Así son los voluntarios de Cruz Roja que acompañan a los ancianos de Boadilla del Monte

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¿Quiénes son estos ángeles de la guarda de unas 1.000 personas mayores de 15 localidades madrileñas, entre ellas Boadilla del Monte? ¿Cómo es el trabajo de los voluntarios de Cruz Roja de Brunete? Villaviciosadigital.es ha compartido unas horas con algunos de ellos.

Según datos de Cruz Roja de Brunete, los voluntarios que acompañan a personas mayores son 26 personas. A todas luces un número insuficiente para el extenso ámbito de actuación; un total 15 pueblos, concretamente Boadilla del Monte, Villanueva de la Cañada, Villanueva del Pardillo, Quijorna, Colmenar del Arroyo, Chapinería, Aldea del Fresno, Villa del Prado, Navas del Rey, Pelayos de la Presa, San Martin de Valdeiglesias, Cadalso de los Vidrios, Rozas de Puerto Real, Cenicientos y por supuesto la localidad brunetense.

Ante esta realidad hace unas semanas han puesto en marcha una campaña de captación de personas que altruistamente quieran echar una mano. Mientras, siguen con su rutina semanal. Todos los miércoles por la mañana se reúnen en su sede para celebrar los desayunos de los mayores, una buena oportunidad para charlar del día a día, en definitiva, para que se entretengan y puedan socializar con sus vecinos. Además, al mismo tiempo que se realiza este encuentro se aprovecha para hacer un control rutinario a los hipertensos, que consiste en tomarles la tensión, el pulso, el peso y les obsequian con un podómetro para calcular todo lo que han caminado en la semana.

Los voluntarios en todo momento están presentes y gracias a ellos funciona Cruz Roja, son el motor. Hablamos con varios de los colaboradores del programa, quienes coinciden en que lo que más necesitan los octogenarios es compañía, ya que están muy solos, y recalcan la alegría que experimentan tan solo con visitarlos.

Juan José García, lleva desde los 18 años como voluntario, labor que ha compaginado en su etapa laboral y sigue haciendo una vez se jubiló. Visita al mes a 14 abuelos de Villanueva del Pardillo, su localidad de residencia, y admite que a muchos se les saltan las lágrimas nada más lo ven llegar. Anima a cualquier persona que le guste ayudar a los demás desinteresadamente que experimente el voluntariado, porque es una “bellísima acción” y sobre todo, “muy gratificante”.

los voluntarios recalcan que lo que más necesitan los ancianos es compañía

El súbdito rumano, Nicolae Mihailescu, de 44 años, residente en Brunete, es voluntario desde hace dos años y medio y cuenta sus impactantes vivencias; con 12 años se quedo sin padres y gracias a sus abuelos pudo salir adelante. Ha trabajado de militar en su país, Rumania, participando en las guerras de yugoslavia, por tanto ha visto con sus propios ojos el desastre tan absoluto que provoca un conflicto bélico que él sufrió en sus propias carnes, ya que enfermó tras participar en estas. Es por esto que actualmente disfruta ayudando a las personas y está muy contento con la labor que realiza.

Al haber trabajado en el campo de batalla sabe de propia mano todo lo que realiza Cruz Roja y por eso se decantó a participar en esta actividad altruista.

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Tras esos instantes en la sede brunetense de Cruz Roja, acompañamos a otra voluntaria, Ana Gobbi, de Uruguay residente en Brunete que lleva haciendo esta labor desde 2011. En esta ocasión acude a visitar a Isidora Checa, vecina brunetense de 90 años que actualmente sufre de movilidad reducida, por lo que no puede acudir a los desayunos de los miércoles. Nada más vernos se le ilumina la cara y se pone muy contenta, charlamos animadamente con ella, nos desvela que vivió 48 años en Inglaterra y que le encantan las visitas.

Gibbo y el resto de voluntarios, además de acompañar a los ancianos se cercioran de que el aparato de teleasistencia funcione bien y alecciona a Isidora a que no coloque nada encima para que esté despejado y así ella pueda oír perfectamente a los de la central y estos a su vez a ella. Pulsa el colgante y todo funciona correctamente. Tras conversar un rato con Isidora, la visita ha concluido con una semilla de alegría en el corazón de la anciana, quien y nos ofrece que regresemos de visita cuando queramos.

Ana Gobbi.

El programa de teleasistencia requiere del aparato parlante o altavoz (como lo llaman), que se conecta a la red eléctrica y al teléfono. Los abuelos además obtienen un colgante que deben llevarlo siempre puesto cuando están en casa. Si les pasa algo, tan solo con presionarlo se activa una llamada de teléfono a la Central de Atención que está situada en Reina Victoria, en Madrid, es el llamado Centro de Coordinación, donde están todos los teleoperadores, los 365 días del año, las 24 horas.  Estos son los que reciben las llamadas y gestionan las ambulancias si son necesarias.

El cometido de las personas que están en la Cruz Roja de Brunete es gestionar la parte administrativa, todo lo que son altas, bajas y las incidencias. La otra labor es la gestión de voluntariado y las visitas de seguimiento. La mayor parte de los 920 ancianos deben recibir al menos una mensualmente, ya que sólo unos pocos han rechazado este servicio que sólo implica unas horas de las más de 730 que tiene un mes, es decir, que con apenas 26 voluntarios, su labor se convierte en un auténtica joya, el mayor tesoro de Cruz Roja.

 

Texto y fotos: Manuela Sánchez.

 

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