«Las secuelas en las víctimas del 11-M dependen de las condiciones de cada persona»

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Ana Ramirez psicologa Villaviciosa de Odon

La psicóloga villaodonense Ana Ramírez trató a seis víctimas del 11-M, todos estudiantes universitarios que aquella triste mañana de hace 10 años viajaban en los trenes que sufrieron la barbarie terrorista. 

Hoy hace 10 años España sufrió el mayor atentado terrorista de su historia. Madrid fue el escenario de un cuadro de terror que conmovió al mundo entero y en el que fallecieron 192 personas.

Ese rastro de sangre dejó también innumerables víctimas de los atentados que hoy viven para contarlo. Para ayudar a superarlo, o mejor dicho, asimilar los terribles sucesos, se produjo el mayor despliegue de psicólogos en la historia de nuestro país y, posiblemente, de Europa. Cerca de 1.400 profesionales de todas partes de España ofrecieron su apoyo a las personas que padecieron los atentados y viven para contarlo, y a familiares de los fallecidos. La psicóloga villaodonense Ana Ramírez, con 30 años de experiencia, fue una de ellas.

Ramírez asistió a seis universitarios que aquel 11 de marzo de 2004 viajaron en los trenes con destino a sus facultades. Afortunadamente, estos seis casos, no fueron de los más graves. Sufrieron pocas secuelas físicas aunque, sobre todo, padecieron el miedo y la angustia que Ana ayudó a combatir.

¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza al recordar las historias de las víctimas?

Mucho horror, trauma y mucha trascendencia en las víctimas.

¿Cómo llegaron los casos de los seis estudiantes?

Atendí a dos chicas y cuatro chicos, tanto en la consulta de Villaviciosa como en Madrid. Ciertas instituciones públicas fueron derivando víctimas a consultas de atención psicológica.

¿Son los casos más duros que ha tratado?

No especialmente. Se puede hablar de una especial dureza por los hechos ocurridos en Madrid, pero a nivel psíquico hay casos muy complejos, ni más ni menos duros, son diferentes.

Todos los casos de víctimas del 11-M, no lo sufrieron de la misma manera; las secuelas dependen de las condiciones de cada persona. Es decir, lo que sí vimos es que un sujeto puede vivir una gran tragedia pero ese trauma, en cada persona, cae en un campo y dependiendo de que caiga en una persona con una condiciones determinadas, o en otra, va hacer que ese suceso tenga una mayor o menor trascendencia.

En los casos que trató, ¿en qué campo cayeron?

Yo atendí a estudiantes que iban en los trenes; universitarios de diferentes carreras que aquella mañana iban a la universidad. Sufrieron secuelas físicas, aunque no graves.

Al principio estaban con muchísimo miedo y angustia. El tratamiento duró entre tres y nueve meses. Las dos chicas y cuatro chicos que atendí eran personas bien orientadas en su vida, con sus carreras y sus deseos.

Psicología
Ana Ramírez, psicóloga y co-fundadora de la Asociación Vínculo.

¿Cómo enfocó el tratamiento?

Lo primero es comprobar los efectos que el suceso tuvo en la persona. Primero había que dejarles hablar a todos ellos por separado, para que contaran cómo vivieron esa atentado, el encontrarse nuevamente con ellos mismos. Luego ver la repercusión que tuvo en la vida de cada uno.

En algunos casos ese miedo y esa angustia lo que hizo fue colmar lo que ese sujeto llevaba en su propia vida e hizo más difícil sacarle de ese miedo y esa angustia.

Después de tratarles, ¿notó que la percepción de su vida les cambió?

Las reacciones fueron diferentes pero en todos ellos sí hubo una especie de sensibilidad hacia ciertas cuestiones políticas. Al ser estudiantes estaban dispuestos a acudir a los actos posteriores relacionados con la tragedia; estaban muy sensibilizados y fueron muy participativos.

Hoy se cumplen 10 años de los atentados y son duros para ellos. ¿Han vuelto a solicitar su ayuda?

No. Afortunadamente, en los casos que yo traté no ha sido así pero sí que hay compañeros míos que trataron casos más complejos y sí les ha ocurrido.

En los casos más duros, donde las víctimas han perdido familiares o han visto compañeros muertos ¿qué les puede decir un psicólogo?

No se trata de decir, sino que la primera función es la de escuchar a esa persona que va a querer hablar de lo que ha vivido. De hecho es bueno que esa persona que después de haber vivido esos hechos tan reales les pongan palabras, algo que es muy difícil por otra parte. Cuando son experiencias tan reales, lo complicado es ponerles palabras, pero es absolutamente necesario.

El profesional tendrá que ver cómo maniobra en el punto de dejar hablar a la víctima para que pueda ir poniendo palabras, porque al principio no las va a tener ante las escenas tan horribles que vieron. En ese caso será el psicólogo quien deba ir mencionado algunas cosas para ayudarle.

Todo lo que no se puede nombrar, hace mella en la persona a nivel físico; se somatiza y genera angustias, palpitaciones, sudores, etc. Eso hay que evitarlo siempre.

 

IRC (@IsraelRCanora)

 

 

 

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