La película de la semana: «Profesor Lazhar». Creciendo deprisa

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La película más destacable de los estrenos del viernes 18 es, en contra de lo habitual, una pequeña producción canadiense sobre el mundo de la infancia y la enseñanza: Profesor Lazhar.

La historia de este filme arranca en Montreal. Un hombre de origen argelino (interpretado por Mohamed Fellag) se presenta un día en un colegio como respuesta a una trágica noticia publicada en los periódicos: una maestra de primaria se ha ahorcado en su propia clase. El hombre, apellidado Lazhar, presenta sus credenciales como profesor y se ofrece a hacerse cargo de los alumnos de la fallecida.

La directora de la escuela le admite y decide reanudar la rutina de clases con prontitud sin introducir cambios en el aula afectada más allá de una nueva mano de pintura. Los chicos, de entre 9 y 10 años, deberán recuperar el ritmo de las lecciones y acostumbrarse a la misma velocidad al nuevo maestro, pero a la mayoría les resultará muy difícil quitarse de la cabeza la muerte de su líder académica.

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La trama tiene un buen punto de partida, y el interés por la misma no decae a lo largo de su hora y media. Nos encontramos ante una mirada a la juventud y el aprendizaje en esos años en que la personalidad individual comienza a forjarse y que es propensa a sufrir marcas indelebles.

Quizá resuelta con menos profundidad de la esperada, esta cinta supone una buena puesta en liza de cuestiones que preocupan a todos los padres en el proceso de madurez de sus hijos, y que nos atañen a todos como seres humanos.

Profesor Lazhar juega con el punto de vista narrativo. Casi todo el tiempo somos guiados por la mirada del profesor, al que acompañamos en sus clases y contacto diario con los chavales, así como en sus disputas con el claustro de profesores, la directora y los padres de los niños a cuenta de los diferentes criterios educativos que unos y otros ven más oportunos.

Pero también se nos presenta el drama personalizado en un niño y una niña, los únicos que vieron colgada a su profesora en el aula unos minutos antes de que se iniciara la clase. La tragedia les alcanza de manera distinta. En el caso de él, este hecho ha hecho brotar un agudo sentimiento de culpa. Ambos deberán aprender a liberar sus fantasmas en un entorno que se lo pone difícil por ser niños, y en el que encontrarán un aliado: Lazhar.

El trasfondo del personaje del profesor, perfilado con los matices justos, se acopla muy bien a la situación de su grupo de alumnos pues, con el transcurrir del metraje, conocemos que también ha sufrido la tragedia en primera persona por un hecho acaecido en su país de origen.

A este respecto, la película viene a ofrecer un halo de esperanza ante la adversidad y los traumas individuales. Del mismo modo que ocurre con los niños en la escuela, comprendemos que el hombre está obligado a no parar de aprender y reinventarse. Lo que cada cual vive a lo largo de los años no tiene por qué suponer una garantía para saber afrontar los problemas o sobrellevar los momentos más complicados a los que la vida nos enfrenta.

La cuestión de fondo de Profesor Lazhar es la asunción de la muerte y cómo desde la niñez debemos, en primer lugar, conocerla para después aceptarla y vivir con ella. Nadie está exento de verse afectado por su sombra, pero parece que el tema sigue siendo tabú hoy en día. Nos resulta difícil hablar de la muerte abiertamente cuando, en el fondo, todos conocemos su carácter inevitable. Y quizá si contribuyéramos a normalizarla nos resultaría más sencillo acarrear la pérdida.

La película realiza además una crítica a lo políticamente correcto. Se incide sobre lo exagerado de las normas dictadas en la relación de alumnos y profesores, hasta el punto de que queda terminantemente prohibido cualquier contacto físico entre unos y otros, aun tratándose de muestras de afecto, consuelo o reprimenda. A este respecto, resulta cómico y esclarecedor el punto de vista aportado por el profesor de gimnasia.

El mensaje del largometraje es pues drástico acerca de la despersonalización de las relaciones humanas, una denuncia aún más señalada y descorazonadora por incluir a niños de por medio.

Profesor Lazhar ha sido distribuida por A contracorriente films, cuyos responsables la descubrieron en el pasado Festival de Cine de Locarno. Se trata del cuarto trabajo del realizador canadiense Philippe Falardeau, y es sin duda el que mayor éxito y reconocimiento le ha reportado.

Por su perfil, esta historia encajaba muy bien para haberse alzado con el Oscar a la mejor película extranjera en la pasada ceremonia de estos premios, donde figuraba entre las candidatas en la categoría. Pero el gran respaldo crítico y popular hacia la iraní Nader y Simin: Una separación le impidieron salir victoriosa.

Nos encontramos, en definitiva, ante un cine bienintencionado, necesario y diferente dentro de las propuestas semanales más predecibles. Un filme que plantea una reflexión haciendo uso de una puesta en escena sobria y sutil.

 

Jaime Soteras

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