«Gatos y leyendas»

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En esta semana se ha celebrado el Día Internacional de Gato, una celebración curiosa para un animal que los humanos hemos intentado domesticar, sin conseguirlo al cien por cien. El pasado 20 de febrero ha sido su día, aunque cuenta con otras dos fechas más para su celebración, el 8 de agosto y el 29 de octubre, siendo la de este mes la más popular y festejada.

Esta fecha fue tomada coincidiendo con el aniversario de la muerte del gato de la hija de Bill Clinton. Este felino les acompañaba en muchas de sus apariciones públicas e incluso tenían una foto suya en la sala de prensa.

El Fondo Internacional para el Bienestar de los Animales y otras agrupaciones análogas, aprovecharon esta circunstancia para homenajear a estos animales, recordar sus cuidados y fomentar la adopción de los mismos, ya que por tener ese carácter independiente, no son de los animales de compañía preferidos por las familias.

Es un animal esbelto y elegante. Sus movimientos sinuosos y su mirada de cristal, seducen. Con fama de traicionero e independiente, de cazador, buscó la compañía de los humanos hace cerca de 10.000 años y se dejó domesticar. Los humanos le aceptaron en sus comunidades, las alimañas desaparecían ante la presencia del felino y el grano estaba a salvo de los roedores. Una simbiosis perfecta, pero si invades su espacio y su libertad, sacará las uñas.

No existe animal domesticado más libre que los gatos. Ni más ágil. Trepa, salta y cae de pie. Siete vidas dicen que tiene. Y alguna la vivirá con su dueño, si el gato quiere. Cautivará a su amo y será objeto de adoración, como hicieron los egipcios a través de la diosa Bastet, que protegía sus hogares y simbolizaba armonía y la felicidad. Guardiana de las mujeres embarazadas y de los partos, ya que tenía el poder de alejar los malos espíritus. Cuando los gatos egipcios morían, les honraban con la momificación y sus dueños se rapaban las cejas en señal de duelo.

A contrario sensu, están los gatos negros y sus brujas. ¿Quién no ha sentido un escalofrío al ver un gato negro cruzarse en su camino? Esta falsa creencia, la de considerar al gato negro como animal de mal agüero, nace en la Edad Media, por pensar que obedecían a los mandatos de las endemoniadas de poderes oscuros, llegando a sacrificar, en esa época, a miles de estas inocentes criaturas gatunas.

La cristiandad también tuvo su leyenda con los gatos. En el Arca de Noé los ratones proliferaban desmesuradamente y hacía peligrar la despensa. Noé pidió ayuda a Dios, quien le indicó que acariciara tres veces la cabeza del león. Este estornudó y aparecieron una pareja de gatos que restablecieron el equilibrio en la barcaza.

Como madrileña, me resulta atractivo el apodo con el que nos denominan a los nacidos en estas tierras. Eso sí, cumpliendo la máxima de haber nacido en Madrid uno mismo y, al menos, dos generaciones anteriores. Cuenta la leyenda que un soldado en el reinado de Alfonso VI, trepó por la muralla árabe que rodeaba la sierra del Guadarrama y el valle del Manzanares, de 12 metros de altura, ayudándose con una daga. Llegó a la cima y fue la señal para que las tropas tomaran la ciudad. Fue el mismo Rey quien, mientras escalaba el soldado, exclamó: ¡Parece un gato!

Siglos después los madrileños no escalamos murallas para conquistar ciudades, aunque tenemos otro punto en común con los gatos: Nuestras salidas nocturnas.

Otra buena razón para hacer leyenda.

¡Feliz Día del Gato!

Yolanda R. Herranz @MyolRh

 

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