“El odio al otro y el devenir de la política democrática occidental”

2

Como expresé en el artículo sobre “El auge de la extrema derecha” la última crisis económica ha ido encendiendo el odio al otro en el ámbito democrático americano y europeo. La intolerancia al otro extraño/extranjero existe desde que el hombre es hombre y ha sido la causa principal de las guerras y violencias desencadenadas en el mundo entre pueblos, etnias, países… Es evidente que detrás de esta intolerancia suele haber competencia por la supervivencia o intereses económicos en conflicto, pero la cuestión va más allá.

La cuestión fundamental es que no sabemos generar identidades étnicas o nacionales sanas. Bien está que toda identidad grupal o individual se basa en la “diferencias con el otro”, soy yo en la medida que no soy tú, somos nosotros en la medida que no somos vosotros, pero hacer de la diferencia algo esencial y cargar a los otros todos los males de lo que nos ocurre es claramente infantil y paranoico. Y eso lleva tiempo ocurriendo con la constante llegada de inmigrantes y refugiados a las fronteras europeas, aventado por la extrema derecha y populismos xenófobos (por ello escribí “Ideologías Excluyentes”). El miedo y la fobia al otro se crean y se recrean (sobre todo si vienen sin nada: aporafobia).

Convertir al otro en chivo expiatorio es infantil porque la vida no es maniquea, unos no son los buenos siempre y todos, y otros no son los malos, siempre y todos, quien crea eso no ha madurado nada, y tiene un mal conocimiento histórico.

Autoescuela Triumph

La cultura cristiana occidental tiene muchos ejemplos de maldad, siendo el siglo XX un ejemplo de lo peor. Podemos citar los regímenes nazi y soviético como dos sistemas paranoicos y excluyentes en grado sumo. Los nazis practicaron la eugenesia más atroz  y crearon un sistema de campos de concentración en los que esclavizaban, dejaban morir o asesinaban a sus adversarios étnicos (genocidio judío y gitano), políticos, religiosos… El GULAG soviético esclavizó a sus “disidentes internos” en campos de trabajo donde murieron millones de rusos y Stalin castigó a millones de ucranianos a morir de hambre (Holodomor). Otros regímenes como el fascista italiano, de Vichy, franquista… tienen páginas negras. Las esterilizaciones eugenésicas se hicieron en EEUU, países nórdicos… antes y después de Hitler.

Igualmente es ignorancia histórica considerar que lo nuestro es solo nuestro, como si nunca hubiéramos expoliado a otros, emigrado o pedido asilo. En 1939 casi medio millón de exiliados de nuestra Guerra Civil fueron recluidos en inhóspitos campos de internamiento franceses. Con el tiempo algunos miles consiguieron asilo en México… y muchos se enrolaron en la resistencia francesa para combatir a los nazis (la mayoría murieron en trincheras o en “campos” nazis como el de Mauthausen). En el franquismo el repunte de nuestra economía estuvo relacionado con el dinero que mandaba el millón de emigrantes que salió desde fines de los 50 hacía Francia, Alemania, Suiza… donde solían ser tratados como ciudadanos de segunda, a pesar de llevar contrato.

Convertir al otro en chivo expiatorio es infantil porque la vida no es maniquea

Hace escasos días en un encuentro europeo, cuando el primer ministro italiano Salvini justificaba su xenófoba política migratoria diciendo que en Italia, sentimos la obligación de ayudar a nuestros hijos a tener hijos. Y no tener nuevos esclavos para reemplazar a los hijos que ya no hacemos, el ministro Luxemburgués Asselborn le espetó: ¡En Luxemburgo había decenas de miles de italianos! ¡Vinieron como migrantes… para que ustedes en Italia tuviesen dinero para sus hijos, a la mierda entonces!“. Está claro que el populismo xenófobo no entiende de historia, ni quiere entender, y que la memoria popular suele ser corta y manipulable. La historia de la humanidad está plagada de migraciones forzadas por necesidades de supervivencia, invasiones extranjeras, persecuciones internas… al margen de los que emigran para mejorar su vida.

En España, la crisis económica mundial y los errores gubernamentales, nos llevaron al máximo endeudamiento y a multiplicar nuestro paro estructural, pero “la culpa de todo no la tienen los inmigrantes”. Tampoco de la actual emigración de nuestros jóvenes formados, los inmigrantes no copan los puestos técnicos bien remunerados que merecen y que aquí les niegan.

En Europa y EEUU cunde el auge de partidos, dirigentes y plataformas de extrema derecha que hacen del odio al otro su bandera y la razón de su existencia. El otro es culpable de sus problemas económicos, paradójicamente relacionados con el capitalismo neoliberal del sálvese quien pueda que defienden. Simplifican al enemigo (emigrantes, refugiados, yihadistas… son lo mismo) y cuentan con organizaciones que lanzan a las redes falsas noticias y vídeos maliciosos para dar credibilidad a su interesada ideología. Hacen su propaganda siguiendo los 11 puntos de Goebbels y la bombardean en las redes con la ayuda de millones de ciudadanos anónimos asustados que la repiten en Facebook, WhatsApp, Twitter… y foros afines. Las webs que desmienten bulos no dan abasto, pero sus desmentidos no suelen llegar a quienes les dieron pábulo. Una batalla titánica pero imprescindible.

Recientemente en Alemania, donde Merkel gobierna con la extrema derecha y un ministro de Interior que considera a la inmigración “la madre de todos los problemas”, se suceden manifestaciones xenófobas y llamadas a la caza del extranjero, pero también hay contramanifestantes  que no quieren una vida política basada en el odio al otro como la nazi, que conllevó horribles crímenes contra la humanidad y una feroz guerra mundial. Y hay políticos como Schulz que recuerdan lo nefasto de escuchar nuevamente en su parlamento frases similares a la de “los inmigrantes tienen la culpa de todo”.

NUNCA MÁS.

Yolanda Guío (@Guiocerezo

(Educadora y antropóloga)

 

 

Compartir

2 Comentarios

  1. Buena reflexión señora Guio pero decir que el régimen nazi y el soviético son ejemplos de la cultura cristiana occidental es indecente y suena a ataque contra el cristianismo, queriéndolo emponzoñar con dos regímenes que cometieron multitud de crímenes, y me decepciona acerca de sus conocimientos sobre qué es la cultura cristiana que menciona.
    Hágaselo mirar señora Guio.
    Saludos

  2. Sr. Sócrates supongo que su forma de entender el término cultura es diferente al que tiene la antropología cultural que es la disciplina por antonomasia que analiza las culturas, y en la que se inspiran mis columnas. Es evidente que Occidente, y específicamente Europa, tiene una cultura fundamentalmente cristiana. Más presente aún en la época del nazismo y el comienzo del régimen soviético. La moral occidental Europea tiene como base el cristianismo en sus versiones protestante, católica y ortodoxa.
    Yo no digo que sea el cristianismo quien ha inspirado esos regímenes, siendo que es una religión cuyo mensaje principal es el amor al otro, pero lo cierto es que han surgido en sociedades cristianas, y han sido apoyados o tolerados por millones de personas educadas en la «cultura cristiana» (creyentes o no). Esta paradoja daría lugar a otro análisis complejo. Quizá en otro momento.

Dejar respuesta

Por favor, escribe tu comentario
Por favor, escribe tu nombre aquí