«Hannah Arendt, memoria y apología de una pensadora libre»

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Hannah Arendt filosofa alemana protagonista de una columna de opinión en VillaviciosadigitalEl pasado 14 de octubre hizo 114 años que nació la filósofa política Hanna Arendt y su obra sigue siendo muy necesaria para comprender nuestro mundo, por ello ha sido recientemente reivindicada en su Alemania natal con la exposición titulada «Hannah Arendt y el siglo XX».

Arendt (1906-1975) fue una judía alemana, discípula y amante del filósofo Heidegger y doctoranda de Jaspers, perseguida por el régimen nazi. Perdió su nacionalidad y durante años fue apátrida y refugiada, hasta terminar adquiriendo la nacionalidad estadounidense.

Yolanda Guío.

A Arendt le ofendió el alejamiento que tienen casi todos los filósofos de la política. Fue crítica con las más variadas corrientes: cientifismo, darwinismo, idealismo, liberalismo y marxismo. Casi ninguno de los temas principales de la humanidad y el mundo contemporáneo le fue ajeno: totalitarismos, antisemitismo, sionismo, situación de los refugiados, identidad, condición humana, libertad, justicia e igualdad, poder y violencia, pluralidad y democracia, racismo, acción política, protestas estudiantiles, problema palestino… Sobre ellos reflexionó, e incluso desarrolló acciones políticas que la pusieron en riesgo.

Fue pensadora independiente y valiente: crítica con los intelectuales alemanes que blanquearon al nazismo (incluyendo su querido Heidegger), sionista y crítica con la evolución del sionismo, reivindicadora de la identidad judía y crítica con los judíos que no repudiaron a Hitler en sus comienzos, o con los Consejos judíos que siguieron las directrices de los nazis, víctima del nazismo y sin embargo generadora de un concepto para explicarlo como el de la «banalidad del mal», incómodo para muchos judíos. Propuso una Palestina federada donde cupieran la nación judía y la palestina, fruto del entendimiento mutuo. Fue contraria a distintas políticas de EEUU, como la persecución de intelectuales y artistas de izquierdas por el senador McCarthy, la guerra del Vietnam, la segregación racial de los negros, simpatizó con los movimientos estudiantiles.

Cuando escribí mi libro Ideologías Excluyentes, cuyo tema central es el análisis de la ideología nazi y cómo pudo hacerse realidad, me fue útil para hablar de la responsabilidad moral su concepto de «la banalidad del mal», que hace alusión a esa obediencia ciega, burocrática y deshumanizada que pueden tener muchas personas cuando se instala un régimen autoritario y prefieren suspender su pensamiento, su conciencia moral, antes que desobedecer una orden o abandonar su puesto en el engranaje criminal. Arendt lo desarrolló a partir de las declaraciones de Eichman, un criminal nazi juzgado en Israel, cuyo papel fue fundamental en la deportación de millones de judíos a los campos de concentración y de exterminio. Posteriores experimentos psicológicos confirmaron la validez del concepto.

recordáramos las reflexiones de Arendt sobre que la política es un diálogo, que siempre ha de tener en cuenta al «otro»

Recordar a Arendt también me fue útil para reivindicar un mundo menos fundamentalista en la adscripción de identidades, y lo hice reproduciendo lo que le dijo a Jaspers en una de sus cartas.

«… todo individuo debería poder decidir lo que quiere ser, alemán o judío o lo que sea […] Si de mí dependiese… habría simplemente un cambio de las circunstancias, de tal forma que todos pudiesen elegir libremente dónde piensan desarrollar su responsabilidad política y en qué tradición cultural se encuentran más cómodos». 

Por lo demás, lamentablemente hasta ahora no había recalado en otros conceptos claves en su obra. Sobre algunos haré un breve y personal repaso aquí:

-Totalitarismo: Arendt popularizó el concepto «totalitarismo» en su libro Los orígenes del totalitarismo, donde analizó el nazismo y el estalinismo. Según la autora, las principales características que lo definen son: apropiación y propaganda  de cosmovisiones e ideologías que se imponen desde un estado de terror en todas las áreas de la vida, generación de movimientos de masas, inversión del sistema jurídico (legalizando crímenes de estado…), y aspiración al dominio mundial.

En mi análisis sobre el nazismo analicé que se trató de un totalitarismo que funcionó como una teodicea milenarista, es decir como una cosmovisión transcendental que propugnó un apocalipsis y una nueva era de dominio ario, la del III Reich. Funcionó como una religión omnipresente, por ello tuvo tanto éxito.

