«El auge de ideologías excluyentes en EEUU: algunas claves para entender la deriva del electorado republicano hacia la extrema derecha»

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Foto oficial del expresidente Donald J. Trump (Imagen: Shealah Craighead.)
Foto oficial del expresidente Donald J. Trump. (Imagen: Shealah Craighead.)

Las recientes elecciones en EEUU han dado claro vencedor a Biden (51,38% votos), lo que le convierte en  el candidato presidencial más votado en la historia de este país, pero el respaldo que ha tenido Trump en estas elecciones (46,91%), tras protagonizar una presidencia llena de mentiras y populismo del peor que ha propiciado un espectacular auge de la extrema derecha debe ser objeto de análisis por el peligro que entraña. El reciente asalto al Capitolio, un golpe de estado fallido alentado por el propio Trump para no reconocer la victoria de Biden, da cuenta de ello. Ha habido cinco muertos pero podría haber sido peor. Según las últimas encuestas el 45% de los republicanos apoyan el asalto, y el 70% considera que hubo fraude electoral porque es la tesis de Trump, a pesar de que los tribunales no le han dado la razón. La polarización entre la población que ha conllevado su presidencia es de un calibre guerracivilista.

Yolanda Guío.

En el discurso de Trump y el de sus afines han concurrido toda una serie de ideologías excluyentes, ninguna nueva en la cultura estadounidense, que han venido cobrando fuerza desde su campaña electoral del 2016. Como indiqué a principios de 2017 en el artículo que dedicaba a Trumpy al auge de la extrema derecha, la crisis económica financiero/inmobiliaria que se gestó en EEUU y explotó en 2008 salpicando al mundo y a Europa -aumentando el desempleo y los endeudamientos nacionales, sobre todo en países del sur e Irlanda-  fue el caldo de cultivo propicio para expandir dichas ideologías que se caracterizan por dar soluciones simples a problemas complejos (puro populismo). Son falsas soluciones, pero la desesperación, la ignorancia, el fanatismo y el miedo a la incertidumbre –en distintas dosis, según los casos- de mucha gente, hace que sean abrazadas como antorchas que alumbran el camino a seguir. En este proceso se les ofrecen culpables de lo que sucede, chivos expiatorios en los que vuelcan toda su frustración y rabia, al tiempo que ven descargada su posible responsabilidad, por comisión u omisión, con las circunstancias político-económicas que padecen y/ o con las frustraciones personales que arrastran.

un espectacular auge de la extrema derecha debe ser objeto de análisis por el peligro que entraña

Hagamos un repaso rápido de esas ideologías excluyentes que alimentan la derecha menos democrática estadounidense:

  1. Identidad nacionalista narcisista y excluyente

Por un lado, en la palabra americanos con la que tradicionalmente se autodefinen se ignora (=excluye) la americanidad de los ciudadanos de otros países americanos. Por otro lado, el devenir del imperialismo americano ha forjado una suerte de narcisismo fácilmente identificable: muchos estadounidenses se consideran superiores por ser americanos, y llamados a intervenir en la política mundial desde una posición hegemónica de acuerdo a sus intereses. La crisis y la aparición de serios competidores, sobre todo China, ha ido bajando estas expectativas, pero Trump ha echado mano del eslogan Make America Great Again para seguir con un discurso claramente prepotente.

Pero además hemos podido ver su política de retirada de organizaciones (OMS, UNESCO, Consejo de Derechos Humano de la ONU) y tratados internacionales (Acuerdo de París,  Acuerdo nuclear con Irán…) relacionados con los intereses del bienestar mundial, que ha dejado patente la autoexclusión egocéntrica de su política internacional, resumida en su otro eslogan America First. (Ninguno de estos eslóganes son propios).

  1. Supremacismo blanco victimista

Muchas de las personas y los grupos de extrema derecha americanos son supremacistas, creen en la superioridad de la raza blanca. Así ocurre con Boys Proud, KU KLUX KLAN, Vanguard America, Frente Patriótico (neonazis)… La bandera confederada, siempre presente en los mítines de Trump y en el asalto al Capitolio, es un símbolo supremacista, y  nos remonta a los orígenes de la guerra civil que tuvo su principal causa en la oposición de los estados sureños a la abolición de la esclavitud.

El racismo, especialmente contra negros y latinos, está muy presente en la vida americana, y en las fuerzas policiales. El asesinato de George Floyd ha vuelto a poner de manifiesto la peligrosidad del racismo policial y su impunidad. Ello ha conllevado centenares de revueltas con el lema BLACK LIVES MATTER, pero el gobierno de Trump, que en su historia tiene un rosario de frases racistas, se ha movido en la ambigüedad al respecto.

Tampoco es difícil encontrar algunas de esas frases en sus discursos antiinmigración y su política en la frontera con México. Trump está en la línea de la tesis de que los blancos son los que están amenazados, alimentando un victimismo que siempre puede servir de justificación a la violencia popular, policial o política, contra los no blancos, como hacen siempre los racistas, como hicieron los nazis con los no arios. Trump ha sido capaz de separar a miles de niños de sus padres en la frontera mexicana durante muchos meses, 545 siguen separados años después.

  1. Fanatismo apocalíptico y conspiracionismo político.

Gran parte del pueblo americano es muy religioso. Muchos de los primero pobladores provenían de grupos protestantes puritanos perseguidos por el anglicanismo, como los Padres Peregrinos. Para ellos América era la tierra prometida donde instaurar una nueva sociedad cristiana. La mención a Dios está en la Declaración de Independencia y en el dólar.

