El final del verano

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Playa de Peñíscola

Las cremalleras van cerrando la maleta del verano. Apenas se pueden unir ambos lados de los engranajes; el equipaje está lleno de momentos inolvidables que proporcionaron unos días de descanso y tranquilidad sin horarios ni estrés; baños sugerentes a la luz de la luna, visitas culturales y puestas de sol que la imagen de una foto no capta la belleza como nuestros ojos lo han visto. Ráfagas de felicidad que el recuerdo se encarga de agrandar y enriquecer para que nuestra memoria no olvide.

Desconectando de todo y de todos, haciendo que un minuto sea una hora y una hora una semana. No existe el tiempo, solo el instante que acumula remembranzas seductoras en nuestra retina y en nuestro cerebro, generando las endorfinas que nos producen un efecto analgésico y sensación de bienestar, deseando que dure para siempre.

Y como la vida sigue, incluso en verano, los acontecimientos inesperados han agitado algún día nuestro sosiego. Hay quien hizo su última maleta y abandonó la cruda realidad de la que formaba parte; Robin Willians, que tantas veces nos hizo reír y llorar en la ficción, esta vez nos ha hecho sollozar con su decisión definitiva poniendo punto final a su vida atormentada. Nos preguntamos qué puede suceder en la cabeza de un ser humano para ser tan drástico consigo mismo, y tan valiente, a pesar de que esta afirmación pueda crear controversia.

Otros hace tiempo que embaularon su equipaje, iconos como Lauren Bacall, Alfredo Di Stéfano o Peret a quienes la vida les permitió llegar hasta donde pudieron y dejarán un vacío emocional en nuestros pensamientos. Referencias de hombres y mujeres famosos que hicieron su último viaje este verano, y por ende, extensible a personas anónimas que también nos dejaron sin notoriedad y en silencio.

Hemos dejado de lado sucesos que convulsionaron a la sociedad antes y durante el verano y nos preguntamos qué habrá sido del secuestro de las niñas de Nigeria, los malos tratos a mujeres y las muertes a manos de sus parejas, personas corruptas que desvalijan los países, los bombardeos de la franja de Gaza, conflictos en Ucrania, rapto de niñas en Madrid… Lo cotidiano se funde con temas pendientes, con el presente y con el futuro y olvidamos demasiado rápido nuestro merecido asueto.

La desconexión con la vida rutinaria ha sido un éxito, pero la realidad continúa y al abrir la maleta de nuestros sueños, también salen nuestras pesadillas.

Nos quedaremos un tiempo más con las cenas interminables de amigos, las reuniones familiares que no acaban y  la luz del amanecer que anuncia que otro día radiante se inaugura.

No cabe más dicha en una maleta.

 

 Yolanda R. Herranz

 

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