-Judeidad: Arendt fue consciente de que la difícil integración de los judíos en las sociedades europeas como ciudadanos en igualdad era consecuencia de los ancestrales prejuicios que había en su contra, y ello le obligó a repensar su identidad. Suya es la frase: «Si te atacan como judío, debes defenderte como judío». Por ello reivindicó la identidad judía como algo dado a todos los nacidos como tales, al margen de si reconocen o no la autoridad de sus tradiciones, de sus creencias religiosas, o de los Consejos judíos (máximos referentes en las comunidades judías), y lo hizo en torno al concepto de judeidad. Una judeidad libre, que permite ‘pensar sin barandillas’.

Su análisis de la integración de los judíos le llevó a distinguir dos conceptos. Por un lado, consideraba como Weber que todos los judíos eran considerados «parias» por el resto de la sociedad, es decir eran objeto de algún tipo de exclusión social y política, incluso los que habían conseguido mayor asimilación por su riqueza o posición, que necesitaban jugar el papel de «parvenu» (advenedizo) para mantener su estatus, lo que les obligaba a la sumisión y la simulación. Arendt no veía bien que se tuviera que pasar por ese aro y reivindicaba ejercer de «paria consciente», es decir, de persona de origen judío, que aceptando su origen se siente libre de las presiones que pueda recibir de su entorno judío y no judío para poder crear, e incluso llegar a la genialidad. Y cierto es que la historia ha dado ejemplo de los muchos judíos libres que la encarnan.

Leyendo sobre su concepto de paria asociado al pueblo judío veo concomitancias con mi aproximación al tema, recordaré una. En mi libro resalté cómo se podía observar en el discurso antisemita nazi una forma de concebir/simbolizar a los judíos como «contaminantes», «contagiosos», lo mismo que les ocurre a los parias de la India, impuros e intocables. Inspirada en la obra de Mary Douglas, consideré que este tipo de racismo tan visceral y atávico está relacionado con su sempiterna situación «liminal«, siempre en los límites de las sociedades nacionales, dentro pero fuera, fuera pero dentro, consecuencia de las constantes exclusiones que han sufrido y su empeño en mantener su idiosincrasia en terreno ajeno. Algo que han compartido con los gitanos, otro pueblo apátrida:

«…su liminalidad es vivida como un peligro, un foco de contaminación que hay que extirpar o tener a buen recaudo. De algún modo, gitanos y judíos vienen a representar, en el inconsciente de los que los temen, una suerte de humanos que en su esencia son sagrados y malditos, como lo eran los sacer romanos…» (Guío, Ideologías Excluyentes)

al periodismo bien le vendría dar menos pábulo a las personas con cierto eco mediático que solo ven conspiraciones

-Democracia: Arendt, crítica con la democracia representativa, fue partidaria de la democracia directa o la democracia de consejos en un régimen de república. Una democracia que se construye día a día en el diálogo constante, en el esfuerzo por el reconocimiento del otro y  de la pluralidad. La ética comunitaria debe negociarse una y otra vez.

-El mal es, para Arendt, sobre todo falta de juicio y triunfa en las sociedades donde se permite que el poder político se instaure desde la violencia. De ello son responsables los ciudadanos que lo abrazan o permiten. Apela a la responsabilidad individual en la reflexión para ser conscientes de cuando podemos estar siendo «dirigidos», y estar colaborando o siendo cómplices de regímenes criminales.

Reflexionando con Arendt sobre la actualidad pandémica

Arendt supo distinguir entre la esfera de los cuidados (a la que llamó trabajo/labor), la de la producción, y la de la acción política. Reflexionó sobre la división entre lo público y lo privado, Todo ello es útil para reflexionar sobre la importancia de los cuidados en la supervivencia de nuestra sociedad, más en estos días de pandemiaque ha puesto la vida y los cuidados en el centro. Algo en lo que lleva años trabajando el ecofeminismo.

Bien estaría que en estos tiempos de crisis pandémica gravísima, que tanto están sirviendo a los líderes más paranoicos y sectarios para generar un discurso apocalíptico y milenarista que enfrenta a unos contra otros, tanto en el marco de las propias naciones como en el internacional, recordáramos las reflexiones de Arendt sobre que la política es un diálogo, que siempre ha de tener en cuenta al «otro», y los políticos que no estén a la altura de ello no merecen nuestra confianza.

 Y al periodismo bien le vendría dar menos pábulo a las personas con cierto eco mediático que solo ven conspiraciones detrás de todo lo que está ocurriendo. Son una absoluta minoría, pero hacen mucho ruido y producen mucha confusión, desasosiego y ansiedad en una población cansada y harta. El mejor caldo de cultivo para los peores intereses y sus peores ideologías (las más populistas y apocalípticas).

Yolanda Guío (@Guiocerezo

(Educadora y antropóloga)

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