Lorenzo Silva: “Somos máquinas de apasionarnos, si no nos apasionamos nos consumimos”

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Lorenzo SilvaVillaviciosadigital entrevistó a uno de los escritores españoles más importantes del siglo XXI, Lorenzo Silva, quien presentó en abril su última novela, Música para feos, un excelente y sorprendente trabajo en el que habla del amor entre las personas en estos tiempos de soledad, ajetreos profesionales, comunicaciones vía Skype o WhatsApp, y de la importancia de la música para transmitir sentimientos.

Nuestra sección ‘Letras bajo flexo’ alberga en esta ocasión las palabras del premio Nadal del año 2000 por el Alquimista impaciente, o el Planeta de 2012 logrado con La marca del meridiano.

Un banco en las inmediaciones de la Feria del Libro en el Retiro, fue el escenario en el que Lorenzo Silva, como si de una charla con un amigo se tratase, comentó aspectos de su vida, valoró la situación actual en el mundo profesional en general y del periodismo en particular, y desgranó algunos de los entresijos más relevantes de su último trabajo. En él, Mónica, una periodista cercana a los 30 años, conoce en un pub de Madrid a Ramón, un misterioso cuarentón del que se enamora. Pero ojo, esta no es la típica novela romántica, es mucho más.

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¿Cómo percibe la acogida de Música para feos?

Digamos que yo tengo lectores que están muy acostumbrados a una determinada línea de literatura, identificados con unos personajes y con un género muy concreto que es el policíaco, y cuando me salgo de ahí siempre es un poco arriesgado, pero estoy bastante contento porque tengo a lo largo de los años muchos lectores que me aceptan esto.

Es verdad que tenía una pequeña duda o miedo, y es que, como es un libro que está armado sobre sentimientos, temía que pudiera ser un libro más femenino, pero no. Una de las cosas buenas es que hay hombres que me dicen que les ha conmovido; al final la literatura busca conmover, y eso no tiene sexo.

¿Pensaba que los varones iban a ser más reticentes con la novela?

Pensé que tal vez, como el hombre siempre tiene una prevención hacia la historia romántica, podía haber menos sintonía, pero por lo general no lo he percibido. Tengo los lectores bastante repartidos entre hombres y mujeres y creo que han respondido por igual.

Califica Música para feos como un experimento. ¿Por qué?

Cada cierto tiempo experimento: Niños feroces es un experimento, El blog del inquisidor es un experimento; La primera novela de Bevilacqua era un experimento, ahora ya no, está probado, pero en el año 95 escribir una novela policíaca, un género que no estaba de moda en España y con guardias civiles, que eran personajes literarios imposibles para el lector español, era un experimento.

«romper la soledad con alguien que no representa un regalo, más que un regalo es una tortura»

Experimento en el que retoma el tema del amor.

Es un tema universal en la literatura, como la muerte, la amistad o la verdad. Son temas que siempre están ahí. La cuestión es cómo lo abordas y lo cuentas.

En realidad la novela tiene el tema del amor y de lo que hace Ramón. Con los dos temas he intentado experimentar, salirme de la novela romántica convencional, y del relato convencional de la profesión de Ramón.

Hay soledad en el libro, y refleja muy bien la que existe por ejemplo en una ciudad como Madrid. ¿Cree que hay más hoy en día?

Sí, hay soledad. Creo que cuantos más artilugios de comunicación y cuanta más superficialidad en esa comunicación, más soledad hay en el fondo.

Recuerdo que hace no mucho iba en el tren y a mi lado un hombre iba con el gesto completamente serio, hasta un punto amargo. Iba escribiendo por WhatsApp, y sin necesidad de fisgar no pude evitar leer; estaba escribiendo ‘jajajaja’, sin embargo su rostro decía otra cosa. En el fondo toda esa comunicación es ficticia.

En el libro enfoca el amor como un regalo y la soledad como una condena.

