«La necesidad será nuestra vía de crecimiento»

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Samanta Fernández-Canillas (psicóloga general sanitaria, psicoterapeuta Gestalt). ).

Comienza uno de los poemas de Cortázar con un “no sé lo que hay detrás de tu voz”[1], y ciertamente no hay mayor misterio que aquel que guardamos las personas, conscientemente o no, y que utiliza como parapetos infalibles etiquetas sociales basadas en una apariencia opaca que impide un contacto real y sincero para con nosotros/as mismos/as…para con el resto de personas que nos rodean.

La llegada del COVID-19 a nuestras vidas, sin presentación previa, sin aviso, sin invitación ni boato, se ha tornado para estas generaciones occidentales, llamadas a la coexistencia, uno de los acontecimientos históricos más notables y de mayor impacto de los que recordamos en la edad moderna, solo comparable a los resultados atroces de guerras recientes y pasadas… esas guerras que tanto detestamos, pero que solo el ser humano es capaz de repetir.

Ha sido por tanto este hecho, el que ha detonado toda la maquinaria de la necesidad emocional y de contacto, que, hasta ahora, silente y aparentemente detenida soportaba su existencia de negación en el seno de vidas perfectamente cronometradas, organizadas y sin espacio para la desesperanza (porque la desesperanza en un mundo funcional no funciona). Evidentemente, esta falacia ha durado bien poco; Perls[2] dijo una vez “la ansiedad es emoción sin respirar”, y curiosamente esta ansiedad, ese sentir algo que no podemos expresar, ni dibujar, ni mencionar pero que sabemos nos ahoga, ha sido un verdadero síntoma global que saltando de balcón en balcón se ha aparecido a cientos de personas a lo largo de su confinamiento. Da igual tu barrio, letra del DNI, tu procedencia, los metros cuadrados de tu casa, si vives solo/a o con alguien…, a ti te ha podido sorprender como a todos/as.

“hemos sido capaces de ventilar sin pudores, tapujos, miedos y culpas, que todos/as necesitamos una voz al otro lado, una mano que nos sustente y ofrezca calor, una mirada comprensiva”

Por esta coincidencia, que ya es un rasgo compartido, hemos sido capaces de ventilar sin pudores, tapujos, miedos y culpas, que todos/as necesitamos una voz al otro lado, una mano que nos sustente y ofrezca calor, una mirada comprensiva que se acompañe de gestos de aceptación y acogimiento, que nos preste un lugar de descanso y seguridad en el que volcar todo aquello que nos acompaña y que a veces no sabemos muy bien qué hace en nuestras vidas.  Y es que el ser humano siempre estuvo perdido, a pesar de creer que el mundo era nuestro. Han tenido que pasar casi tres meses para darnos cuenta de que la naturaleza sin nosotros/as sigue su curso, avanza y se atreve a cruzar líneas rojas hasta ahora infranqueables…pero que, en esos mismos tres meses, nosotros/as, el eslabón último de la cadena trófica, se ha replanteado su existencia a una media de cien veces al día.

Y es que, a estas alturas de nuestra desescalada (civil y personal), hemos aprendido que la amistad es aquella que también se nutre a través de una pantalla, que nuestra libertad de movimiento es un bien tangible, perfectamente limitable y acotado a un Km, que nuestra salud, como la de miles de personas en todo el mudo (sin acceso a recursos como los que tenemos aquí) es vulnerable y delicada…se resiente con facilidad… y además de todo esto, hemos sido capaces de enarbolar con orgullo una bandera colectiva y ajena a controversias…nos hemos reconocido en certezas comunes como la de que este confinamiento ha supuesto un antes y un después en nuestras vidas, o que no siempre nos hemos levantado del mismo modo y con las mimas ganas de mantenernos activos/as, o que hemos echado de menos a esas personas queridas para las que no siempre tenemos tiempo en circunstancias normales o que los duelos de cientos de familias anónimas también nos duelen.

“Los/as profesionales de la psicología hemos aprendido en estos meses a dar lo mejor de nosotros/as a través del teléfono, de las videollamadas, de los canales y plataformas que estaban a nuestro alcance”

No sabemos si este bagaje improvisado nos hará mirarnos de un modo distinto, lo que sí sabemos es que distintos/as ya somos. Y para este camino, hemos elegido compañeros/as de viaje muy diversos/as…no solo de nuestra familia o entorno cercano, también hemos llamado por primera vez a un teléfono de atención psicológica, o hemos compartido una sesión de coaching, o hemos leído libros inspiradores cargados de frases positivas y alentadoras…y tras ello, nos hemos sentido bien, satisfechos/as, en paz, colmados/as de ideas, resueltos/as…energetizados/as. Hemos sido capaces de abrirnos, de contar, vomitar, o descargar, de pedir consejo, de que nos hagan una lectura externa, de sincerarnos, de descubrirnos, de ponernos en relieve…en el centro de nuestro interés…y tras ello, nos hemos gustado, nos hemos reafirmado, nos hemos reconocido…hemos sido.

Los/as profesionales de la psicología hemos aprendido en estos meses a dar lo mejor de nosotros/as a través del teléfono, de las videollamadas, de los canales y plataformas que estaban a nuestro alcance; todo ello para seguir acompañando a aquellas personas que desde una demanda más o menos clara han requerido de nuestro apoyo en una ruta que está aún poco descubrirse, pero que sin duda alguna es apasionante.

Os animo a continuar, a no dejar en el olvido aquel momento en el que decidisteis iniciar un proceso de crecimiento personal, y las personas que aún no se han decidido, decirles que nunca es tarde, y que siempre te estarás esperando… “concédeme esos cielos, esos mundos dormidos…” [3]esos que solo tú puedes regalarte.

Samanta Fernández-Canillas

(Psicóloga general sanitaria, psicoterapeuta Gestalt)

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[1] Julio Florencio Cortázar Descotte (Ixelles, 26 de agosto de 1914-París, 12 de febrero de 1984) fue un escritor, traductor e intelectual argentino.

[2] Friedrich Salomon Perls (Berlín, 8 de julio de 1893 – Chicago, 14 de marzo de 1970), médico neuropsiquiatra y psicoanalista, fue el creador, junto con su esposa, Laura Posner, de la Terapia Gestalt

[3] Idea Vilariño (Montevideo, 18 de agosto de 1920-Montevideo, 28 de abril de 2009) fue una poeta, ensayista y crítica literaria uruguaya perteneciente al grupo de escritores denominado Generación del 45.

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