«Completos y desconocidos»

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Demasiados meses con la cara medio tapada por la mascarilla para nuestra seguridad y la de los demás. Demasiados días sin ver dientes detrás de labios que sonríen. Si ver gestos que nos dicen más que las palabras.

M. Yolanda R. Herranz.

La mirada ha adquirido el protagonismo, aunque siempre fue la estrella de nuestra comunicación, y se ha revalorizado en estos últimos meses. La voz, indispensable en nuestro vínculo emocional, y con la que hemos tenido que trabajar para vocalizar bien y que se nos entendiera. Incluso elevar su señal, modularla, para suplir el complemento de la lectura de los labios.

Hemos conocido a gente nueva a medias. Hemos descubierto a nuestros antiguos conocidos, por su mirada, por sus palabras y por sus gestos. Es como jugar a “Quién es Quién”. En ocasiones, nos ha dado la cobertura necesaria para pasar desapercibidos, atribuyendo a la media cara, facultades de “despiste” y evitar el contacto-saludo con los demás.

He observado mucho estos meses a las personas con las que he compartido trayectos en autobús, en Metro… En el trabajo, en la vida… y he comprobado que seguían sonriendo debajo de la máscara; los ojos se achinaban y los pómulos se alzaban dejando entrever por encima del azul de la mascarilla la felicidad que nos sigue haciendo humanos.

También he visto la desesperación y el dolor, disimulado por esa misma lamida azul. El amor y el dolor que también nos humaniza. Nos ha salvado de muecas arriesgadas delante de quien no nos caía bien o había dicho, o hecho, algo que nos agradara. Un escudo, para bien o para mal, y, sobre todo, por nuestra salud, que, impuesta para protegernos de contagios por Covid19, ha evitado los grandes picos de gripe de otros inviernos, ha reducido los síntomas de los alérgicos y nos ha protegido de los alientos de los demás, aprendiendo a convivir con el nuestro. Esto ha sido un gran reto.

La mirada ha adquirido el protagonismo, aunque siempre fue la estrella de nuestra comunicación, y se ha revalorizado en estos últimos meses

Estamos a la espera de que, en estos meses, esté a punto de caer la máscara en espacios al aire libre, en cuanto las autoridades sanitarias nos indiquen que es viable. Volveremos a tener una cara completa. Estaremos completos. Completos y con más arrugas, más granos, barba, pelos, papada… ¿Nos reconoceremos?, ¿Seguiremos llevando la mascarilla, por temor a contagiarnos, por seguridad, por altruismo…?

O porque nos hace más atractivos según un estudio; el de la Temple University’s College of Public Health y la Universidad de Pensilvania (Estados Unidos) Beauty and the Mask (La bella y la mascarilla). Nuestra mente tiende a idealizar los estímulos que percibe, rellenando lo que no vemos o no entendemos, y dotando a esa media cara de los rasgos que, a nosotros mismos, nos parecen más bellos; por consiguiente, hacemos más atractiva a la otra persona. Sencillo.

¡Quién sabe! Tal vez hayamos salido ganando, (llevando mascarilla), y no sólo en salud.

Yolanda R. Herranz @MyolRh

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