Gran parte del descrédito de la ciencia en EEUU tiene que ver con este tipo de fanatismo, usual en sectores evangelistas

Entre los sectores más fundamentalistas del protestantismo americano ha permanecido a lo largo del tiempo un pensamiento apocalíptico milenarista que cada vez que se instala una crisis, como ahora con la pandemia del Covid-19, toma fuerza e inunda los discursos de ciertos predicadores que ejercen como pequeños mesías proclamando la catástrofe final y la llegada de un nuevo orden con la segunda venida de Cristo. La mayoría de estos son creacionistas, es decir no creen en la evolución, y consideran que lo que se dice en la Biblia es literal, como casi la mitad de la población americana. Gran parte del descrédito de la ciencia en EEUU tiene que ver con este tipo de fanatismo, usual en sectores evangelistas muy presentes en la vida cotidiana y en la política de la derecha americana.

A ello hay que sumar la presión de los contrarios al matrimonio homosexual y al aborto, usual en la derecha religiosa y el Tea Party, etc. El movimiento Provida tiene mucha influencia en la política americana. Ello llevó a Trump a participar en la multitudinaria marcha Provida de enero de 2020.

Por supuesto, en estos sectores también se propaga el discurso islamofóbico y el miedo a perder la hegemonía creencial  cristiana en la civilización occidental.

En consonancia con la forma apocalíptica de entender la existencia y la política también se mueven grupos conspiranoicos de distinto pelaje, como Qanon, que alertan del dominio del mundo por sectores liberales (=para ellos de izquierdas) que formarían una suerte de secta que practica la pederastia, el tráfico de niños, la adoración a satán, etc. Se mueven exponencialmente por las redes sociales desde las elecciones del 16, donde protagonizaron una campaña descomunal llena de calumnias (Pizzagate) contra Hilary Clinton, y han hecho de Trump el salvador que trabaja para frenar esta gran conspiración. El famoso cabecilla cornamentado del asalto al Capitolio que se autodenomina Jake Angeli y Q Shaman, es uno de los propagadores de estas teorías en Youtube. Entre sus adeptos también han proliferado los discursos conspiranoicos en relación al origen del Covid-19, la función del mismo o de las vacunas. Por otro lado, confluyendo en  estos temores encontramos ciertos sectores espiritualistas, naturistas, radicalmente escépticos con la ciencia, que llevan tiempo creciendo como consecuencia del hartazgo con al materialismo y el empirismo imperante en nuestra cultura.

  1. Fanatismo político-económico y aporafóbico

En este tipo de derecha extrema el liberalismo económico funciona como un credo. La defensa de la libertad individual, concepto clave en la conformación de los EEUU, es entendida por estos sectores como un derecho a tener armas y a oponerse al estado si lo ven pertinente. Por ello sus seguidores han protagonizado sonoras  manifestaciones contra las medidas gubernamentales anti-Covid. Por encima, siempre está la economía. No se fían de las medidas sanitarias y suelen ser contrarios a la sanidad pública generalizada (no existe), pues no son partidarios del estado del bienestar, a causa de su fobia a pagar impuestos (como si pagar seguros médicos fuera gratis) y su desconfianza en los gobernantes.

Detrás hay un individualismo atroz y poco inteligente, además de cierta aporafobia. Es decir, fobia a los pobres. Siguiendo la teoría del sueño americano creen que los pobres no son sino fracasados, que no luchan lo suficiente por mejorar su situación. Y hacen frecuente asociación entre pobreza y delincuencia.

Los que se dejan seducir por teorías o creencias apocalípticas, conspiranoicas, prefieren la violencia para salir del enredo, para acabar con los otros

  1. Antifeminismo

En la extrema derecha y la derecha conservadora la igualdad de género no es una preocupación. Suelen defender el modelo tradicional de familia, con los roles de género marcados, y por tanto son antifeministas.

Entre los grupos más radicales existe un temor a perder privilegios tradicionalmente masculinos, se sienten amenazados por el feminismo y las mujeres que lo encarnan. Por ejemplo, los Proud boys solo admiten a hombres. También se hallan cercanos los Incels, esos célibes involuntarios misóginos tan peligrosos (algunos han cometido actos terroristas).

Como colofón una vez más diré que este periodo de profundos cambios y crisis económica, muy agravado por las consecuencias de la Pandemia del Covid-19, genera mucha ansiedad entre una parte importante de la población (no solo los más afectados), porque el ser humano parece adicto a la certidumbre y hoy más que nunca la realidad es muy “líquida”, el futuro más incierto, y ciertos sectores están perdiendo privilegios sin quererlo. Los que se dejan seducir por teorías o creencias apocalípticas, conspiranoicas, prefieren la violencia para salir del enredo, para acabar con los otros, los que no quieren tener en el futuro idealizado que imaginan después de la destrucción, aunque en ello expongan sus vidas. Detrás puede estar presente cierta pulsión de muerte. Visiones semejantes guiaron a Hitler y a los nazis, no caigamos en su canto de sirenas, ni tampoco los desestimemos. No podemos dejar que campen a sus anchas, ni inunden las redes de fake news.

La incertidumbre es consustancial a la existencia, adoptémosla con un ánimo siempre constructivo, flexible, inclusivo.

 

Yolanda Guío (@Guiocerezo

(Educadora y antropóloga)

 

1 Comentario

  1. Gracias por recordar la serie de sucesos protagonizados por Trump, como cabeza de un vuelco del orden mundial
    Hemos de tomar nota de esto y tenerlo en cuenta en nuestro país con la ultraextremaderecha presente que intenta hacer de españa un país nacionalista

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