«Los hijos no se divorcian»

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El pasado 29 de enero asistí a un acto convocado en la Asociación de Vecinos de Villaviciosa bajo el título ‘Los hijos no se divorcian’.

Intervinieron la asociación Filia de amparo al menor y la charla-coloquio estaba organizada por el grupo municipal Se puede.

Fue un encuentro muy interesante porque además de participar la mencionada asociación, representada en esta ocasión por su presidenta Lucía del Prado, también pudimos escuchar a muchos damnificados que se encontraban presentes en la sala. Tanto padres, como madres y también una abuela, que con su testimonio ilustraron las penurias que suceden cuando un divorcio es de alta conflictividad.

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Durante la presentación visionamos un documental titulado ‘Los niños del divorcio’, donde pudimos apreciar el sufrimiento de estos menores que en la mayoría de los casos son tomados como piedra arrojadiza entre sus progenitores.

Esta asociación se creó hace siete años por un grupo de profesionales y de madres y padres afectados.

El divorcio no es una cuestión de género, están afectados tanto hombres como mujeres, y España es el segundo país con mayor índice de divorcios en Europa.

Comentaba Lucía del Prado que en Estados Unidos existe la figura del coordinador parental, que ya existe en algunas comunidades como Cataluña y el País Vasco. Su tarea consiste en buscar soluciones a la hora de afrontar los difíciles momentos por los que transcurre un divorcio conflictivo.

España es el segundo país con mayor índice de divorcios en Europa

Afortunadamente, por el trabajo y la insistencia de la asociación, en la Universidad Rey Juan Carlos es posible obtener el título oficial de Coordinador parental.

Además nos comentaron las grandes deficiencias que existen a nivel de la justicia. No se cuenta con juzgados especializados en familia y se necesitan fundamentalmente fiscales de menores.

Algunas narraciones de las que fuimos partícipes eran espeluznantes. ¿Hasta dónde es capaz de llegar un padre o una madre con tal de hacer daño a su partenaire? No importa poner a los niños en situaciones de alto riesgo, y que sean dependientes de cualquier capricho subjetivo de los padres.

Me motiva hacer una retrospectiva del acto, al pensar en las graves consecuencias a las que están expuestos los menores. Entiéndase que estamos hablando de aquellos divorcios sumamente conflictivos.

El amor por los hijos tendría que ser más fuerte que el odio engendrado a la pareja.

Si fuesen capaces de pensar tan solo un momento en sus hijos, abstraerse de ese ensimismamiento en que se encuentran, donde sólo prevalece por encima de todo hacer daño a la expareja; abandonarían esa encarnizada lucha. El amor por los hijos tendría que ser más fuerte que el odio engendrado a la pareja.

Los niños aprenden reproduciendo conductas. ¿Qué aprenden estos niños que viven en un hogar donde imperan los gritos, la violencia, el maltrato? ¿Qué valores les transmiten? Más bien se encuentran destrozados, eso acarrea pérdida de valores, falta de seguridad, falta de empatía.

Pueden también sufrir claustrofobias, fobias, dificultades para amar a sus semejantes, fracaso escolar, dificultades en la adolescencia a la hora de enamorarse, etc, etc. Son muchas las patologías que posiblemente puedan desarrollar. Es difícil enfrentarse a la devastación que genera la ausencia de un deseo parental.

Sería conveniente que los miembros de una pareja que tuviesen serias dificultades a la hora de afrontar una separación de la mejor manera posible, pidiesen ayuda a un profesional.

 

Mirta García Iglesias

Psícologa-Psicoanalista. Asociación Cultural Vínculo.

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