¿Es posible vivir sin pastillas?

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Ansioliticos¿Cómo es posible el considerable aumento del consumo de medicamentos psiquiátricos? ¿A qué se debe? Me incita a escribir este artículo, una noticia aparecida en el periódico El País del pasado 28 de septiembre. El artículo mencionado se titula Colgados de los ansiolíticos.

En la última década, España ha doblado la ingesta de medicinas ansiolíticas, medicinas para la depresión, medicinas para inducir el sueño, medicinas para paliar cualquier tipo de dolor o sufrimiento psíquico.

En fin, medicinas para afrontar la vida cotidiana que como sabemos en algunas ocasiones está llena de sinsabores. Sufrimientos como los ocasionados por la muerte de un ser querido, la pérdida de un amor, el soportar un jefe que es un tirano, vencer la timidez que nos puede asaltar en una situación concretas, vencer el miedo que nos puede dar cuando tenemos que hablar en público, y un largo etcétera; son motivo suficiente para que muchos acudan a la pastilla.

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Pastilla mágica que nos aportará una supuesta felicidad y sosiego y a la vez nos acarreará más daños que beneficios. Sabemos que el exceso de medicación no cura, sino todo lo contrario, -por poner un ejemplo- los efectos a largo plazo constituyen la tercera causa de muerte en Estados Unidos.

Según estudios estadísticos, el aumento de patologías mentales es estable y similar en todo tipo de sociedad. Por supuesto, que esas sí requieren de una medicación adecuada y controlada. Y paradójicamente muchos de estos enfermos ni siquiera están tratados. Pero no estamos hablando de este tipo de enfermedades, sino de estados de ánimo transitorios e incluso de momentos puntuales que atravesamos todos por el simple hecho de vivir.

“estamos inmersos en una sociedad cada día más competitiva e individualista donde no se soporta la más mínima frustración”

No existe en España tanta depresión como puede indicar la venta ilimitada de antidepresivos. Lo que sucede es que bajo el término de depresión se tiende a etiquetar cualquier clase de malestar psíquico.

Tratando de responder a las preguntas que planteaba al principio del artículo; muchos autores señalan la presión de la industria farmacéutica como una de las causas que han disparado la venta de psicofármacos. Y también como la causante de crear e inventar nuevos síndromes para entonces lograr introducir en el mercado nuevas medicinas. Pero no es sólo la industria farmacéutica la única causante de esta situación. También estamos inmersos en una sociedad cada día más competitiva e individualista, donde no se soporta la más mínima frustración.

Los ideales que nos quieren imponer, estar siempre en forma, alerta, compitiendo sin límites, convenciéndonos con la apabullante publicidad que es posible estar siempre jóvenes, felices, donde cualquier contratiempo es vivido como una amenaza que se interfiere en los logros sin límites que intentamos conseguir. Eso produce individuos impacientes, exigentes y con escasa tolerancia a la frustración.

El sociólogo Zygmunt Bauman nos dice que en estos tiempos tan hipercompetitivos, los que no pueden seguir estas directrices quedan excluídos, y eso crea mucha angustia. Pero lo más alarmante es la medicalización de la infancia. Con un aumento espectacular de diagnósticos de hiperactividad y autismo, la psiquiatría infantil ha resultado ser el campo más abonado para la ingesta de medicinas.

“Pastilla mágica que nos aportará una supuesta felicidad y sosiego y a la vez nos acarreará más daños que beneficios”

Y medicar a niños en edades muy tempranas, es peligroso, los medicamentos no son inocuos y aún no se sabe a ciencia cierta los efectos adversos que pueden tener estos fármacos a lo largo del tiempo. Es preciso que los padres protejan a sus hijos del exceso de medicación. Y cuidado también porque se ha disparado la venta de este tipo de medicinas por Internet, constituyéndose un mercado ilegal.

Estas medicinas, muchas de ellas crean adicción, y ésta es una nueva forma de convertirnos en adictos. Al necesitar un seguimiento por parte del médico, ya que muchas de ellas crean dependencia, el hecho de adquirirlas a través de la Red es sumamente peligroso.

Entrevistaban a Allen Frances que dirigió durante muchos años el Manual Diagnóstico y Estadístico (DSM) considerada la biblia de los psiquiatras, y él comentaba que en el DSM V ha sido tal la inflación de patologías y síndromes, que él mismo se reconocía en muchos de esos trastornos.

Si uno está triste porque ha perdido a un ser querido, está a punto de caer en una depresión, si come alguna vez compulsivamente, probablemente tenga el síndrome del comedor compulsivo, y si tiene olvidos, posiblemente  tenga una pre-demencia. Eso es totalmente absurdo, se ha creado un sistema diagnóstico que transforma los problemas de la vida cotidiana en trastornos mentales.

Y se sabe que sólo los medicamentos utilizados para casos graves, sí son útiles, pero con pacientes con trastornos transitorios del estado de ánimo, su ingesta no se traduce en una mejora a largo plazo. Estas medicinas, sin acompañarse con otro tipo de terapia, generalmente terapias donde el paciente pueda hablar de aquello que no le funciona, que le hace sufrir, que le quita el sueño o lo hace dormir sin medida, por sí solas no siempre sirven para los síntomas leves.

Más bien su consumo provoca apatía, distanciamiento emocional, inhibición del deseo sexual, y convengamos que la vida está para vivirla con todos sus momentos, algunos serán de alegría, otros de tristeza, otros de satisfacción, otros de angustia, pero todos ellos conforman el viaje que emprendemos desde nuestro nacimiento hasta nuestra muerte.

 

Mirta García Iglesias

(Psicóloga clínica)

 

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