellos, con funciones de seguridad como Guardia Civil o Militar. Recae en mayor grado que tipo de seguimiento se hace a estos servicios a la sociedad. Estos casos no se pueden permitir más. La judicatura, el Estado y la Sociedad han de poner toda su fuerza para erradicar, mas pronto que tarde, ésta lacra social y traer una educación desde la más tierna infancia del respeto mutuo entre mujeres y hombres. Cuando esto se de estaremos en una sociedad avanzada y de futuro.
    Gracias Guió por tu aportación a la sociedad.

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