Eladio López Yabén oficiará una misa en Villaviciosa de Odón por sus 50 años como sacerdote

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Eladio López Yabén, el primero a la derecha del obispo, en la misa del 19 de junio en el Cerro de los Ángeles en Getafe.

El ex párroco villaodonense se ordenó un 21 de junio de 1970.

Eladio López Yabén (Galapagar, 21 de julio de 1944) cumple 50 años como sacerdote y para conmemorar esta efeméride celebrará una eucaristía el sábado 27 de junio a las 20.00 horas en la iglesia de Santa María de Villaviciosa de Odón; el aforo está limitado y es obligatorio el uso de mascarilla como consecuencia de la pandemia por la COVID-19.

Don Eladio, como se le conoce en la localidad, celebró su última misa en el municipio el 13 de septiembre de 2009, año en el que se jubiló, aunque su vocación sacerdotal le ha llevado a continuar dedicando tiempo a los demás allá donde le han pedido ayuda, tal y como contó a Villaviciosadigital en esta entrevista. «Doy gracias a Dios porque gracias a él me lo he pasado fenomenal en la vida. He sido la persona más feliz del mundo; con dolores, dificultades y pegas, pero cuando pasa el tiempo seleccionas y te vas quitando lo malo y te quedas con lo bueno. Fui a hacer dos bodas a El Berrueco y la gente todavía se acuerda mí y me reciben con los brazos abiertos; como en Robledo de Chavela o Villaviciosa. ¡Si es que he disfrutado todo lo que he podido y un poco más! Querer a la gente y sentirme querido es lo más maravilloso que he experimentado en todos mis años de cura».

El pasado viernes, durante la eucaristía que tuvo lugar en el Cerro de los Ángeles en Getafe y que estuvo presidida por el obispo Ginés García Beltrán, López Yabén renovó las promesas de su ordenación y sus 50 años junto a otros dos sacerdotes diocesanos, José María Bueno, Luis José Pampliega. “Estamos llamados a ser puente entre Dios y los hombres. Nuestra vocación es una vocación de amor a Dios y amor a los hombres”, indicó el obispo, quien dio las claves para esa renovación: “primero, la necesidad de poner a Dios como centro de nuestras vidas, en las que a veces nos perdemos en hacer cosas y dejamos a Dios al margen. Segundo, redescubrir a Cristo en medio de nuestra debilidad y nuestro sufrimiento y tercero la llamada a la comunión y a la fraternidad sacerdotal”.

 

 

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