Ante un inevitable sacrificio de tu perro, no le dejes solo en ese momento

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El 90 por ciento de los propietarios de canes que tienen que pasar por ese trance evitan acompañarle en ese instante anteponiendo evitar su propio sufrimiento a darle cariño hasta su último aliento de vida.

La esperanza de vida de los perros oscila entre los ocho y los 20 años, pero depende de varios factores como el tipo de raza, el peso, su alimentación, cuidados y los hábitos que haya llevado.

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Lo más deseable es que vivan muchos años, pero por desgracia no siempre sucede y hay casos en los que siendo jóvenes se les debe sacrificar o «dormir» como se afirma sutilmente, como consecuencia de alguna enfermedad sobrevenida que le produce extremos dolor. En otros, ese indeseable momento del sacrificio se produce cuando el can es muy mayor, está sufriendo mucho al estar muy afectadas sus capacidades motrices o estar muy enfermo.

Antes de tomar esa decisión, hay que planteárselo bien y buscar todas las soluciones viables antes de decidirse; tener que sacrificar a una mascota es tremendamente doloroso.

Hay algo sobre lo que los propietarios no reparan debido al duro momento que implica «dormirles» y es el hecho de que no quieren ver a su perro sufrir en ese momento, es superior a ellos, y una decisión muy humana y quizá también algo egoista. Ante eso, dejan a su mascota en el veterinario o lo hace un familiar y se marchan con mucho dolor, dejándoles sólos en sus últimos minutos de vida.

Recientemente un veterinario norteamericano afirmó que lo más difícil de su trabajo es «llevar al animal a sus últimos momentos con vida sin la presencia de sus dueños». El especialista recalcó que lo que los propietarios no saben es que «la mayoría de ellos» les busca cuando se les deja y no entienden porqué los han dejado cuando están enfermos, atemorizados o se están muriendo y «necesitan todo vuestro cariño».

Y es evidente, que ese testimonio es cierto. ¿Cómo se deben sentir nuestros compañeros perrunos cuando en el momento más difícil de su vida buscan a su dueño, el centro de su vida, para aplacar el pánico que padecen y ven como se marcha y les deja con personas practicamente desconocidas? El veterinario fue categórico: «No seas cobarde pensando solo en lo duro que es para ti y no lo dejes sólo en ese momento».

Déjalo ir

El conductista canino, César Millán, explicó en 2010 algunas aspectos que los dueños deben tener en cuenta a la hora de afrontar de la manera menos dolorosa posible el sacrificio de su perro: aceptar que la muerte es parte del ciclo de la vida, «dejarlo ir», honrar a nuestro can en el tiempo para «mantenerlo vivo».

Con esa importantísima premisa asimilada, los propietarios deberán tener en cuenta a la hora de tomar la decisión de sacrificar a su perro, el comportamiento de éste y la opinión de su veterinario antes de «dormirle».

En caso de que finalmente se decidan dar ese paso, lo habitual es que el veterinario le administre un sedante que le relaje y le evite el dolor de la inyección con la que le otorgue una muerte digna sin sufrimiento. El precio suele rondar los 50 ó 60 euros.

Una vez que nuestro compañero perruno deje este mundo, el propietario deberá decidir si lo entierra o lo incinera, ya que los ayuntamientos obligan a hacerlo en lugares habilitados de manera específica para ello. En todo caso, es recomendable consultar al veterinario.

La incineración es lo que suelen proponer en la muchas clínicas veterinarias de la Comunidad de Madrid porque quizá sea lo más económico. Puede hacerse vía empresa privada, cuyos precios oscilan entre los 200 y 350 euros, dependiendo del tamaño y si se quieren o no las cenizas, o a través de los servicios públicos del Gobierno regional o municipal en cuyo caso, rondan los 100 a 150 euros.

Para quienes quieran enterrarlos, existen algunos cementerios como el de Arganda del Rey, el más grande de la región, ‘El último Parque’, cuyos precios varían entre los 200 y los 5.000 euros, dependiendo del servicio que incluyan y la zona donde se les entierre.

Tras el fallecimiento del animal, hay que darle de baja su microchip en la base de datos del ayuntamiento donde esté censado.

Estos últimos son trámites que debemos recordar, pero lo que nunca no debemos olvidar es darles nuestro cariño hasta el último aliento, pensar exclusivamente en ellos y no dejarles solos en sus instantes finales.

 

 

 

 

 

 

 

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