«Dioses mortales»

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M. Yolanda R. Herranz.

Este tiempo de confinamiento por pandemia, de nueva normalidad y de verano distinto, me ha servido para retomar lecturas clásicas sobre mitología, cultura griega y romana y, sobre todo, sobre los dioses del Olimpo.

De todos es sabido la calidad de violentos de la que adolecían estas grandes deidades, de su poder sobre los mortales, de su misoginia, viniera de dioses o de diosas. Eran el poder divino, el numen de los dioses, y castigaban el hybris de los humanos, que no era otra cosa que el exceso de orgullo de los hombres y su comportamiento desmedido olvidando su condición de mortales. Tal vez en el orgullo vital de los dioses del Olimpo había mucho de sabiduría y disciplina.

Todavía no estamos lejos de eso, de ese comportamiento desmedido en nuestras afirmaciones, convicciones políticas y creencias de cualquier tipo. Desafiamos al propio destino, creyéndonos diosecillos del Olimpo, deidades de nuestros trescientos sesenta grados, cuyo núcleo gira alrededor de nosotros mismos.

A veces pienso que no nos vendría mal algún dios malhumorado y desafiante para volver a caer en la cuenta de lo que somos: al final polvo. Aunque, considerándolo bien, esta actitud sería un tanto autocrática y, de eso, ya hemos tenido bastante.

Desafiamos al propio destino, creyéndonos diosecillos del Olimpo

¿Realmente aprenderemos lo que somos? Por lo pronto, ya existe un trastorno psicológico llamado Síndrome de Hybris, que genera un ego desmedido, un enfoque personal exagerado, aparición de excentricidades y desprecio hacia las opiniones de los demás… ¿Megalomanía? ¿Narcisismo? También. Es una mezcla de todos los rasgos psicológicos con pequeñas y sutiles variaciones.

Me atrevería a decir que todo está inventado, descrito y explicado, incluso en esas épocas de siglos y siglos antes del nacimiento de la cristiandad. Pero, según somos los humanos, no es menos cierto que repetir, reparar y sobrevivir, para descubrir la ruta de la sabiduría, es nuestro único camino para encontrarnos. Caer una y mil veces en el error de creernos más que el resto del mundo, más que nadie e incluso más que nosotros mismos, está intrínsecamente ligado al ser humano y no ayuda a nuestra especie.

¿Tendremos arreglo?

Yolanda R. Herranz @MyolRh

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