“A propósito del Día internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, otro mundo es posible y necesario”

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Yolanda Guío.

Hace poco hice una ponencia que tenía por título ‘¿Podemos romper el techo de cristal?, relacionada con la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia el 11 de febrero, por Naciones Unidas, para visibilizar e impulsar a las “mujeres de ciencias”. Mi máximo interés fue analizar las causas de la existencia del techo de cristal que no deja avanzar en el posicionamiento social, económico, científico… a muchas mujeres formadas.

Paradójicamente el último Foro Económico Mundial (Davos) ha sido dirigido por mujeres, aunque éstas solo suponen el 21 por ciento de los asistentes. Pareció un golpe de efecto ante lo que se está revelando como un gran problema mundial: el mundo prescinde de gran parte del capital humano femenino o restringe de forma brutal su desarrollo. El Foro advertía en su Índice Global de disparidad de género que la brecha mundial entre hombres y mujeres ha aumentado en 2017 por segundo año consecutivo y que, al ritmo actual, se tardará un siglo en igualar las oportunidades en participación política, educación o salud… y más de dos en lo que respecta a la economía.

Las cifras cantan y su canto no es bonito. Muchas mujeres formadas apenas tocan poder en política, economía, educación, investigación… La brecha es tanto vertical, pues el ascenso es muy difícil, como horizontal, sobre todo en el ámbito de la ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas (#womenInSTEM). Hay una tradición patriarcal que ve poco competentes a las mujeres investigando en estos campos.

existe un sesgo cognitivo antifemenino

Autoescuela Triumph

Mujeres científicas las hay desde antiguo, astrónomas, matemáticas, biólogas…, pero apenas conocidas. Hay honrosas excepciones, como Hypatía de Alejandría, Marie Curie y poco más. Pero Marie Curie fue reconocida en su Nobel de Física compartido porque su marido lo exigió (luego recibiría el de Química). En casos constatados las investigaciones femeninas fueron atribuidas a sus maridos. En otros se sospecha: se cree que Einstein debe mucho de su teoría de la relatividad a su primera mujer Mileva Maric que le aportó la base matemática. Él en sus cartas hablaba de “nuestra teoría” y “nuestros trabajos” y le cedió dinero de su nobel.

Solo por citar la importancia de algunas científicas, recordemos a Rita Levi-Montalcini que recibió el Nobel de Medicina al descubrir el Factor del Crecimiento Nervioso, imprescindible para comprender las enfermedades neurodegenerativas, la plasticidad del cerebro, los trastornos psiquiátricos y del neurodesarrollo; mencionemos que la primera programadora fue Ada de Lovelace, y que el WIFI tiene su origen en la investigación compartida sobre conmutación de frecuencias de la actriz Hedy Lamarr para mejorar los torpedos de los aliados en la Segunda Guerra Mundial.

Está demostrado que existe un sesgo cognitivo antifemenino que opera en procesos de selección y promoción del personal científico. Experimento emblemático es el caso de Jennifer y John, donde se observa que cuando el mismo curriculum lleva nombre de mujer es peor evaluado y peor remunerado. Se hizo en seis universidades estadounidenses participando profesorado femenino y masculino.

“la cultura patriarcal ha frenado la competitividad femenina”

Por otro lado, la cultura patriarcal ha frenado la competitividad femenina, considerada propia de hombres. El experimento de Balafoutas y Sutter, donde 360 estudiantes de ambos sexos resolvían problemas aritméticos, demuestra que las estrategias de apoyo a las mujeres tienen efecto positivo y el resultado final es favorable para las mejor cualificadas.

Si a ello se suma la tradicional dedicación al hogar y los cuidados familiares de las mujeres, su reclusión al ámbito privado y difícil acceso al conocimiento, la minusvaloración de sus tareas… Es decir, toda esa serie de condicionantes de la ideología machista que excluye a la mujer del ámbito público y el poder social, comprenderemos qué invisible es este techo de cristal que cercena la riqueza cultural y económica del mundo, al desvalorar el conocimiento y la experiencia de las mujeres, y qué urgente es derribarlo para cambiar de paradigma, y albergar un mundo mejor.

 

Yolanda Guío (@Guiocerezo

(Educadora y antropóloga)

 

1 Comentario

  1. Estimada Yolanda. Su artículo es muy bueno y, como nos tiene acostumbrados, su pluma corta el papel de la historia apuntando hacia la mujer y sus aportaciones a la Sociedad y la cultura mundial. Múltiples veces no reconocida por los hombres en detrimento de la mujer. Es hora de que la mujer se incorpore totalmente en la sociedad en todos sus ámbitos, no separada, al contrario, junto a los hombres de igual a igual y sin fisuras.
    Le felicito y le pediría que este artículo fuera más extenso. Me ha parecido algo corto para lo extensa y prolija que es usted habitualmente. Gracias

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