La pederastia o el secreto de una verdad escondida

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Los acontecimientos recientes en Madrid acerca de varios casos de pederastia mantienen en vilo tanto a policías como a padres, familiares y vecinos de nuestra comunidad.

Desde Villaviciosadigital me llega la preocupación de los padres por saber cómo actuar con los niños ante la amenazadora posibilidad del acercamiento de un sujeto que entraña un peligro para los pequeños.

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¿Qué es un pederasta? Todos sabemos que un pederasta busca como objeto de su acción a un niño o niña para  satisfacerse sexualmente.

Como en otras ocasiones, nuestra tarea práctica nos conduce a preguntarnos más allá de lo que se ve para adentrarnos, de nuevo, en los rincones más oscuros y escondidos del ser.

Desde Freud sabemos que la sexualidad constituye la marca a partir de la cual se determina la posición de un sujeto, es decir la manera, la forma en que un sujeto se relacionará con sus semejantes, con su trabajo, con el mundo y, sobre todo, con su modo de goce, de satisfacción, en sus relaciones con el otro sexo, con el mismo, o con él mismo.

Sabemos que la sexualidad no responde a ninguna norma. Toda sexualidad responde a cierta a-normatividad en el sentido de su complejidad ya que como nos muestran los nuevos tiempos, el cuerpo biológico no es lo más importante para determinar qué objeto se elegirá como compañero, o qué identidad sexual se tendrá en el futuro inmediato. Dicho objeto puede ser un zapato (fetichismo), un animal (zoofilia), excrementos (coprofilia), un hombre, una mujer… Se puede someter al otro (sadismo)… masoquismo, exhibicionismo, tener todo tipo de fantasías que se alejen de lo genital… Resumiendo, no parece pues, que se pueda hablar en lo que concierne a lo sexual, ni de naturalidad ni de normalidad.

Según los avatares de cada uno en su vida sexual infantil, así los sujetos tendrán una estructura psíquica neurótica, psicótica o perversa y, en consecuencia, su vida sexual de adulto presentará diferencias.

La pederastia es un tipo especial de perversión caracterizada por elegir un niño como objeto de goce. El perverso vive una doble vida. Tiene una cara oculta que lleva en secreto en el ambiente familiar, en el trabajo e incluso en alguna institución de renombre a la que pertenezca. En estos lugares se presenta como un marido y padre, incluso modélico, y despliega toda una farsa que convive en secreto con su otra escena, la privada, donde lo peculiar de su subjetividad perversa coexiste en dos lugares, a veces, durante toda una vida.

En su vida pública, el perverso muestra su versión de hombre de bien, su cara, su semblante de acuerdo a las leyes y a las costumbres tradicionales, respeta las normas de la convivencia y ejerce su lugar oficial de cara a la galería. En la vida privada, muestra la verdad de su historia íntima y oculta. La verdad en el sentido de que es lo oculto lo que rige verdaderamente, lo que se le impone como satisfacción.

El perverso busca realizar en acto su modo de gozar aunque para ello no obtenga el consentimiento del otro que ha elegido; hay un forzamiento del otro. El perverso no siente ninguna culpabilidad de sus actos, mientras el neurótico, la mayoría de a pie, se siente culpable sólo con imaginarlos.

El perverso mantiene una actitud desafiante ante la ley y sus representantes pero se mantiene fiel a la ley que rige su forma de gozar. Ley que no conoce ni la culpa, ni el arrepentimiento.

El perverso sabe muy bien cómo, dónde y con quién alcanzar la satisfacción sexual, lo cual implica un alejamiento de algunas caras de lo humano.

El perverso, en este caso pederasta, puede ser un hombre muy respetado en su medio social. Se presentan amables y sensibles para conseguir su finalidad, la cual constituye toda una maniobra que despista y engaña a las víctimas. En este sentido, respondiendo a la pregunta de Villaviciosadigital, es conveniente que los padres hablen con sus hijos para advertirles del peligro ante desconocidos. Así también en otras épocas los padres nos han dado a conocer que hay “hombres malos”. Eso sí, no todos.

La pederastia es un ejemplo para profundizar en los difíciles y angostos caminos de la sexualidad en los sujetos, que en muchas ocasiones quedan encadenados a ciertas marcas de su historia infantil.

 

Ana Ramírez.

Psicólogo clínico-psicoanalista de la Asociación cultural VÍNCULO.

 

 

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