Sí. Pero la soledad no es una condena, depende de cómo la vivas, y de en qué medida la elijas, o de qué es consecuencia, y no tiene porqué ser una condena.
Mi oficio se basa en la soledad, y mi oficio me ha dado muchas cosas; de la soledad he sacado mucho partido, pero sí es verdad que hay una soledad que es percibida como una condena, que es la de alguien que siente que podría tener otro tipo de vida y no la tiene. Cuando esa soledad se rompe porque desarrollas hacia una persona un flujo profundo e intenso de comprensión y complicidad, es un regalo. Pero no es frecuente, y desde luego, romper la soledad con alguien que no representa eso, más que un regalo es una tortura.

Otro de los aspectos que trata es el destino de las personas.

Es la sintonía que hay a veces, que debe tener que ver con algo de la bioquímica que hay en nuestros cerebros. No sé si te ha pasado, pero a veces conoces a una persona e instantáneamente tienes una corriente de comprensión y todo fluye, y otras veces al revés.

Se dice que la búsqueda amorosa es buscar personas para meterlas en el fantasma que todos llevamos, en el molde que tenemos en la cabeza, y cuando una encaja en ese molde, nos enamoramos, pero realmente no nos enamoramos de la persona, nos enamoramos de nuestro fantasma, de nuestro molde ideal (risas).

¿Ha cambiado mucho el sentimiento del amor de ahora frente al que describía en el libro de La flaqueza del bolchevique escrito hace 20 años?

Aquel era un amor muy raro. Siempre me plantee la historia de un tipo que realmente transporta un fantasma, su fantasma no encontró a nadie que lo corresponda y de repente a deshora se da cuenta de que corresponde a una chica de 15 años, pero tiene el sentido común de reconocer que no puede tener una relación con esa chica; ése es su drama.

Quizá de forma innata, mantengo la misma visión. Es decir, hay alguien que realmente satisface nuestro fantasma, y el que lo satisface lo satisface, y el que no, pues no por mucho que te empeñes.

«Si vives haciendo algo sin pasión te mueres»

Incorpora en Música para feos un amor vía Skype y WhatsApp, que han cobrado mucha importancia.

Sí. Toda esa telecomunicación que tenemos ahora, por un lado nos acerca, y por otro nos hace más palpable la distancia, la subraya más, y hace que te pese más la lejanía, y percibes la preocupación de la gente, y si pierdes la cobertura o no contesta, la gente se preocupa más.

El libro está lleno de sensaciones, pero algunas son netamente femeninas. ¿Cómo ha conseguido meterse en la cabeza de una mujer como Mónica?

Llevo 35 años dedicándome a mi oficio y no es la primera vez que mi narradora es una mujer. Exactamente es la sexta, una inédita. Bueno, la ficción se basa en la empatía, en la observación, en preguntar, se basa en hablar, en dejarte aconsejar; todas mis novelas las leen dos mujeres.

¿Ha conocido alguna Mónica en su vida?

Sí, claro que sí. Llevo mucho tiempo trabajando en los medios. No ha estado en mi vida una Mónica, pero sí he conocido a muchas chicas en ese momento. En el periodismo hay un momento que es muy cruel, en el que a una chica se le pasa en cierto modo el arroz; o consiguen ascender al grado de profesional respetada, algo más difícil para una mujer que para un hombre en este mundo, o dejas de ser la becaria mona que hace gracia para convertirte en la ex becaria ya vista que no hace tanta gracia como la que acaba de llegar. Eso sí lo he visto.

Lorenzo Silva en el Retiro¿Cuáles son sus próximos proyectos?

Llevo en la cabeza material para escribir media docena de proyectos y cuando acabo uno, cojo el más gordo de los seis. Estoy empezando a escribirlo; la historia la tengo prácticamente en la cabeza. Música para feos acaba de salir, pero yo no suelo darme mucha tregua, porque tengo más proyectos y quiero sacar todos los que pueda.

Al margen de los libros, donde me llaman y creo que puedo hacer algo que me interesa, lo hago, como con las colaboraciones en diferentes medios de comunicación.

Respecto el cine, no es mi trabajo, me gusta pero la vida es la que es y tampoco tengo tiempo para tantas cosas. He hecho algún guión, y no lo descarto pero siempre que sea interesante, porque lo mío es la literatura, que es lo que me sostiene la tienda de mi empresa que soy yo. Es lo más importante, nunca voy a sacrificarla por otra cosa.

