«Colmillo», el guardaespaldas de Elena Valero y familia

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Elena Valero, Casvi Villaviciosa de Odon

Elena Valero, profesora desde hace más de 20 años en el Eurocolegio Casvi de Villaviciosa de Odón nos presenta a su mascota Colmillo. “Colmi”, como le llaman, es un cariñoso mestizo de alaskan malamute al que le encantan los mimos, sin embargo, se ha convertido en el máximo responsable de la seguridad de todos los miembros de su familia.

¿Cómo llegó a vuestra familia?

Llegó hace cinco años. Íbamos de paseo por Villaviciosa y nos encontramos a un señor que llevaba dos cachorros en la mano. Nos acercamos y les dijo a mis hijos si les gustaría tener uno. Imagínate, mis dos hijos, que eran pequeños, como locos. Nosotros éramos un poco reacios al principio.

Pensábamos que era un poco trampa el hecho de que nos lo regalase porque lo normal era que los vendiera. El hombre nos dio su dirección, por la noche lo pensamos y al día siguiente fuimos a por él. Es verdad que había anunciado que los vendía; incluso había gente que había venido de Sevilla a por otros cachorros. Sin embargo, a nosotros nos lo regaló. Estamos encantados con él.

¿Cómo es de carácter?

Es un perro perfecto para mí. Es buen compañero, es cariñoso, juguetón, divertido y muy guardián de la casa.

Antes de decidiros a tenerlo, ¿os habíais informado de las características de los perros nórdicos?

Antes tuvimos a Tomás, un labrador, pero la verdad es que no sabíamos cómo eran estos perros. Enseguida nos pusimos al día.

¿Qué diferencias notáis respecto al labrador?

Ambas razas son supernobles, cariñosos y familiares. En cuanto a diferencias, a la hora de cambiar el pelo, Colmillo suelta mucho más.

Los perros nórdicos suelen tener fama de ser un poco independientes.

Sí, pero Colmillo no lo es, es muy sociable, juega con todos los perros, aunque con  los machos marca un poco el terreno. Es verdad que a veces nos pasa que cuando otras personas con perro le ven, se asustan por su tamaño, pero no hace nada. Es muy bueno.

Mascota Villaviciosa de Odon

¿Cómo ha sido el proceso de su educación?

Llegó con 21 días y al día siguiente de tenerlo fuimos al veterinario y nos dio unas pautas. Le acotamos cuál era su terreno; normalmente, no le dejamos entrar en casa porque suelta mucho pelo.

También pusimos un horario para sacarlo y evitar que se hiciera sus necesidades en casa; nunca se ha hecho nada. De cachorro le pusimos un arenal y luego ya le sacábamos cuatro veces. Ahora sale dos y aguanta perfectamente.

Ha sido disciplinado desde el primer momento; simplemente, con levantarle un poco la voz obedece.

No es excesivamente ladrador, sólo cuando sacamos los coches; es su manera de despedirse. Luego tiene cogidas las horas a las que llegamos. Mi madre me dice que es increíble cómo un poco antes de que llegue de trabajar ya está pendiente, se pone en la escalera de la entrada para esperarnos. Es adorable.

¿Cómo es su alimentación?

Tenemos un buen y un mal hábito: el bueno es que desde el primer momento le hemos acostumbrado a un tipo de pienso, el seco.

Sin embargo, la veterinaria nos insistió en no echarle comida de personas pero por ejemplo, a veces le damos pollo asado; es verdad que luego está mal, pero es que le encanta. Es tan agradecido; viene con su patita y no lo puedo evitar. En ese sentido mi marido “Caco” es más estricto. Si no fuera por él, yo le dejaría meterlo más en casa.

¿Tú le consientes más a Colmillo?

Sí, no lo puedo remediar (risas).

¿Qué tal con los niños?

Genial. Ahora ya son más mayores, pero Colmillo ha estado acostumbrado a tratar con los niños. Le encantan; alguna vez me le he llevado hasta el colegio y se acercan a él y nunca ha pasado nada. Se tumba para que le acaricien, es un poco peluche.

¿Cómo lleva el calor?

Ahora mismo está agobiado. Nos soporta el sol. En invierno le damos paseos de varios kilómetros pero ahora es imposible, duran como mucho 15 minutos porque no puede andar. Cuando llegamos a casa le echamos agua con la manguera.

Este año no le hemos podido cortar el pelo por la dermatitis que tuvo y está todo el día tumbado en el garaje. Sin embargo, en invierno es feliz, con la nieve disfruta mucho.

«que le hagan de la familia»

¿Qué consejos daríais a las familias que quieren tener un perro nórdico?

Lo primero es que le hagan de la familia. Indudablemente, hay que marcarle unas normas pero queriéndole y enseñándole desde el primer momento, es una delicia verlo crecer.

De cara al verano, lo mejor es quitarle pelo, tenerle en un sitio fresco, refrescarle de vez en cuando. Colmillo tiene un goteo continuamente en su agua para que se le renueve y esté fresca.

Creo que Colmillo se enfureció con unos cazadores en un pueblo de Segovia.

Es un perro muy grande y está acostumbrado a nosotros. Cundo salimos de vacaciones, lo llevamos a Tolocirio, un pueblo de Segovia, con mis padres.

Mi madre salió con él al prado y ella no tiene fuerza para sujetarlo, así que se escapó porque vio a unos cazadores como a unos 200 metros. Para él eran una amenaza, porque lo que tiene muy claro es la defensa de los suyos. Afortunadamente, no pasó nada, aunque los cazadores se asustaron mucho.

Otra anécdota que ocurrió en Tolocirio es que fueron a casa de mis padres a echar gasoil y cuando el transportista entró en el patio, salió Colmillo muy enfadado. Su misión es defender a los suyos.

Aquí en Villaviciosa también pasó que a mi hijo mayor le encantaba meterse de más pequeño por los descampados, íbamos andando por el campo y a mi marido se le ocurrió ver cómo reaccionaba Colmillo. Se puso una gabardina y se ocultó detrás de un matorral y salió de improviso. El perro se le tiró encima; nos defiende a muerte, es ideal.

¿Qué es lo menos bueno?

Para mí no tiene nada malo, es ideal. Son todo cualidades.

 

Texto y fotos: Israel Revilla Canora

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