Emilio Alonso Feliz publica ‘Manolito’, su primera novela

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La obra de este vecino de Villaviciosa de Odón saldrá a la venta el próximo 26 de agosto.

‘Manolito’, obra ganadora del V Concurso de Narrativa Manuel Díaz Vargas, ya está lista para su venta, según ha anunciado ediciones Alfar. Se trata de la primera novela de Emilio Alonso Feliz, que nació en Valencia el día de Reyes de 1965, pero a los pocos meses de su nacimiento su familia regresó a Madrid, donde ha vivido desde entonces.

Estudió Derecho en la Universidad Complutense, aunque toda su carrera profesional se ha desarrollado en el sector de las tecnologías de la información. Está casado y tiene dos hijos. A lo largo de su otra trayectoria más bien clandestina, la de escritor, ha ganado algunos premios de relato entre los cuales se cuentan el Lena/ Llena en 2017, el Luis Sancho y el Miguel Artigas en 2016 o el del Ateneo Cultural de Paterna en 2014. Además, ganó en dos ocasiones del Concurso de Cuentos Cortos ‘Luis Sancho’, que otorga el Ayuntamiento de Villaviciosa de Odón.

El valenciano ha afirmado: “Y así, con casi cincuenta años, mi yo escritor se desperezó de nuevo dentro de mí y rompió por fin el cascarón. Empecé otra vez a escribir con regularidad, a presentarme a concursos y a ganar alguno de ellos, y cuando el cuaderno de pastas amarillas vio la luz desde el fondo de un cajón, fagocité sin remordimiento alguno la sabiduría taurina que Manolito desplegaba durante nuestras charlas en El Toledano y escribí un relato breve sobre la vida de Ángel García de la Flor, Padilla, el torero que se había pegado un tiro en la sien en una buhardilla de la calle de Jacometrezo, y gané con él el premio más importante de mi breve carrera medio secreta como escritor».

Ha apuntado que le «pareció justo que así fuera: Manolito había sido un torero enano y yo me había convertido, poco a poco y sin darme cuenta, en un escritor enano que, en vez de lidiar con las grandes editoriales y las listas de éxitos, se conforma con enfrentarse a los certámenes convocados por los ayuntamientos, las asociaciones de vecinos, las casas regionales y los ateneos de los pueblos. Por las mañanas me pongo mi traje, me anudo mi corbata, me calzo mis zapatos de cordones y salgo a vender productos de software a las empresas esgrimiendo mis argumentos estereotipados y mis pequeños trucos de vendedor ya curtido, y por la noche, en casa, en la intimidad de mi cuarto del sótano, abro el portátil, inspecciono las listas de certámenes y escribo relatos donde, para cumplir con las bases, debe mencionarse un aparato de aire acondicionado de marca Toshiba…”.

 

 

 

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