«El maestro: ejemplo, modelo, referente»

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Alumnos en Villaviciosa de Odon“… no será tu maestro aquel a quien escuches, sino aquel de quien aprendas; ni lo será aquel que te dé explicaciones, sino aquel que deje en tu corazón huellas de su enseñanza…”

Decíamos en el artículo anterior que: “…la educación desde la óptica cristiana consiste en sacar lo mejor del niño ayudándole a desarrollar plenamente sus talentos, y en posibilitar esa apertura a la trascendencia para que en la unión con Dios encuentre el motivo para elegir el bien.”

El maestro tiene que ser consciente de que si sabe dar buen ejemplo podrá alcanzar resultados sorprendentes en el crecimiento personal de sus alumnos. Debe haber coherencia entre lo que el maestro dice y lo que el maestro hace, predicar con el ejemplo. Las personas, especialmente los niños, no tardan mucho en descubrir el grado de sinceridad en la vida de los demás y, dependiendo de esto, depositan su confianza en esa persona. De ahí que lo importante, en este caso para los maestros, sea testimoniar con la vida lo que se dice de palabra. “…a esto os ayudará el Señor que os propone ser sencillos y eficaces como la sal,  o como la lámpara, que da luz sin hacer ruido” (Mt 5, 13- 15) (Discurso de Benedicto XVI a jóvenes profesores universitarios).

Hoy en día se promueve que todas las instituciones de la sociedad que se dedican a la educación deben cultivar en los alumnos valores democráticos, convirtiéndose esto en una necesidad, un derecho y una obligación. Pero conceptos como prevención o educación en valores ya eran defendidos y llevados a la práctica por San Juan Bosco hace más de doscientos años.

Basándonos en su sistema preventivo, la relación que hace posible la labor educativa no es la autoridad como fuerza impositiva, sino el afecto, la amistad. El sistema preventivo consiste en vigilar, orientar, guiar, aconsejar y corregir, “…que los jóvenes no sean solamente amados, sino que se den cuenta de que se les ama”. Para que se den cuenta de ello será necesario que el maestro cultive la humildad, la sencillez en el hablar, la fraternidad en el corregir y la naturalidad en el trato. El maestro debe creer en sus alumnos, respetarlos como personas, proporcionarles un ambiente rico en estímulos positivos y valores humanos, ayudándoles así a desarrollar sus talentos, tanto pedagógicos como espirituales.

Para prevenir debemos tener en cuenta que los primeros protagonistas de la educación de niños y jóvenes son sus padres, el núcleo familiar. Ahí es donde empieza la tarea de educar, teniendo su continuidad en el colegio con los maestros.

 

Luz María Moreno Chinchilla

(Directora del colegio Reina de la Paz)

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