«Juventud, yo mi, me conmigo»

0

Cuántas veces me he encontrado pensando que la juventud cada vez es más irrespetuosa y que no asume el adiestramiento individual que, entidades superiores, nos aplican para que la masa social fluya sin conflictos.

La juventud de hoy ama el lujo. Es mal educada, desprecia la autoridad, no respeta a sus mayores, y chismea mientras debería trabajar. Los jóvenes ya no se ponen de pie cuando los mayores entran al cuarto. Contradicen a sus padres, fanfarronean en la sociedad, devoran en la mesa los postres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros.

Muchas veces he verbalizado el derecho al silencio debido a la mala praxis que hacen de los móviles y las nuevas tecnologías; nos condenan a escuchar conversaciones personales, a compartir cualquier tipo de música, a reír con los videos insulsos y a participar de sus vidas sentimentales. Hablan demasiado alto, airean su intimidad y a mí me enajenan.

Autoescuela Triumph

No veo esperanza para el futuro de nuestra gente si dependen de la frívola juventud de hoy en día, pues, ciertamente, todos los jóvenes son salvajes más allá de las palabras. Cuando yo era joven, nos enseñaban a ser discretos y respetar a los mayores, pero los jóvenes actuales son excesivamente ofensivos e impacientes a las restricciones.

Me sabe mal criticar a la juventud (preciada y añorada juventud, esa que se fue y nos dejó con las ganas de cambiar el mundo), ya que, de alguna manera, sé dónde acabará la rebeldía juvenil. Ellos aún no lo saben.

La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura.

Esta juventud está malograda hasta el fondo de su corazón. Muchos jóvenes son malhechores y ociosos. Jamás serán como la juventud de antes. La juventud de hoy no será capaz de mantener nuestra cultura.

Mi frase preferida de los últimos tiempos es #yomimeconmigo, esta retahíla de pronombres personales de la primera persona del singular que nos ponían en el presente; aquí y ahora, y, en estos momentos actuales, también en mi yo. El yo, motivo de estudio de Sigmund Freud, que mediaba entre el ello y el superyo, ahora queda explicado.

Nuestro mundo ha llegado a un punto crítico. Los hijos ya no escuchan a sus padres. El fin del mundo no puede estar muy lejos.

Yo soy y quiero. Me importa un rábano tu tú y tus circunstancias. Y lo que quiero lo quiero ahora, en el presente de la primera persona del singular.

Jóvenes e individualistas, sin empatía por idiosincrasias ajenas. Diosas y dioses mirándose su propio ombligo, centro del universo desde donde emanan las exigencias personales y sus conjuntos.

¿Qué les pasa a nuestros jóvenes? No respetan a sus mayores, desobedecen a sus padres. Ignoran las leyes. Hacen disturbios en las calles inflamadas con pensamientos salvajes. Su moralidad decae. ¿Qué será de ellos?

Jóvenes e individualistas, sin empatía por idiosincrasias ajenas

La madurez conlleva la aceptación del conocimiento y de las necesidades universales; sacrificamos nuestra propia individualidad, a pesar de nosotros y a regañadientes, bajo la premisa de haber cambiado algo, poco, de lo que estaba establecido y pasando el testigo a las siguientes generaciones, confiando en su buen hacer.

Aceptamos y pasamos la bola. Y los receptores lucharán por engendrar nuevas mejoras para el futuro y así hasta el fin de los tiempos.

Para muestra, varios botones:

Párrafo dos: Sócrates de 470 a 399 a.C.

Párrafo cuatro: Hesiodo 700 a. C.

Párrafo seis: Escrito en un vaso de arcilla descubierto en las ruinas de Babilonia, actual Bagdad, con más de 4.000 años de existencia

Párrafo ocho: Sacerdote anónimo del 2.000 a. C.

Párrafo once: Platón 400 a. C.

El tema me preocupa, pero creo que no más que a mis ancestros, como ha quedado reflejado en sus reflexiones. Otras sociedades, otras religiones otros hombres se quejaban de la inexperiencia.

Buena juventud, buena esperanza.

Yolanda Rodríguez Herranz @MyolRh

Dejar respuesta

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, escribe tu nombre aquí