Ese es otro punto que menciona en la novela, la búsqueda del camino que a uno le motive.

Efectivamente, hay que hacer algo por lo que uno se apasione. Si vives haciendo algo sin pasión te mueres. Pero no es una respuesta emocional ante la vida, sino que para mí tiene una base intelectual. Es decir, nosotros somos máquinas de apasionarnos, si no nos apasionamos nos consumimos y nos secamos.

Desgraciadamente eso, como bien refleja el libro, pasa mucho en el mundo del periodismo con la precariedad.

Sí, y yo creo que en ese caso tienes que cambiar de aires. Tenemos mucho miedo a la inseguridad, a la incertidumbre, a la intemperie. Yo me he ido de varios sitios, y la última vez que me fui tenía todas las coberturas del mundo; Seguridad social, plan de pensiones, seguro médico, plaza de garaje, contrato indefinido, y lo dejé todo. No estaba mal, pero no era mi camino, mi vocación no era el Derecho.

«Hay que reinventar la profesión periodística»

¿Por qué hizo esa carrera?

Tenía que ganarme la vida, pensé que tenía muchas salidas y para mí las tuvo. Empecé a trabajar nada más terminar la carrera, pero cuando llegó el momento en que vi que esto podía funcionar lo dejé, y no me arrepiento. Yo ahora no tengo nada, soy autónomo, pero mi vida vale la pena. Tampoco estoy loco, es decir, intento ahorrar e intento ser sensato y no gastar más de lo que tengo, pero sobrevaloramos esa seguridad. Esa seguridad muchas veces es una cárcel; yo he visto a gente encarcelada, gente que trabajaba en una empresa más de 25 años soportando a personas a las que detectaba, eran prisioneros, aquello era una penitenciaría en el que la gente se evadía como podía, es el deber de un recluso.

Mónica es periodista y en ella se refleja en parte la precariedad. ¿Cómo ve el periodismo?

La profesión hay que reinventarla. Vivía de un modelo industrial que se ha venido abajo por algunas razones, pero no se puede hacer como antes. Ha habido una época en la que alguna gente se ha beneficiado de una edad de oro del periodismo; eso, lamentablemente, lo disfrutan ahora algunos señores que todos conocemos pero ahora es muy difícil, y a lo mejor hay que buscar otra manera de hacer la profesión.

También creo, y no sólo para los periodistas, que debemos acostumbrarnos a que nuestro estatus lo da el fruto de tu trabajo. Eso de un trabajo fijo, una oposición, en el siglo XXI se ha acabado. Al final si haces bien el trabajo, eso te da un lugar, eso sí, que tienes que estar peleando por él todos los días.

Parafraseando una frase de su libro, ¿cómo está siendo su aventura fugaz en la vida?

Bueno, la verdad es que mejor de lo que yo esperaba. Hay que ser agradecido. No pensé que conseguiría la cuarta parte de las cosas que he conseguido, así que mejor de lo que esperaba, e intento aprovecharlo y corresponder haciéndolo lo mejor que puedo.

¿Vuelve a vivir a Getafe?

Sí, dejo Viladecans en poco tiempo. Ha sido una etapa de siete años buena; me gusta Barcelona, Cataluña y me gustan los catalanes. No me gusta lo que está pasando en Cataluña ahora pero no tengo nada contra ellos, y me parece absolutamente reivindicable su cultura. Lo que pasa es que la vida te obliga a elegir y regreso a Getafe, es una buena base, es un suelo acogedor, con el que me identifico y que ha sido generoso conmigo. Pero en el fondo me siento bastante nómada, todos estamos de prestado en cada sitio.

¿Habrá segunda parte de Música para feos?

No lo creo. Igual que no la hubo en La flaqueza del bolchevique. Estos personajes tienen ahí su historia y ya está.

¿La ve para el cine?

Bueno, me han hecho un par de ofertas, pero enseguida, según salió; a ver si se concretan.

No la escribí pensando para el cine, mis novelas no están hechas para ese él, pero creo que esta sí se puede adaptar.

 

Texto y fotos: Israel Revilla Canora (@IsraelRCanora)

 

 

 

 

 

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